Maryfer y el cáncer, lucha entre la pobreza y la esperanza

La pequeña de cinco años padece leucemia y su humilde familia ha tenido que pasar terribles momentos en lo económico.

Pachuca

Era febrero del año pasado. Nelly Espinoza y Leonardo Cisneros, un joven matrimonio residente en Calnali, a cinco horas de Pachuca, vivían en un hogar humilde pero lleno de alegría. Su hija María Fernanda tenía cuatro años de edad y Nelly casi tres meses de embarazo. Estaba la nueva esperanza de su segundo bebé, un varón.

Fue entonces cuando Fernandita empezó a presentar los primeros síntomas: fiebres persistentes. Para marzo ya tenía ganglios en todo el cuerpo, principalmente en la cabeza. Su color cambió, una palidez intensa la alcanzó incluso en las encías, al grado de que eran muy visibles sus venas por doquier.

Nelly y Leonardo la llevaron al médico en Zacualtipán, quien recomendó hasta tres estudios de laboratorio que salieron “muy anormales”. En el último la alarma fue inminente y el galeno prescribió transfusiones sanguíneas y le aplicó inyecciones que contenían esteroides. A la larga, este médico les hizo firmar un documento donde lo deslindaba de cualquier responsabilidad.

Preocupados, el tres de mayo llegaron a una pequeña casa de interés social que les prestaron al sur de Pachuca. El calvario comenzó. Fernandita, internada en el Hospital del Niño, recibió tres transfusiones. La humilde familia estaba ahora en un lugar extraño y Leonardo sin empleo. Los estudios siguieron uno tras otro y los doctores ya sospechaban lo peor, sin embargo los aspirados de médula ósea durante tres meses no arrojaron resultados definitivos por los esteroides que la niña había recibido.

La desigual batalla continuaba, las dificultades se acumularon y la situación se tornó crítica. “Mi esposa, embarazada, se me puso mala. Tuve que internarla también. Mi suegra se quedaba con la niña y yo con mi esposa, pues no podía estar en las dos partes a la vez. Fueron muchísimos gastos y ahora estamos en nada”, cuenta Leonardo con la voz quebrada.

Luego del último estudio a Fernandita, les dieron la terrible noticia: se trataba de leucemia linfoblástica aguda. Cáncer en la sangre. Y por esos días nació el nuevo bebé, al que llamaron Leonardo, igual que su padre, herrero y carpintero de oficio.

Solo tenían el amparo del Seguro Popular y con base en ello la menor recibía tratamiento. Pero la atención médica era exclusivamente por la leucemia, y desde la primera vez que la pequeña fue internada por otras enfermedades derivadas (por ejemplo, la semana pasada estuvo hospitalizada por neumonía) el seguro no los cubrió.

Un nuevo golpe

Al intensificarse los estragos económicos del tratamiento, decidieron deshacerse de lo único que les quedaba: una camioneta que tiempo atrás habían comprado con mucho esfuerzo y con la intensión de “ponerla a trabajar” en encargos de herrería. Lo que obtuvieran por la venta sería lo que ahora los sacaría adelante. Y le pusieron precio a la Explorer 2011. Era una pick up color plata placas HH 14 198.

Sus necesidades seguían acumulándose hasta que un día alguien se interesó, una tal Ana María Guerrero García. Les ofreció una cantidad menor a la que solicitaban y ellos se vieron obligados a aceptar. La mujer recogió las llaves y se marchó dejándoles un cheque por 80 mil pesos. Cuando fueron a canjearlo les informaron que había sido cancelado.

El fraude fue asentado en el acta 12/DAP/R/ II /2430/2013. “Pero hemos ido a preguntar y sólo nos dicen que el asunto ya está archivado”, explican con amargura Nelly y Leonardo. Y siguieron ahora más cuestarriba, en la lucha por su hija.

“Es muy difícil para nosotros conseguir su medicamento. Todo es muy caro y nosotros vamos al día. Trabajo y aparte he metido muchas solicitudes de empleo… pero es desesperante que a veces sólo haya trabajo en algún lugar lejano y tendría que dejar sola a mi esposa con el bebé atendiendo a mi hija. Nelly y yo hemos tenido muchos problemas por lo económico, pero con lo poco que gano trato de comprar lo más indispensable”.

Gente de buen corazón

Leonardo trataba de sortear la situación. Cuenta que Fernanda había estado internada en el hospital y un día, al volver del trabajo, se encontró con que la niña ya estaba nuevamente en el hogar. Pero Nelly, con Leonardito en brazos, lo recibió con la mala noticia de que los médicos habían pedido, de nuevo, más medicamentos. Era media semana y él no tenía ni un peso en la bolsa. No había ni siquiera para comer.

Entonces recordó el apoyo ofrecido por uno de sus compañeros de trabajo, Rigo, que con su esposa Sarah conocían de la situación. Venciendo “la pena”, recurrió a ellos y la señora empezó a buscar a gente que, como ellos, tienen la voluntad de ver por los demás. Ahora junto con vecinos han llevado algo de despensa e incluso están ofreciendo tratamientos de belleza y hasta han vendido golosinas en la banqueta para recaudar fondos.

De ahí vino el contacto con Vianney, una joven que tiene buena amistad con la barra de aficionados del Pachuca, algunos de cuyos miembros también se han acercado. Las redes sociales han sido fundamentales en esta noble labor: mediante Facebook se debe agregar a Vianney García o Sarah Domínguez. Ahí y en los teléfonos 771 236 7579 y 775 108 41 07 explican otras formas de ayudar. También se pueden hacer donativos a través de la cuenta de Banamex 4766 8400 5986 8492, a nombre de Nelly Espinoza, la mamá de la pequeña.

Ahora están organizando la subasta de un balón autografiado por muchos jugadores destacados del Club Pachuca, como el legendario guardameta Miguel Calero. Su firma está ahí y en una gorra y un jersey que le pertenecieron, y que también ofrecen los voluntarios para ayudar a Maryfer, la pequeña de cinco años cuya vida dio un vuelco, y cuyo bienestar, en lo que cabe y temporalmente, depende de la buena voluntad de los demás.