María Félix, el mito perdurable

A 100 años del nacimiento de la legendaria actriz mexicana, estos trazos rememoran su férrea voluntad y encanto irresistible, su carácter explosivo y dominador.
La legendaria actriz María Félix.
La legendaria actriz María Félix. (Imcine/RTC)

México

La historia de mi vida parece inventada porque me han sucedido cosas fabulosas”, dice La Doña en el primer capítulo de su autobiografía María Félix: todas mis guerras (Editorial Clío, 1993). Y a unos días de su centenario todavía hay hechos alrededor de su figura que parecen más alegóricos que reales: mientras la Cineteca Nacional le prepara un homenaje, su casa de Hegel 610, construida por Alexandre Berger en 1956, ha sido demolida.

Afuera del inmueble hay un tráiler de plataforma que transporta atados de varilla de acero. Trabajadores, con cascos amarillos y chalecos color naranja, descargan el material. “Llegamos aquí y el terreno ya estaba limpio, sin cascajo. Todavía no sabemos lo que se va a construir”, dice el jefe de obra.

En uno de los muros de tablones que flanquea el terreno están atajas con cuerda un par de lonas blancas. En la primera se lee: “Delegación Miguel Hidalgo. Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda. Licencia de construcción especial demolición. No. de folio: FMH-120-2013. Fecha de expedición: 31 de diciembre de 2013. Fecha de vencimiento: 31 de marzo de 2014”. Según los vecinos, la semana pasada los trabajadores sacaron el cascajo a marchas forzadas. “Me habían dicho que Televisa iba a construir un museo, pero por los cimientos tan profundos creo que van a levantar un edificio de departamentos”, dice el doctor Rafael Cervantes, quien ha vivido en la colonia los últimos 36 años. Y agrega: “Tuve la oportunidad de entrar a su casa dos veces. Una vez la atendí por un problema intestinal y en otra ocasión por una molestia en sus articulaciones. Recuerdo que entrar a su casa era como trasladarte a otra época”.

La última residencia de La Doña hay que reconstruirla en la imaginación, sustituyendo el socavón y las paredes desnudas por lo que atesoró en su interior: el tapiz y las cortinas pintados a mano en Lyon, la cabecera de plata diseñada por Diego Rivera, las pinturas de Antoine Tzapoff, un jarrón de porcelana Jacob Petit y el collar de rubíes que le obsequió Jorge Negrete. María Félix murió en esta casa el 8 de abril de 2002, el mismo día de su nacimiento. Tenía 88 años.

***

María Félix se encargó de construir su propio mito con cimientos fuertes y sólidos. “Fue una actriz que perteneció a esa categoría de actores que se transforman en personajes de sí mismos”, dijo Octavio Paz.

“Hay una diferencia entre los mitos de ayer y los de hoy: la ninfa se convierte en constelación por voluntad de Zeus mientras la María Félix que todos conocemos es el resultado de lo que hizo con ella misma, con su cuerpo y con su cara, con su alma y con su vida, una muchacha de la clase media mexicana. (…) María Félix nació dos veces: sus padres la engendraron y ella, después, se inventó a sí misma”, escribió Paz en la introducción del libro María Félix, una selección de fotografías de la colección de Enrique Álvarez Félix.

María de los Ángeles Félix Güereña nació en Álamos, Sonora, el 8 de abril de 1914. Creció a caballo entre el rancho de sus abuelos, ubicado en un pueblo llamado El Quiriego, y la casa de sus padres Bernardo Félix y Josefina Güereña, en Álamos.

Tuvo 11 hermanos: Josefina, María de la Paz, Pablo, Bernardo, Miguel, María Mercedes, Fernando, Victoria Eugenia, Ricardo, Benjamín y María del Sacramento. Fue una niña inquieta que se la pasaba jugando con sus hermanos varones, corriendo por una casa grande, de tres patios, horno de ladrillo y recámaras de techo alto.

En aquella época, sin pretenderlo, sus padres le inocularon el virus de la actuación: “Mi papá tenía por costumbre sentarnos a la mesa y reprendernos por cualquier travesura con su vozarrón de ogro. Esos regaños le molestaban a mamá, pero no tenía valor para criticarlo. Entonces me llamaba a recibir instrucciones, como si me pusiera un papel de teatro: ‘Mira, ve con tu papá y le dices esto y lo otro como si fuera cosa tuya, pero no le digas que yo te mandé’, y ponía la reclamación por escrito”, cuenta en su referida autobiografía, fruto de las conversaciones que sostuvo con Enrique Krauze, y que Enrique Serna transcribió y editó. Su madre, confiesa, una vez le dijo: “Si te dan un puñetazo, tú devuelve dos”. Y ella hizo de esa frase un modo de vida.

En la filmación de su primera película, El peñón de las ánimas (1942), María Félix tuvo un altercado con el director Miguel Zacarías. Tres días antes de empezar la filmación, Zacarías, quien la juzgaba como una mujer orgullosa y arrogante, le dijo que una actriz debía ponerse de rodillas ante su director. Estaban en el departamento de La Doña ensayando una escena en la que ella se tenía que hincar y rezar en un cementerio. Ella se negó a hincarse frente a él. Le dijo que solo lo haría frente a una cámara.

Zacarías explotó:

—¡Como que no! —le gritó— ¡Te hincas aquí delante de mí! Yo te voy a domesticar. ¿Te crees mucho por ser bonita? Pues ¡al diablo con tu hermosura! ¡De rodillas!

—Primero muerta que arrodillada —respondió La Doña y corrió de su departamento a Zacarías. La cinta se filmó en un ambiente sumamente tenso.

Un año después aparecería en Doña Bárbara (1943), adaptación de la novela homónima de Rómulo Gallegos. Fernando de Fuentes, el director de la película, temía que la novatez de Félix le jugara en contra. No fue así. A dicha película, María Félix le debe el apodo con el que el público la inmortalizó: La Doña.

Tres años después, cambió el vestido por el reboso cuando conoció a Emilio Fernández y a Gabriel Figueroa. Su primera película juntos fue Enamorada (1946). El Indio Fernández tenía fama de insultar a mansalva. La Doña le advirtió antes de firmar el contrato: “A la primera que me hagas, me voy a mi casa”. No tuvieron ni un solo altercado.

María Félix hizo 47 películas a lo largo de su carrera. Actuó al lado de Pedro Armendáriz, Yves Montand, Vittorio Gassman, Curt Jurgens, Fernando Rey, Jack Palance, Arturo de Córdova, Jorge Negrete y Pedro Infante. Y filmó con los más destacados directores de cine de la Época de Oro: Fernando de Fuentes, Julio Bracho, Roberto Gavaldón, Ismael Rodríguez, Emilio El Indio Fernández y Luis Buñuel.

***

En la pubertad, María Félix lanzó una frase premonitoria mientras escuchaba las canciones de Agustín Lara en el programa La Hora Azul de la XEW: “Con este hombre me voy a casar”.

En una ocasión, María Félix entró al bar California, ubicado en Reforma, con la intención de hablar por teléfono. En la caseta telefónica estaba un hombre delgado, que frisaba los 50 años de edad. Ella, impaciente, le tocó el vidrio para que el hombre se apurara. De pronto, la puerta de la caseta se abrió y de ahí brotó la voz Lara.

—¿Y usted quién es? —le preguntó.

Félix, sorprendida, le contestó.

—Y a usted qué le importa. Soy quien soy y qué.

Años después, el actor Tim Novaro los presentaría. Así inició una relación tan intensa como tormentosa en la que hubo, incluso, un intento de asesinato: una vez Agustín Lara le disparó, pero, por fortuna, la bala no dio en el blanco. Su relación quedaría inmortalizada por la canción que Agustín Lara le compuso, de la cual Octavio Paz escribió: “Hay una canción famosa que lleva su nombre: ‘María bonita’. Pero María no es bonita: es bella”.

María Félix tuvo cuatro esposos: Enrique Álvarez, Agustín Lara, Jorge Negrete y Alex Berger, además de una prolongada relación con el pintor francés Antoine Tzapoff, con quien vivió sus últimos años en la casa de Hegel 610.

***

Las palabras que María Félix escribió sobre Greta Garbo en su autobiografía, a la luz de su centenario, como en un juego de espejos, bien pueden aplicarse a ella misma: “A Greta Garbo la adoré desde mi adolescencia. Me gustaba su personalidad y me gustaba físicamente. Tal vez por eso no me atreví a hablar con la Garbo, para que no se me derrumbara el mito”.