María Félix Nava, una abuela de 115 años

Esta zacatecana vivió la Revolución y la guerra Cristera. Hace casi cinco décadas se avecindó en Guadalajara, y desde hace un cuarto de siglo vive en Tlaquepaque.
Mariquita quedó huérfana a los 7 años de edad
Mariquita quedó huérfana a los 7 años de edad (Nacho Reyes)

Guadalajara

María Félix Nava lleva el nombre de la diva del cine mexicano famosa por su belleza. El rostro moreno surcado de arrugas de esta María también es hermoso. Refleja paz, pese a los tiempos difíciles que pasó, y su mirada infinita ternura, la cual continúa prodigando en bendiciones dedicadas a quien charla con ella. Habla de su vida. “Yo bonita, qué va”, suelta con una gran sonrisa.
Hace un mes cumplió 115 años de edad. Nació el 20 de julio de 1900, según consta en un acta de nacimiento que le expidió el gobierno de Tlaquepaque en el 2000 (la suya se perdió en la Revolución). Ya casi no ve, pero su menuda figura, se mantiene erguida y su mente suficientemente lúcida. Aclara la coincidencia de nombre con la altiva artista: Félix era el apellido de su padre y “así me tenía que llamar”. Si bien, el destino no la llevó por los caminos glamurosos de la otra. Su infancia fue dura.
“Todavía me acuerdo cuando era chiquilla, cuando quedé sin nada. Yo me crié sola como un perrito en la calle… no tenía abuelitos, no tenía tíos, no tenía nada. No conocí por parte de mi padre familia ni por mi madre. Tenía siete años cuando quedé huérfana”, dice Mariquita, como la llaman de cariño. Dormía donde podía y deambulaba en la ranchería de Laguna Grande, Monte Escobedo, en su natal Zacatecas, donde pegó la fiebre amarilla tanto como el hambre. La niña se arrimaba a las casas a que le dieran quehaceres a cambio de algo para saciar su estómago. A veces no recibía ni un jarrito de agua.
“Mi comida eran nopalitos, verdolagas, quelites, madroño, ya después cuando sacaban, biznaga... Y me echaba dos gorditas en un comal”, cuenta. La fiebre acabó. Luego empezó la Revolución, un calvario que escupe en dos frases. “¡Ésos gorrudos malos!… Uno se escondía cuando había balazos, yo me acomodaba en un rinconcito para que no me pegaran… Lo que yo sufrí no fue poca cosa”.
Los años pasaron. María se hizo mujer. Se casó a los 22 años y a los 23 parió al primero de sus diez hijos, de los cuales ya ha tenido que enterrar a seis. Asegura que junto a su marido vivió la mejor época. “Nunca me mortificó, nunca me golpeó… pobres pero contentos”, afirma. También presume a sus suegros “para mí fueron mis padres… éramos muy felices”. Su esposo murió cuando ella llegó a los ochenta y tantos. “Quedé sola de vuelta”, suspira.
Mariquita tiene 20 nietos, 53 bisnietos y 23 tataranietos. Está agradecida, pero reconoce que es duro rebasar el siglo: “Viera cómo pesan los años, pesan mucho... Ya ciega, ya sorda ya chueca, pues se me hace pesado ya no trabajar como yo podía, lavar, planchar… No sufro porque tengo a mi hija Cuquita, gracias a Dios”. Con ella, la menor de sus diez vástagos y alguno de sus nietos vive en la humilde vivienda de Lomas del Tapatío, desde hace unos 25 años.
Ahora toma sopa, leche “y caldo cuando hay”. Usa pañales. Y lava su ropa ella misma, como puede, porque es su gusto. Tiene puesto el corazón en Tlaquepaque, donde adivina pasará sus últimos días, si no la echan de su casa ahora hipotecada... Mariquita, María, la María Félix de 115 años. Hoy, la mujer más longeva de Jalisco.