Maíz transgénico no mejora rendimientos “ni siquiera en las zonas de alta producción”

Sarukhán alerta sobre el alto riesgo para México de los OGM. El coordinador de la Conabio destaca la responsabilidad del Estado mexicano en preservar 60 razas criollas de la milpa mesoamericana.

Guadalajara

La opción de maíces genéticamente modificados en el campo mexicano no significan alguna ventaja real en términos de rendimiento no solamente para los campesinos temporaleros, con 85 por ciento de la superficie maicera del país; ni siquiera para quienes poseen infraestructura de riego, advierte el coordinador de la Comisión Nacional de Biodiversidad (Conabio), José Sarukhán Kermez.

El ex rector de la UNAM destaca: “el problema fundamental acerca de la expansión de siembras comerciales de los actuales materiales transgénicos de maíz es que ninguno de ellos resuelve, ya no digamos las necesidades de producción de más de 85 por ciento de las zonas maiceras -la mayor parte de temporal- del país, sino ni siquiera las de las zonas de riego, que es el único sitio donde esas variedades transgénicas pueden prosperar. No hay mayores rendimientos y los ahorros en el costo de los insumos -plaguicidas y herbicidas- son muy variables”.

Así, “nos encontramos pues ante la disyuntiva de arriesgar la riqueza -no sólo en términos de diversidad genética, sino directamente de potencial económico- que las sesenta variedades nativas de maíz representan como opciones de mejoramiento de nuevas variedades adaptadas a nuevas y desconocidas condiciones ambientales, no sólo en nuestro país, sino globalmente, por la introducción comercial de las líneas transgénicas actuales que no representan ventaja alguna para la agricultura nacional, ciertamente al menos para la gran mayoría de los campesinos productores”, señala en un artículo de presentación hecho para la gran publicación denominada El maíz en peligro ante los transgénicos, patrocinado por la casa de estudios.

“Nuestro país es el centro de origen de la domesticación del maíz, proceso iniciado hace por lo menos unos siete mil años; que éste haya sido un proceso mono o policéntrico es algo que aún está por definirse. De lo que no hay duda es que prácticamente todo el actual territorio mexicano, con excepción de zonas en donde es imposible que alguna de las razas nativas crezca, puede considerarse como centro de diversidad genética”, refiere.

El maíz es un milagro producido en el trabajo acucioso de cada población campesina en su milpa, con selección y adaptación a condiciones específicas –la primera biotecnología desarrollada por el hombre-. Su diversidad es garantizada por esa milpa, lo que significa que “la conservación de la diversidad genética actual del maíz en México no puede efectuarse simplemente mediante colecciones de granos de las diferentes variedades nativas […] es indispensable conservar el proceso por el cual se ha generado —y se sigue generando— la gran variabilidad genética de nuestros maíces. Esto incluye el manejo de teocintes o teocintles, de los que Jalisco es uno de los hogares –el pariente silvestre de la gramínea-. La conservación de este esquema “es una decisión claramente perteneciente a la responsabilidad de rectoría del Estado mexicano sobre la seguridad y la soberanía alimentaria del país”.