El Mar de Cortés, al rescate de un acuario del planeta

Crece la conciencia ambiental entre los pescadores; planeación y áreas protegidas, parte de las respuestas al desafío de conservar.

Bahía de Kino, Sonora

Leopoldo Encinas Bracamontes llegó a la Bahía de Kino desde su natal Hermosillo, hace 36 años. Eran tiempos de prosperidad: el joven vigoroso era bueno para nadar en las frescas aguas del mar de Cortés, por lo que se hizo buzo, un oficio peligroso pero que entonces remuneraba: asegura que en algunas jornadas logró capturar arriba de media tonelada de langostas, un crustáceo altamente valorado en las mesas de los señores de este mundo.

Hoy sufre para sacar 20 kilogramos. Todo ha cambiado.

“La verdad, éramos muy depredadores; yo creo que hicieron muy bien los conservacionistas en buscarnos para establecer estos proyectos de desarrollo sustentable; ahora protegemos lo que antes destruimos, es la gran diferencia”, señala el pescador, el más veterano de cuantos integran el Cuerpo de Monitoreo Submarino y Análisis de Cambio Climático que existe en la zona, bajo el patrocinio de diversas instituciones científicas y ecologistas que buscan rescatar la legendaria productividad de este enorme piélago cuya riqueza biológica se lucha por sostener.

“Cuando llegaron a capacitarnos, para mí fue muy importante aprender la gran cantidad de especies que existen aquí y cómo están relacionadas; ahora veo el mundo marino de otra manera, antes íbamos y a agarrar todo lo que se podía, pero ahora es diferente, estamos haciendo lo mismo, es decir, buceando, pero monitoreamos especies muy diferentes a las que agarrábamos; también te vas metiendo y te vas dando cuenta de que con tanto abuso no dejábamos ni un guardadito para mañana, para que lo vieran tus hijos y tuvieran algo qué sacar para comer”, añade autocrítico.

Hay una queja recurrente entre los habitantes y entre la gran cantidad de investigadores que desde diversas disciplinas estudian estas aguas del golfo de California: los periodistas van a hablar de lo mal que están las cosas, del desastre que se está gestando por el modelo mal planeado y sustentado de la pesca mexicana, que es también, en buena medida, mundial. Pero poco se habla de los esfuerzos sostenidos, que ya empiezan a dar resultados, para recuperar pesquerías específicas o regiones enteras con sus complejos ecosistemas donde tierra y mar, desierto y océano, coexisten.

Por eso, Pedro Zapata, del Environmental Defense Fund, pone atención en lo que denomina “historias de éxito” ligadas a esos procesos de cambio, algo así como profundizar en los recuentos de los procesos colectivos similares a los que vivió en lo personal don Leopoldo.

Esas historias nos dicen que a partir de 2000, comenzó el reconocimiento a las pesquerías bien organizadas, once en total, para especies como la langosta, el zargazo, el erizo y el abulón, en la zona de Baja California Centro-Pacífico, donde los estándares han sido un desarrollo de bajo impacto, sin excesos. Esto demuestra que las historias de manejo adecuado sí existen, y no fue casualidad que desde 2004 se hubiera certificado la pesquería ribereña de langosta roja en Isla Cedros y Laguna de San Ignacio, Baja California Sur (tan no fue casualidad que en 2009 volvió a pasar la prueba de la certificación).

Un segundo ejemplo es la red de refugios pesqueros que se ha establecido en la ecorregión. Es un trabajo sistemático con más de seis años también en Baja California Sur, entre la bahía de Loreto y el puerto de La Paz; se trata de zonas poco alteradas donde se da una pesca tradicional. Los hombres del mar decidieron permitir que once zonas quedaran excluidas de aprovechamientos por cinco años. En 2012, la red fue decretada por el gobierno federal.

En esta red de hace trabajo de monitoreo de especies y hábitats por 30 pescadores; la red se estableció bajo diversos criterios: que fueran zonas de pesca, que tuvieran procesos ecológicos relevantes, con hábitats significativos, que incluyeran zonas de arrecifes y piedras (donde se sabe, funcionan refugios naturales de individuos juveniles), y donde el compromiso de respeto de los explotadores fuera completo, y de vigilancia factible.

Es importante anotar que estos sitios de refugio apenas ocupan 3 por ciento de la zona de explotación total.

Una tercera experiencia notable son las áreas naturales protegidas (ANP) marinas o marino-terrestres. Balandra, la última playa pública de La Paz, es un ejemplo. Otro es el parque marino de la bahía de Loreto, donde una cooperativa de mujeres aprovecha de forma sostenida peces de ornato.

El sistema nacional de ANP registra en la enorme demarcación que abarca los estados de Baja California, Baja California Sur, Sonora, Sinaloa y Nayarit (y la bahía de Banderas en Jalisco, como límite sur) gran cantidad de parques, reservas de la biosfera, áreas de protección de flora y fauna y sitios Ramsar.

La propia Bahía de Kino, en Sonora, es otro ejemplo de caso exitoso. Aunque como todos los procesos sociales y económicos, se trata de logros frágiles si el compromiso de los habitantes no se sostiene en el tiempo. Aquí los buzos hacen monitoreo y también extraen, de forma moderada, especímenes comerciales. Hay una vigilancia que tiende a evitar los saqueos. Al norte, la Isla Tiburón, la mayor de México, es santuario de los indios seris (konkaak), celosos guardianes de sus tesoros en recuperación.

Don Leopoldo hace referencia, justamente, a la célebre pesca de escualos, que era una tradición que atraía a moradores de las costas desde muy al sur. “Había muchísimos tiburones, íbamos a las islas y buceábamos siempre con el temor, volteando de reojo para no saliera uno por ahí; también me tocó agarrar tortugas grandísimas, animales que uno ya no ve”.

— ¿No era un riesgo cazar tiburones?

— No, porque cada trabajo tiene su método para pescar; los pescaban con chinchorro (dice Wikipedia: “Una serie de hilos, tejidos y amarrados a una relinga superior o de flotadores y a una relinga inferior de plomos, que se emplea para capturar peces”. Pueden ser de cáñamo o nailon); me tocó ver que trabajaban el tiburón en pangas que venían de Chiapas, allá en la Isla Tiburón cada panga llegaba con 60 o 70 tiburones grandes, los ponían en la orilla de la playa, y ahí mismo les quitaban la piel, las aletas y la carne… ahora ya tiene muchos años que ya no vienen a pescar, como con otras especies, no les es redituable un viaje tan largo para tan poco.

Don Leopoldo Encinas señala que los enemigos que permanecen son los camaroneros de Sinaloa, y sus redes de arrastre. “Se llevan todo, y lo que no les sirve, lo arrojan muerto al mar; imagínese”, dice como incrédulo; será el tamaño de la lucha que a los conservacionistas, como ya es él —viejo Saulo “perseguidor de cristianos”—, todavía deberán librar.

900 ISLAS

El mar de Cortés tiene más de 900 islas e islotes; “se descubrió la importancia que tenían para las aves marinas y migratorias, en estas islas habitan especies que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta, algunas viven solamente en una isla, es decir, son especies que se llaman endémicas, y por ello en 1978 la porción terrestre de todas las Islas del Golfo de California  fueron decretadas como un área natural protegida, con el fin de conservar estas especies, como el tesoro que son no sólo para las y los mexicanos de ese tiempo, sino para futuras generaciones”, señala una publicación de la Semarnat.

La microrregión prioritaria es la llamada Región de las Grandes Islas (RGI), “reconocida a nivel mundial como Las Galápagos del Hemisferio Norte”,  en el norte del golfo. Además, “la mayor de la pesca ribereña y deportiva se desarrolla en los arrecifes rocosos costeros, los cuales abarcan gran parte de las costas de
Baja California y Sonora, y alrededor de las 45 islas e islotes de la región”.

:CLAVES

LOS DATOS

El mar de Cortés o Golfo de California fue descubierto para el mundo europeo por los soldados de Hernán Cortés en el decenio de 1530. Tiene una longitud de 1,203 km y su anchura varía entre los 92 y 222 kilómetros.

Es la región insular más importante de México: en Baja California, se ubican isla Ángel de la Guarda, Montague, Gore, Consag, El Huerfanito, Miramar, Coloradito, Encantada, Pómez, San Luis, Mejía, Granitos, Navío, Pelícano, Alcatraz, Coronadito, Smith, Pond; el grupo de islas e islotes que se encuentran dentro de la bahía de los Ángeles; en Baja California Sur, islas del Carmen, Cerralvo, Coronados, Espíritu Santo, Monserrat, Partida, San Diego, San Francisco, San José, San Marcos, Santa Catalina, Santa Cruz; en  Sonora sobresale la Isla Tiburón, la mayor de México con 1,208 km2.

Los puertos más importantes son Peñasco, Guaymas, San Felipe, La Paz, San José del Cabo, Santa Rosalía, Topolobampo, Mochis, Mazatlán, San Blas y Puerto Vallarta.

 “El golfo de California es un mar parcialmente cerrado conocido por sus excepcionalmente elevados niveles de biodiversidad y elevada productividad primaria, resultantes de la combinación de su topografía, latitud meridional y sistemas de surgencia [Wikipedia: “un fenómeno oceanográfico que consiste en el movimiento vertical de las masas de agua, de niveles profundos hacia la superficie”]. La ecorregión alberga especies endémicas como la vaquita, el cetáceo en mayor peligro de extinción del mundo, y la tatoaba, corvina de gran tamaño” (INECC: http://www2.inecc.gob.mx/publicaciones/libros/619/california.pdf).

El célebre oceanógrafo francés Jacques Costeau le llamó “el acuario del mundo”.

Áreas naturales protegidas: Parque Nacional Constitución de 1857, reserva de la biosfera del Alto Golfo de California y Delta del Río Colorado, Isla Guadalupe, Isla Raza, Islas del Golfo de California, parque Sierra de San Pedro Mártir, parque Bahía de Loreto, Parque Cabo Pulmo, reservas de la biosfera El Vizcaíno, Sierra de la Laguna, Sierra de Ajos, Buenos Aires y La Púrica; área de protección de flora y fauna Sierra Álamos-Río Cuchujauqui, Cajón del Diablo, Isla Tiburón, reserva de la biosfera El Pinacate y Gran Desierto del Altar, Valle de los Cirios;  reservas de la biosfera Marismas Nacionales y Sierra Vallejo.