Jovencitas sufren más la violencia de género

Especialmente en la zona norte del municipio de Toluca ya que es uno de los lugares donde culturalmente los varones someten a las mujeres.
Pobreza y desnutrición en Canoa, junta auxiliar del municipio de Puebla.
(Andrés Lobato)

Toluca

María Romina Pérez, vendedora de flores, habitante de San Cristobal Huichochitlán, platicó que a su hija de 14 años hace dos meses se la llevó su novio, un joven de 20 años, de Michoacán y a la fecha no la ha visto.

"No va a regresar, no la voy a ver. Solo una vez llamó y me dijo que estaba bien, pero su papá vio bien que se fuera. Es mujer y no servía, dijo".

Son las menores de edad quienes sufren más de la violencia de género, especialmente en la zona norte del municipio de Toluca, según lo refiere Claudia Ruiz Bastida, presidenta de la Comisión de Equidad y Género, ya que es uno de los lugares donde culturalmente los varones someten a las mujeres,  creyendo que son inservibles o que solo pueden tener hijos.

La comerciante, que recorre las calles de la Colonia Electricistas con una cubeta llena de ramos de lores que vende en 10 pesos, dijo que tiene un hijo de seis años y otra hija de 16 años de edad.

"La más grande es vista como la quedada de la familia, mi suegra piensa que ella solo tiene futuro limpiando casas, su papá no le dio permiso de estudiar y como no se ha casado, ahora está obligada a ayudar en las tareas del hogar y con su hermano".

Aunque María la impulsó para que continuara con sus estudios, al menos hasta terminar la primaria o la secundaria, Rocío, su hija, pidió salir de la escuela pues hay poco dinero en su casa, son muchas las necesidades y en la escuela los compañeros la maltrataban.

"Ella por eso no quiso acabar la escuela y solo llegó hasta el quinto de primaria. Muchas le hacen así, entran y pues como es en los pueblos, que se llevan a las niñas de 12 ó 13 años, luego ya las vemos con sus hijos y no hay autoridad ni nadie que nos diga que no se puede, porque así se acostumbra y así es".

Narró que apenas hace un mes que su suegra la corrió de su casa, por no saber lavar a mano, “como dice que yo no debo salir a trabajar, entonces busca la forma de verme como una inútil y me acusa con mi marido, porque dice que solo quiero andar en la calle, pero si no trabajo, no llevo dinero para mi niño y necesitamos comer”.

Explicó que por primera vez, escuchó que en su pueblo una de las adolescentes decidió entrar a la universidad, pero tuvo que dejar su casa para poder seguir su carrera. La madre, divorciada, debió buscar un sitio cercano a Ciudad Universitaria para que ella pudiera estudiar tranquila, pues dos de sus hermanos la agreden por ser “machorra” y querer trabajar en lugar de casarse.