“Quería trabajar, pero no hallé trabajo, por eso uno se desespera”

Quieren trabajar y dar una mejor calidad de vida a sus familias, aman a su país pero no les brinda las oportunidades anheladas.
El tráfico de migrantes es una problemática que crece, a pesar de los peligros que amenazan a las personas que intentan cruzar ilegalmente.
El tráfico de migrantes es una problemática que crece, a pesar de los peligros que amenazan a las personas que intentan cruzar ilegalmente. (Cuartoscuro)

Tamaulipas

Carlos perdió los dedos de su pie izquierdo, mientras que a Salvador lo forzaron a desprenderse de sus recuerdos y a cambio marcaron su cráneo. Perseguían el mismo sueño cuando eso pasó, el americano. Ambos decidieron volver a cruzar porque en sus países “trabajas mucho y recibes poco”. 

Carlos es de Honduras y lleva cuatro meses en Tampico recuperándose del accidente que sufrió al intentar subir a La Bestia, el tren de los migrantes. Su historia tiene dos caras.

La primera es alentadora, nada más y nada menos que el sueño americano hecho realidad, “el error que cometí fue invertir el dinero allá, en carros y cosas que compré, muchas, pero cuando te deportan pierdes todo”.

Radicó 15 años en Estados Unidos hasta que lo identificaron y así fue como regresó a su país.

Ésta es la segunda vez que cruzará o al menos va a intentarlo. 

“Allá vivía bien estable, quería regresar a Honduras con mis cositas pero no fue así”.

Carlos radicaba en Michigan y trabajaba en un rancho cortando manzanas, uvas, peras y cosechando espárragos, pepinos y calabazas.

“Para allá iba, sí voy a ir primero Dios, pero está más complicado ahora.

A uno lo tratan bien porque va  a trabajar”, relata.

Él dejó Honduras cuando tenía 26 años, no mucho tiempo después de terminar la primaria, “saqué la escuela bien grande porque tenía que trabajar para sostener a los hermanos más pequeños para que sobrevivieran”.

Apoyándose en sus muletas, cuenta que en su país la mayoría de la gente trabaja en la maquila o en el campo en donde pasan jornadas de hasta doce horas por un pago que ni siquiera les permite cubrir sus gastos personales.

“No pagan bien, a la semana pagarán 400 pesos mexicanos por ocho, diez o doce horas y a veces los domingos, si hay que trabajar más se trabaja más”, comenta.

Dice que en Estados Unidos el pago diario mínimo es de 150 dólares, pero en el campo llegó a ganar entre 300 y 400 diarios, “por eso la gente se quiere ir para allá, por eso sí vale la pena cruzar aunque sabemos las consecuencias de intentarlo”.

Luego de ser deportado hace casi tres años, Carlos regresó junto a su familia, a su habitual pobreza y al desempleo casi obligado “estuve dos años y medio allá y solo trabajé como un mes. Estaba con mi familia, quería trabajar, pero no encontré trabajo por eso es que uno se desespera”. 

Dice que en su país “está crítica la cosa, hasta en México pagan mejor y más pa´ arriba debe estar mejor, llegar ahí es la meta de todos, pero lo primero que tengo que hacer es recuperarme. Quiero trabajar un rato aquí, Tampico me gusta, si consigo, sino…voy pa´Monterrey”, confiesa.

"QUIERO A MI PAIS, PERO NO HALLO TRABAJO"

”Y la situación en México no es distinta dice Salvador Reyes mientras barre la entrada de la Casa del Migrante Emaus, ubicada en la Borreguera.

Es oriundo de Guanajuato y lleva 18 días en Tampico luego de que fue brutalmente golpeado y despojado de sus pertenencias en el trayecto a los Estados Unidos, también por segunda ocasión. Además de sus recuerdos ha empezado a perder la movilidad e incluso le cuesta trabajo hablar.

Como si fuera un pensamiento programado para no borrarse, lo único que está fijo en su mente es la idea de regresar al país gobernado por Barack Obama.

“Sí quiero a mi país, pero no hallo trabajo, además un niño y una niña me esperan”, refiere aferrándose a la escoba. Partió a los 17 años de Guanajuato y se pasó 20 trabajando en Norteamérica pegando bloques y en la irrigación de cultivos.

“Había trabajo en Guanajuato, pero no tenía experiencia ni estudios, ahora sé hablar inglés y francés”, comparte con una tímida sonrisa en los labios.

En inglés fue certificado en prisión donde pasó 18 meses al no mostrar documentos que lo acreditaran como ciudadano estadounidense. Otra cosa que no ha olvidado es su salario valuado en 17 dólares la hora, con jornadas de ocho hasta once horas. 

“Allá pagan mejor y como que te acoplas a la vida, aquí uno está un poquito desorganizado, si se puede pero cada quien vive a su manera, en Guanajuato está cada quien por su lado.

Allá estaba bien, tenía mi casa, mis cosas y mi familia”, expone.Salvador dice que espera recuperarse de sus lesiones en el cráneo para después volver a intentar cruzar, “en el hospital me cosieron y estoy tomando medicina”.

ENTRE LOS MÁS PROPENSOS A DELITOS

En menos de un mes han sido rescatados 183 migrantes por la Secretaría de la Defensa Nacional.

El 31 de marzo los militares liberaron a 75 que se hallaban en la ciudad fronteriza de Miguel Alemán.

El 13 de abril se logró el rescate de 48 originarios de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua que se encontraban en un inmueble ubicado en una zona residencial de Matamoros. 

El 20 de abril elementos del Ejército rescataron en Díaz Ordaz a 60 migrantes plagiados en una casa.

Dos días después el Procurador de Justicia del estado, Ismael Quintanilla dijo que en la entidad no secuestran a los migrantes, sino que los mantienen en casas de seguridad con el fin de cruzarlos a Estados Unidos.

“No necesariamente son secuestros, muchas de las ocasiones (los polleros) los tienen en casas de seguridad para pasarlos (a Estados Unidos), están esperando el momento y, bueno, ahí es donde aprovechan y es justo cuando las corporaciones dan con ellos, los rescatan, los liberan para devolverlos a su país”, indicó.

Más adelante Quintanilla rectificó y precisó que sí se comete el delito del secuestro cuando se llega a pedir rescate por los migrantes a sus familias.