Lluvias: de amenaza a oportunidad

Esquema del SIAPA es limitado y caro; manejo de cuencas con restauración, datos de precipitación, recarga, regulación de cauces y sistemas de alerta, reducirá daños.

Guadalajara

Las lluvias significan la mayor amenaza de desastre para bienes y vidas de los moradores del Área Metropolitana de Guadalajara, con daños que pueden contabilizar hasta mil millones de pesos anuales, y por eso se debe realizar una gestión integral con las cuencas como unidad territorial, lo que obliga a romper con la inercia del último siglo, en que se entubaron y pavimentaron las corrientes fluviales para favorecer negocios inmobiliarios.


Luis Valdivia Ornelas, director del Departamento de Geografía y Ordenación Territorial de la UdeG, plantea: “es necesario incorporar la visión territorial al problema, lo que permitirá diseñar una estrategia diferenciada para cada uno de los sitios inundables, e incorporar esquemas de manejo de la escorrentía basados en los Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible [SUDS] complementados con los de tipo hidráulico, con el objeto de recuperar los valores de las fracciones del ciclo del agua antes de la urbanización”.


Esta es una estrategia novedosa, que es especialmente importante en el caso de una ciudad donde además de una alteración tan drástica del territorio, tiene un régimen de lluvias muy particular, con precipitaciones intensas en tiempos relativamente cortos que generan desde encharcamientos hasta inundaciones severas en unos 300 puntos de la metrópolis. También, debido a que se ha tratado de convencer a los ciudadanos que se trata de hacer una infraestructura de captación y regulación muy costosa, lo cual es verdad a medias.


Los SUDS, agrega, son justamente mantener el modo en que las cuencas autorregulan el agua. Esto es particularmente complicado ante la urbanización, pero habrá que encontrar posibilidades de hacer restauración de cauces, de usar áreas públicas como puntos de regulación, de incrementar áreas verdes (las grandes captadoras de agua pluvial) e incluso de que la señalética permita saber al ciudadano común cuáles calles desfogan las crecientes de agua para que tome precauciones. Los datos de información geográfica es importante que estén disponibles para prever, de acuerdo a la ubicación de una lluvia, hacia dónde correrán por vía superficial las crecientes y prevenir desastres mayores.


“Los creadores de este sistema que resultó perjuicioso buscaban que las corrientes no representaran una barrera para el crecimiento de la ciudad […] cauces muy importantes desaparecieron no por entubamiento, sino simplemente fueron borrados y pavimentados; con eso fue incrementándose la falta de capacidad del sistema hidrológico, hasta que las inundaciones fueron tan severas que obligaron a la autoridad a pensar en la actualización del sistema de colectores, en los años setenta, pero no fue la solución; siempre se le ha apostado a los colectores para resolver  inundaciones, pero el tema es más complejo, tiene que ver con que no se modifiquen las condiciones del ciclo del agua, y esto significa que siga teniendo las mismas condiciones de infiltración y de escurrimiento, previo al proceso de urbanización”, explica el investigador a MILENIO JALISCO.


Añade: “desgraciadamente no se consideró que estas urbanizaciones, provocarían cambios radicales […] las calles se han convertido en los colectores de cauces inexistentes, o de cauces entubados; ahora la calle es la que conduce el cauce principal del movimiento del agua, a expensas de los riesgos para automovilistas y peatones”.


Esto se agrava porque la ciudad se llenó de infraestructura urbana como los pasos a desnivel, de manera que “aumentó la cantidad de trampas donde el agua se va acumulando, que provocan problemas e incluso la muerte; tenemos el registro de muerte de gente desde los años sesenta […] los cambios radicales al ciclo del agua debido a la urbanización, y luego la presencia de más gente en zonas donde hay problemas, han hecho un modelo que provoca más desastres”.


De tal modo que “lo primero que debemos de tener es un diagnóstico adecuado y correcto, del tamaño del problema, y a partir de allí, el segundo paso es identificar las zonas a través de la priorización: las que se inundan más, las que alcanzan una mayor altura de agua, las que tienen viviendo a más gente, y a partir de allí hacer la gestión: por ejemplo, es muy importante la vegetación en la parte alta, porque capta entre 8 y 21 por ciento del agua de una tormenta; luego se requiere de una serie de obras, que no son costosas, que van a permitir que esa distorsión que se genera cuando se urbaniza, no sea tan grande, y que el agua no toda va a escurrir a las partes bajas, sino que puede ser captada, retenida y aprovechada; hay que ser enfático en que no debe haber urbanización en la parte alta, como en Colomos o Bugambilias, porque si es así todo escurre; debería haber una política de máxima urbanización según el lugar de la cuenca que se ocupe, y las zonas de infraestructura deberían estar en la parte media y baja, no en la parte alta”.


Esta investigación del equipo de trabajo del departamento de Geografía, que lleva más de 20 años, derriba mitos simplistas: que hay inundación porque llueve mucho “y allí el humano no tiene nada que hacer” salvo no arrojar basura. “Lo cierto es que los humanos transformamos el territorio y eso cambió radicalmente las condiciones”, puntualiza.

Claves

¿Cómo se destruyó la hidrología de la ciudad?

1900-1950
Entubamiento del parte alta y media del río San Juan de Dios, el principal de la ciudad
Se pierde la mayor superficie de la laguna Agua Azul, el mayor regulador del río, con obras de infraestructura
Se borra con la urbanización el cauce oriental de El Arenal y El Chicalote, y comienza lo mismo con San Andrés
Primeras inundaciones recurrentes en la historia de la ciudad

1951-1970
Entubamiento de San Juan de Dios hasta Jardines Alcalde, apertura de canal en su tramo final
Comienzo de urbanización de microcuenca de Los Colomos (río Atemajac), arbitraria segmentación del arroyo para abrir plaza Patria por especuladores inmobiliarios con influencias en el gobierno; apertura de canal en sección final del río (previo a su unión al San Juan de Dios). Se trazan avenidas Patria y Acueducto, lo que segmenta arroyos  tributarios principales
Se pierde 80% de los cauces originales de El Arenal y Chicalote, y se segmenta canal de Santa Catalina
Urbanización inicial del cerro del Cuatro y del canal del Sur por inmobiliarios influyentes
Carreteras a Chapala y a Tesistán alteran sistemas hidrológicos locales

1971-2015
Culmina casi totalmente la urbanización desordenada de las cuencas de Colomos, El Arenal y El Chicalote
Todos los cauces de la ciudad intervenidos, con trazos geométricos que alteran las secciones hidráulicas y por ende, el manejo natural del agua
Se entuba el cauce de Barranca Ancha  para convertirse a la avenida Montevideo
Se crea infraestructura para enviar agua de la cuenca del San Juan de Dios a Atemajac, trasvase que altera aún más ambos ríos
Desaparece la presa de Osorio, que regulaba caudales del arroyo del mismo nombre, y se abre un parque público donde las inundaciones son recurrentes
Se urbaniza toda la ladera norte y oriente del Cerro del Cuatro, que al ser el punto más alto de la cuenca de San Juan de Dios, envía agua por calles y avenidas hacia la zona céntrica de la ciudad, además de flujos de tierra y basura
Procesos de urbanización desbocados sobre cuerpos de agua y zonas de recarga de acuífero en Tesistán y Toluquilla, además de apertura de urbanización en la cuenca cerrada de El Bajío
Bosque La Primavera, con urbanización hormiga e incendios forestales, altera cíclicamente su capacidad de recarga de agua, lo que afecta cuencas urbanas al oriente y sur de la sierra

Fuente: Los peligros naturales de Jalisco/ Luis Valdivia Ornelas y María del Rocío Castillo Aja