“Dios mío te pido que protejas a mis hijas”

Así lo pide Martha de Santiago Camacho, quien es madre de Irene y Beatriz Domínguez, las cuales se desempeñan como policías preventivas, cuenta como es acompañar a sus hijas en ese oficio.
Martha de Santiago Camacho, madre de Irene y Beatriz Domínguez, policías operativas.
Martha de Santiago Camacho, madre de Irene y Beatriz Domínguez, policías operativas. (Armando Moreno )

Torreón, Coahuila

“Dios mío sé que ya te tengo fastidiado, pero te pido con todo mi corazón que cubras y protejas a mis dos hijas”, es lo que clama Martha de Santiago Camacho, madre de Irene y Beatriz Domínguez, quienes son policías operativas.

Martha de Santiago tiene su domicilio en el ejido Ricardo Flores Magón dentro del municipio de Torreón, además es madre de seis hijos, de las cuales dos son policías. Irene pertenece a la Dirección de Seguridad Pública de Torreón, mientras que Beatriz presta sus servicios en el Grupo Especial de la Policía Estatal.

Ambas son dinámicas y muy responsables en las funciones que les encomiendas sus mandos, explicó Martha de Santiago, quien en momentos suspira y hace pausa al hablar de sus dos hijas policías.

“En un principio me opuse a que fueran policías, pero como madre que soy terminé por aceptar y apoyar a mis hijas".

“Que le puedo decir señor, son mi vida; son mi esperanza; son mis grandes amores y me siento muy orgullosa de tener dos hijas valientes que enfrentan las adversidades de la vida”, exclamó Martha de Santiago, quien dijo que está consciente de que algún día ya no vuelvan, pero expresó que está preparada para eso ya que sabe en el riesgo en el que se desarrollan y aún así confía en Dios ciegamente.

La madre de ambas enfatizó que tanto Beatriz, de 35 años de edad, como Irene de 30, sabían en su momento a que se dedicarían, ya que desde niñas jugaban a los policías y ladrones, en el que construían un ambiente de seguridad para los que resultaban afectados.

“En un principio me opuse a que fueran policías, pero como madre que soy terminé por aceptar y apoyar a mis hijas, a quienes les cuido a sus pequeños”, dijo con un nudo en la garganta la señora Martha, la cual explicó que nunca se imaginó que sus hijas pertenecieran a una corporación policiaca y enfrentaran situaciones de riesgo y todo por ofrecer seguridad al ciudadano.

“La veo cuando se faja la camisola, se ajusta el pantalón, se amarra las botas, se monta la fornitura, se pone la cachucha y se lleva los lentes oscuros a sus ojos...y me quedó pensando, hija mía que Dios te proteja y te traiga de regreso”, narra doña Martha, con profunda nostalgia de ya no ver a una niña que jugaba a ser policía sino que ahora ve a toda una mujer que se desempeña como un auténtica policía.