En Catedral realizan ceremonia de lavatorio de pies

Con representación de apóstoles, el obispo de Torreón José Guadalupe Galván dijo que realizar ese acto cobra un significado fuerte pues el maestro enseña a compartir en un acto de humildad.
El obispo de Torreón refirió que hoy más que nunca se puede afirmar que no hay sacerdote sin eucaristía ni eucaristía sin sacerdotes.
El obispo de Torreón refirió que hoy más que nunca se puede afirmar que no hay sacerdote sin eucaristía ni eucaristía sin sacerdotes. (Aldo Cháirez)

Torreón, Coahuila

El jueves santo conmemora la última cena en que Jesús compartió con sus discípulos, instituyendo dos sacramentos. Por una parte la eucaristía al compartir en comunión su cuerpo y su sangre, representados por el pan y el vino y por otra el orden sacerdotal, pidiéndole a sus alumnos erigirse como maestros y enseñar la palabra con la premisa de servir y amar.

Con la representación de los apóstoles en la catedral de Torreón, el obispo José Guadalupe Galván Galindo dijo que el lavar sus pies cobra un significante fuerte en tiempos modernos pues el maestro enseña a compartir mediante un acto de humildad, el hecho de que debemos servirnos los unos a los otros.

Minutos antes de que iniciara la ceremonia del jueves santo, la catedral se vio abarrotada por católicos que antes de entrar al santuario se enfocaron a la compra de la oración impresa por cinco pesos.

Refirió además que hoy más que nunca se puede afirmar que no hay sacerdote sin eucaristía ni eucaristía sin sacerdotes pues la colaboración entre religiosos y laicos debe permitir crear lazos solidarios, de mutuo apoyo donde el servir y el amor sea un ejercicio dialéctico.

“La eucaristía nos habla de que estemos unidos siendo servidores unos de los otros”, apuntó el obispo de Torreón.

Cabe mencionar que minutos antes de que iniciara la ceremonia del jueves santo, la catedral se vio abarrotada por católicos que antes de entrar al santuario se enfocaron a la compra de la oración impresa por cinco pesos, veladoras para la ocasión o el pan bendito, el cual según las vendedoras, estaba disponible por lo que gustara dar cada quien “de cinco pesos en adelante”.

Al sitio también acudieron personas en condición de desamparo e indigencia, entre las cuales se encontraban dos ancianos en sillas de ruedas y dos niños pequeños, a los cuales, a pesar de solicitar apoyo extendiendo sus manos, muy pocos laicos voltearon siquiera a ver.

De ahí la necesidad de que se comparta la eucaristía y la orden sacerdotal de servir y amar los unos a los otros. Sean indistintamente maestros o discípulos, los civiles o los religiosos.