Madres centroamericanas de migrantes, una sola voz

El Obispo Juan Pedro Juárez Meléndez oficia la misa. Las madres y fieles escuchan con atención. “¿Quién es el responsable del sufrimiento de estos hermanos y hermanas?”

Atitalaquia

Buscan a sus hijos. En su pecho cuelgan fotografías de sus familiares desaparecidos: hombres, mujeres, jóvenes, todos migrantes.

María Encarnación Morales, de El Salvador, va al frente del contingente, con ambas manos sostiene la bandera de su país, en su pecho la fotografía de Jaqueline Morales Jovel, su hija desaparecida en 2006.

La novena Caravana de Madres Centroamericanas Buscando a sus hijos Migrantes Desaparecidos arribó anoche a la Casa del Migrante “El Samaritano”, en la localidad de Bojay, municipio de Atitalaquia.

Es un contingente de 43 mujeres provenientes de Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Honduras, con pesar en las espaldas y esperanza en el corazón.

“Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, gritan en su paso por  las vías, en medio de la noche, con la luna creciente en un cielo oscuro.

La mayoría son mujeres de edad avanzada, con fuerzas aún. Gorras y pañuelos blancos cubren sus cabezas. Todas traen playeras del Movimiento Migrante Mesoamericano.

Caminan sobre las vías del tren con sandalias, su recorrido inició el lunes, han pasado ya por Tabasco y Chiapas, ahora están en Hidalgo.

Recorrerán 13 estados del país: Chiapas, Veracruz, Hidalgo, Querétaro, San Luis Potosí, Aguascalientes, Jalisco, Guanajuato, Estado de México, el Distrito Federal, Tlaxcala, Puebla y Oaxaca hasta el 18 de diciembre.

Será un recorrido de 3 mil 958 kilómetros, con una sola idea en mente, buscar y encontrar a sus hijos.

María Encarnación sigue al frente del contingente, la mirada clavada en el piso. La última vez que supo de su hija, estaba en el Altar, Sonora, después no tuvo más razón de ella.

“¿Qué queremos para nuestros migrantes?”, gritan las madres, “justicia”, responden. Se dirigen a la Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, en donde más adelante escucharán misa.

“Busco a mi hijo Luis Alirio Girón Girón. La última vez que lo vi fue cuando se despidió de mí en el 2007. La última llamada la hizo de México”, dice María Maximina Girón, de Honduras. Luis Alirio tenía 21 años cuando dejó Honduras, tras de sí, dejó una niña de siete años.

 “Si él me está escuchando, si me está mirando, que por favor busque la casa porque allá todos lo estamos esperando, yo sufro por él”, dice doña María Maximina, a punto del llanto.

La caminata de las madres es seguida por policías municipales de Atitalaquia, personal del Instituto Nacional de Migración (INM), las religiosas de la Casa del Migrante y personas que ayudan a este refugio.

 “Ojalá viniera la mía”, dice uno de los 12 hondureños apostados en las vías del tren que ven pasar la Caravana.

“Los migrantes no somos criminales, somos trabajadores internacionales”, vuelven a gritar las madres en medio de las miradas de curiosos que salen a su paso por la colonia petrolera.

“Las madres centroamericanas somos una sola voz”, dice una madre al fondo del contingente antes de llegar  la Capilla.

Al llegar, María Encarnación se sienta hasta el frente y rompe en llanto. Su hija Jaqueline ahora tendría 40 años. En El Salvador ha dejado a sus dos hijos, uno de 14 y otro 16. Se limpia las lágrimas con un pañuelo.

La mayoría coloca sus fotografías en el altar de la Capilla, se cuentan 72 imágenes de migrantes desaparecidos en su paso por México.

El Obispo de la Diócesis de Tula, Juan Pedro Juárez Meléndez, oficia la misa. Las madres y fieles escuchan con atención. “¿Quién es el responsable del sufrimiento de estos hermanos y hermanas?”, cuestiona en el sermón.

Doña Encarnación, de pelo gris por las canas y manchas en sus manos por la edad, se limpia nuevamente las lágrimas, serán las últimas en toda la misa. Sobre sus rodillas coloca la bandera de El Salvador, la sostiene en sus manos.

Otras mamás no colocan las fotografías de sus hijos en el altar, se quedan con ellas para escuchar misa. Guardan silencio, se hunden en sus pensamientos.

El Obispo ofrece un mensaje de esperanza. Ellas sólo escuchan.

El sueño americano

Esta es la primera vez que Lucía Macario Cuteres, de Guatemala, de baja estatura y voz apenas perceptible, sale con la caravana en busca de su esposo. Él salió el 8 de julio de 2011 en busca del sueño americano.

“La última vez que supe de él, estaba en México. Los coyotes llegaron a decir que había desaparecido el 3 agosto, yo ya no supe más de él”.  Tenía 24 años cuando dejó el hogar en busca del sueño americano.

“Él se fue por la necesidad, se fue para sacarnos adelante”, dice con la fotografía de su esposo en el pecho. Lucía aún tiene la esperanza de volver a verlo, como sea, “vivo o muerto, pero quiero verlo”.

Claves

El trayecto

- Este año la Caravana está dedicada a la memoria de Emeteria Martínez, quien fue iniciadora y figura emblemática de las Caravanas y falleció a principios de este año.

- Doña Emeteria buscó por casi 20 años a su hija, hasta que, en la caravana del 2010, la localizó en Ecatepec de Morelos, en el Estado de México.

- La caravana de madres en esta ocasión no transitará por la “Ruta del Golfo” ni llegará a los estados fronterizos en el norte del país, se asomará al inicio de la “Ruta del Pacifico”, por Guadalajara, Jalisco.

- Se está desviando el flujo migratorio en la que dominan “La Ruta del Diablo”, buscando eludir al grave grado de violencia de las rutas históricas y la zona noreste del país.

El problema... las pistas

Marta Sánchez Soler, integrante del Movimiento Migrante Centroamericano (MMM), señaló que la novena Caravana de Madres Centroamericanas Buscando sus Migrantes Desaparecidos, recorrió ya el estado de Tabasco. “Incursionamos por primera vez en Palenque, Chiapas, pasamos Veracruz, ahorita estamos en Hidalgo, vamos a regresar a Chiapas, pero en el camino de regreso”, dijo.

la Caravana seguirá hacia Tequisquiapan, Querétaro, para después seguir por San Luis Potosí: “en los recorridos lo que buscamos es que los medios nos ayuden a visibilizar el problema de la migración, todo lo que les está aconteciendo, ese el objetivo y buscar pistas, en todos lados las madres exhiben sus fotografías, vamos buscando por todos lados y vamos reuniendo indicios de qué pudo haber pasado”.

Después de la Caravana se seguirán todas las pistas que recaben: “en Coatzacoalcos y en Tenosique hemos encontrado algunas pistas”.

Precisó que la Caravana recibe apoyo económico para los recorridos de Médicos Internacionales, una fundación alemana. “De ella hemos conseguido el financiamiento para la Caravana, que organiza el Movimiento, eso el gasto fuerte en términos de transporte y otras cosas”.