“¿Cómo te atreves a decirme ‘ya no lo busques’?”

Madres de jóvenes desaparecidos aseguran recibir respuestas "frías y sin tacto" al momento de denunciar formalmente ante las autoridades.

Monterrey

Cuando Pepe regrese a casa encontrará una nueva sobrina, pero ya no estarán su tía Juany ni la abuela Jovita. Coco, su madre, sigue esperándolo para ponerlo al corriente de lo que ha ocurrido desde el 2 abril de 2011, cuando desapareció.

Este 25 de diciembre se cumplirán cuatro Navidades sin él, mismas que se han visto opacadas por su ausencia. Sin embargo, María del Socorro se resiste a referirse a su hijo en tiempo pasado y mantiene viva la esperanza de que volverá.

"No hay día que pase sin que uno los recuerde, esté al pendiente; los estamos esperando. Para nosotros todos los días son tristes, pero hay días más tristes que otros [...], en donde quiera que se encuentren, saben que los estamos esperando; sabemos que ellos también están ansiando regresar", expresa tras un suspiro.

José Roberto Mendoza González, de 24 años, se dedicaba a su preparación profesional estudiando la carrera de Administración de Empresas, al mismo tiempo que trabajaba en una empresa de telemarketing. "Como cualquier joven de su edad", describe Coco.

La pesadilla comenzó alrededor de las 5:00 de un sábado, cuando una llamada telefónica alertó a su familia. Pepe había sido secuestrado, y junto con él, su amigo Candelario.

Testigos narraron que ambos jóvenes esperaban a un tercero dentro de la camioneta de Pepe, acompañados de dos amigas. Pero al cabo de unos minutos, hombres armados llegaron, los sometieron y se llevaron a los varones a bordo de un taxi.

Más tarde, los familiares de José Roberto y Candelario lograron hacer contacto vía telefónica con los delincuentes, quienes aseguraron estar investigando a los muchachos y prometieron liberarlos en cuatro horas. La espera sigue a tres años y casi ocho meses.

"No hicimos ninguna denuncia porque nos amenazaron también, que sabían dónde vivíamos, cuántos éramos y todo eso, que ellos tenían contactos en todas partes, que no hiciéramos ninguna denuncia porque, entonces sí, ya no los íbamos a volver a ver".

No obstante, ella y Norma, la madre de Candelario, acudieron a Derechos Humanos para interponer una denuncia. Tocaron puertas y buscaron, pero no obtuvieron resultados.

Fue hasta el año pasado cuando las madres de los jóvenes desaparecidos se decidieron a denunciar formalmente ante las autoridades, de quienes recibieron una respuesta "fría y sin tacto": "Señora, ¿para qué viene? Ya pasó mucho tiempo".

"¿Cómo te atreves a decirme 'ya no lo busques', si desde el primer día en que se los llevaron los estamos buscando y los estamos esperando?", cuestiona indignada la madre de Pepe.

LOS AVANCES SON DE PAPEL

Los únicos avances que las autoridades estatales han presentado a las familias de los desaparecidos son de papel, pues se limitan a llenar los expedientes con oficios y hojas pero sin resultados tangibles.

Así lo sostiene Yolanda Navarro Escobedo, quien busca a su sobrino Luis Alberto Navarro, cuyo paradero se desconoce desde el 23 de mayo de 2010, cuando fue levantado en la zona de la presa La Boca, en el municipio de Santiago.

Aquel día, el joven estaba en una celebración familiar de uno de sus amigos, en un lugar conocido como "La Playita Sol".

De manera inesperada, arribó un comando que se identificó como de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena). Los sujetos comenzaron a amenazar a los presentes y a rafaguear el sitio.

"Iban en dos muebles particulares, empezaron a amenazar a la gente y a decirles que se agacharan, y a rafaguear. Hubo varios disparos y pues se llevaron a Roberto (a quien presuntamente buscaban los pistoleros) con los otros tres jóvenes: Miguel Ángel, Omar Salaya y Luis Alberto (su sobrino)", cuenta.

Aunque después de eso hubo negociaciones con los criminales y se les entregó la cantidad de dinero que exigían, los secuestrados ya no regresaron.

"Nos dijeron que los iban a dejar en tal lugar y les iban a proporcionar un celular para que alguno de ellos pudiera comunicarse con nosotros, pero pasamos todo el viernes, sábado, domingo... Y hasta hoy".

Por su parte, Irma Leticia Hidalgo, una de las iniciadoras del colectivo Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León (Fundenl), califica el trabajo las autoridades como "nulo".

Afirma que, debido a la indiferencia de las dependencias gubernamentales, las familias se han convertido en investigadoras, y los avances obtenidos en los diferentes casos han sido gracias a su propio esfuerzo.

"Son totalmente incompetentes, inútiles. Los avances de investigaciones de cada uno de nuestros hijos y de nuestras hijas desaparecidas los hemos aportado las mismas familias, aún con el dolor que tenemos nos hemos vuelto investigadores", expresa la madre de Roy Rivera Hidalgo, quien fue secuestrado el 11 de enero de 2011 por hombres armados que portaban chalecos de la Policía de Escobedo.

"Veremos si nosotros los encontramos. Dios quiera que sea así".