Mátame, pero no me dejes

Nati abrió la puerta y al verla exclamó: Ay, no, otra vez: ¿ahora qué te pasó? El ojo derecho de Loli con derrame y amoratado; marcas en el cuello, la blusa desgarrada y el resto de la ropa como ...
Mátame, pero no me dejes.
Mátame, pero no me dejes. (Arturo Fonseca)

México

En el patio, Juanita y Benja juegan con las bicicletas que les trajeron los Reyes Magos. Loli se deja arropar por los brazos de Nati. Entrega las llaves del vocho destartalado con el que se traslada a la panificadora. Comienza a desnudarse. El sostén se desploma: los tirantes reventados. Los botones y el zíper del pantalón, inservibles. Los moretes y arañazos lucen en costillas y piernas.

Ay, no, no, no me digas que fue otra vez ese desgraciado: ¿cómo es posible que te haga ésto, si es el padre de tu hijo? Nati conoce a Loli desde pequeña. Cuando llegó a la colonia, Meliaya vivía con Berto, quien llegaba con sus tragos encima. Los vecinos sabían que habría jaleo.

Cristales rotos, gritos, lamentos, mentadas de madre; por último, el motor del vocho traqueteaba; desencajada, Melia al volante y Loli (el rostro lacrimoso) gritando por la ventanilla que ella quería quedarse con su papá, y Berto gritando, haciendo bocina con las manos: Puta, putaaaa, hasta que el auto torcía hacia el panteón y se perdía entre las calles lodosas. Berto entraba y volvía con una bolsa llena de envases de cerveza, rumbo a la tienda. De la secun, Loli salió embarazada.

¿Cómo puedes permitirlo, Loli? Un día te va a matar, ¿qué no aprendes? Melia tuvo el valor de irse. Le da vuelo a la hilacha, dice que si tiene ganas busca con quien y se quita la comezón. Hasta ahí. Denúncialo, dice Nati, mientras limpia el rostro de Loli y aplica agua oxigenada en raspones y moretes.

Ese ojo se pondrán egro, ¿cómo irás al trabajo? Consígueme una receta con el doctor, al fin que es tu amigo. Eso no soluciona nada, y me llevas entre las patas: si te quedas, no te pagan el día, ni tú a mi; vístete y vamos a denunciarlo. Ay, Nati: no quiero hacerle daño: capaz y nos quitan el trabajo; además, es el papá del Benja… ¿Y qué con eso? Más a mi favor, quiere madrearte cada que le da la gana.

Loli estacionó el vocho y corrió hasta el reloj checador. A tiempo. Sonrió y respiró profundo. Enfiló rumbo al almacén. Josué le dio alcancé. Ya te vi, amiguita, espera: hazme un favor. Vente y dime, porque mi camión está listo desde anoche y tengo que empezar el reparto. Préstame tu vocho tantito; mi mamá está internada en el hospital, no me tardo; te repongo la gas…

Nati buscaba trabajo. Se juntaron el hambre y las ganas de comer. Su vecina, La Osa, le pasó el tip: Loli sube a chofer repartidora; necesita quien lleve a sus hijos a la escuela. Fue a verla. ¿Sí me ayudas? De 7 de la mañana a 5 de la tarde. Aquí desayunan y comen. Te doy 70 pesos diarios, no tengo más. Pues va, mientras encuentro otra cosa, Loli. Bueno, pero me avisas para buscar quién atienda a mis hijos.

Loli maniobra en el patio, que luce vacío. Con las lluvias el tráfico se puso denso. A punto de bajar del camión repartidor advierte la presencia de Élmer, su ex marido. No hay nadie más. Lo saluda efusiva, ¿qué te has hecho, cómo te ha ido? Un puñetazo en el estómago la deja sin aire. Otro le nubla la vista. Boquea, jala aire. Elmer la arrincona entre un camión y otro y la pared y siente un beso que es mordida y escucha que le dice: otra vez de puta, ¿eh? ¡Otra vez de puta arrastrada, ¿eh?! Estrella las rodillas contra sus piernas, le jala la blusa, estruja sus senos, ¿esto es lo que quieres, eh? Mete la diestra entre sus piernas, bajo la pantaleta, siente que algo la desgarra, ¿así o quieres algo más pesado, eh? Ese wey ya tiene coche, ¿eh? Ahí te has de revolcar con él, pero mira, siente: esto quieres, ¿eh? Logra zafarse; él la toma por los cabellos y la obliga a hincarse: a ver, quieres tu pan integral con lechita, ¿eh? ¿Por qué se llevó el carro ese puto? ¿Qué: así le pagas el pan? Igualita a tu madre, hija de la chingada, pero te voy a quitar a mi hijo, puta...

Estás mal, estás mal, balbucea ella. La levanta jalando de los cabellos, la besa, la estruja, le pide perdón, le reclama que se porte mal, que así no irá a ningún lado. Loli aún no entiende qué sucede, intenta decir algo: qué tiene el coche, es mío, me pidieron de favor que… Élmer le tapa boca y nariz, le tuerce los brazos hacia la espalda, la inmoviliza y estrella la rodilla contra su pelvis, ¿esto quieres, eh; que te tallen, que te mojes, eh?

Yo creo que todavía me quiere, Nati, ¿cómo voy a meterlo a la cárcel? Nati levanta manos y mirada al cielo; escarba entre los medicamentos del botiquín. Qué te va a querer, si ni para los gastos del chamaco te da, ¿con qué derecho se mete en su vida; para eso se separaron? Y aunque siguieran juntos, esa vida de golpizas no es vida, ¿qué tienes en la cabeza, qué no ves que eso fue violación? Encuentra el pequeño frasco. No me hizo nada. Ay hijita: mira cómo te desgarró la verija; cómo te dejó las chichis. Encontré la pomada de árnica, sóbate, vamos y levantas una demanda o nunca entenderá, Loli, no seas pendeja.

Loli se ajusta los pantalones, acomoda los cabellos, se sienta junto a él, entre los camiones, intenta explicarle que la mamá de Josué… La mano quedó estampada en su mejilla. Ese wey no tiene madre, ni tú. La derriba sobre el piso, intenta bajarle el pantalón, ¿ésto es lo que quieres, eh: ésto? Loli empuja con fuerza y él cae de espalda y mientras se endereza Loli corre hasta el reloj checador, se alisa el pelo y voltea a ver si alguien la sigue: Élmer, como si nada, sale de entre los camiones…

Que encienda, que encienda… Josué dejó las llaves bajo el tapete. Gira repetidas veces el switch hasta que el vocho vibra y arranca. Élmer sigue de pie, recargado en uno de los camiones. Fuma. Entre dientes balbucea: bien que te gusta, pero ya verás, a ver si con esta joda escarmientas. Loli enfila por la autopista Texcoco-Lechería. El corazón desbocado tiende a estabilizarse. Es eterno el retorno a casa. Llora.

Cómo decirte, Loli: ayudo bastante, nomás no abandones a los niños, dedícales un ratito aunque sea, no basta comprarles todo lo que piden; ya cumplí con supervisar las tareas, salieron a jugar, tú orientarlos, corrige hábitos: aunque sea un ratito juega con ellos, ya ves cómo te reclaman. Y piensa qué harás con ese cabrón, no te va a dejar ni a sol ni a sombra. Y a qué hora, Nati: no sé qué haría si dejaras de apoyarme.

Te ayudo si te ayudas. Es que pienso que me quiere todavía. Ay sí: mátame pero no me dejes: cómo eres taruga; tienes a tus hijos, una vida por delante. ¡Pero si no hice nada, pues aunque hicieras: con qué derecho se mete en tu vida; por qué te maltrata: ni aunque te mantuviera, mi hijita! Piénsalo y te acompaño. Y ponte fomentos de agua caliente con sal para que se bajen los moretes o ni el lunes irás a trabajar. Le avisaré a tu mamá: un día aparecerás muerta; siquiera que sepa por qué. Meto a los niños y me voy, que todavía tengo que hacer la cena, y ya es noche. Piénsalo.

* Escritor. Cronista de "Neza".