Trabajo del forense ocurre 90% con gente viva

Desde hace 32 años se dedica a esta actividad el el doctor Ernesto Posadas Núñez, coordinador del Servicio Médico Forense de la Delegación Laguna Uno de la PGJE Coahuila.

Torreón, Coahuila

Desde hace 32 años que practica la medicina forense, el doctor Ernesto Posadas Núñez, coordinador del Servicio Médico Forense de la Delegación Laguna Uno de la Procuraduría General de Justicia.

Reflexiona sobre su contacto permanente con la muerte por su profesión y asegura que existen eventos con los que nunca se va a acostumbrar como el fallecimiento de menores, de mujeres asesinadas en manos de sus parejas y se dice convencido de que un médico nunca debe perder la sensibilidad ante el dolor de los familiares.

"Pienso que en algunas ocasiones la vida es injusta, pues en ocasiones me ha tocado el fallecimiento de un feto a consecuencia del aborto, niños tirados, cuando el menor no estaba enfermo".

Comenta que la Ley General de Salud establece que un cadáver tiene derechos y se le debe de tratar con dignidad, desde que se realiza el levantamiento hasta que se entrega a los familiares.

"La gente tiene una idea errónea de que nuestro trabajo es atender sólo a los muertos y no es así, ocurre que el 90 por ciento del trabajo es con gente viva, el resto son necropsias. Atendemos lesionados, violaciones, agresión física, dictámenes de toxicología, dictámenes de responsabilidad profesional. La gente por lo común ubica el servicio médico forense con la necrología, cuando es el servicio más pequeño", señala.

A la semana se realizan de 150 a 200 servicios, de los cuales van de diez a quince necropsias. No existe un médico -dice-, que no tenga el contacto con la vida y la muerte.

"Todos en un momento nos enfrentamos aunque sí nosotros, por la especialización más, aunque tenemos menos contacto de lo que la ciudadanía se puede imaginar puesto que aquí somos varios médicos y en ocasiones duramos hasta cuatro o cinco días sin que se nos presente una.

Sin embargo comenta que la gente pudiera pensar que los médicos forenses no tienen capacidad de asombro, de afectación emocional cuando se encuentra con el cadáver de un niño por ejemplo atropellado.

"Sí conmueve claro, aunque en la teoría diga que el médico se acostumbra, en la práctica dice que no es cierto, puesto que existen escenas a las que no se termina de acostumbrar, si bien no se desestabiliza emocionalmente tanto, pero por supuesto que el médico no se acostumbra, un médico que ha perdido la sensibilidad debería de renunciar a la profesión".

“La gente tiene una idea errónea de que nuestro trabajo es atender sólo a los muertos y no es así, ocurre que el 90 por ciento del trabajo es con gente viva".

Ha perdido la cuenta de la cantidad de necropsias que ha realizado durante su vida e intenta recordar alguna escena que le haya impactado y no particulariza, sino reitera que se trata de los decesos de los menores por maltrato que sí se han registrado.

Además considera que existen muertes que sí se pueden evitar y también señala que cuando una mujer fallece en manos de una pareja es duro aceptarlo.

"Pienso que en algunas ocasiones la vida es injusta, pues en ocasiones me ha tocado el fallecimiento de un feto a consecuencia del aborto, niños tirados, cuando el menor no estaba enfermo, en apariencia se veía muy sano, completo, bonito y luego se escuchan casos de mujeres que gastan lo que no tienen por iniciar un proceso de fertilización artificial".

Finalmente señala el entrevistado que entre más jóvenes sean y más inesperada sea la muerte, es cuando deriva en un mayor impacto en el seno familiar y más difícil de superar.