CRÓNICA | POR LUIS CARLOS VALDÉS DE LEÓN

Las muñequitas del café…

Rita y Yoselín venden café y tamales en el Mercado Abastos de Torreón

Los piropos de quienes se acercan a comprar, ya no les intimida, a muchos de ellos ya los conocen.

Rita y Yoselín.
Rita y Yoselín. (Manuel Guadarrama)

Torreón, Coahuila

El trabajo y desgaste para un estibador es importante, por ello, entre carga y descarga, siempre un tamal, un burrito y un vaso de canela o café caliente a las seis de la mañana es bueno.

Que mejor que de la mano de dos hermanas, que desde las tres de la mañana, todos los días junto con su mamá, inician su jornada preparando lo necesario para iniciar la venta del día.

Esquivando los diablitos cargados de verdura, cargadores con costal o cajas al hombro, saliendo de tráileres y bodegas, los silbidos de los estibadores abren paso a Rita de 19 años y Yoselín de 18 años, con su propio diablito, cargan hileras y grandes termos ofreciendo sus productos.

Los piropos de quienes se acercan a comprar, ya no les intimida, a muchos de ellos ya los conocen, incluso tienen su cuaderno con la lista de a quienes les venden a crédito. "Todo se vende muy bien", sonríen. El vasito de canela caliente se compra a cinco pesos. Los tamales a siete pesos cada uno, hay de dulce, rajas y rojo, mientras que los burritos se dan a seis pesos.

"Permiso, pásele, pásele, ahí va el agua", eran los gritos que lanzaban los allí presentes entre pasillos y bodegas. "Páseme dos de rojo y uno de canela", pidió uno de los estibadores a lo lejos. Rita se apresuró a atender el pedido mientras que Yoselín entregaba otro pedido de tamales. "Se vende muy bien en todos lados, siempre nos compran los muchachos", asegura Rita.

"Nos levantamos desde las tres de la mañana en que empezamos a preparar todo y a las cinco y media ya estamos aquí vendiendo, hasta las diez de la mañana. La realidad es que no está pesado y al terminar compramos todas las cosas para preparar lo del día siguiente".

Señalan que las fiestas no forman parte cotidiana de sus vidas, prefieren trabajar, aunque para ello tengan que sacrificar muchas actividades propias de su juventud.