Joselito se impuso a 'Zotoluco' en mano a mano

Eulalio López, quien como el veterano del cartel fue exigido en todo momento.
Joselito Adame fue el triunfador en la Nuevo Progreso.
Joselito Adame fue el triunfador en la Nuevo Progreso. (Gus Pelayo )

Guadalajara

Había muchos toreros en el ruedo, y no se trataba de cantidad, sino de calidad en el mano a mano entre dos de los espadas con mayor poderío en la actualidad, el “Zotoluco” y Joselito Adame. Pero como suele suceder en esas situaciones, los que faltaron fueron los toros, dejando la sensación de que la tarde quedó a deber.

Y si alguien salió con un mal sabor de boca de la plaza Nuevo Progreso fue precisamente Eulalio López, quien como el veterano del cartel fue exigido en todo momento. Lo cierto es que nunca tuvo un toro a modo en ninguno de los tres de su loto, el colmo de la mala suerte, es que se le ocurrió regalar uno, y le salió el mismo diablo en un toro e imponente arboladura y con más complicaciones que el virus del ébola. Como pocas veces se le vio a Eulalio sin mayores recursos, por lo que decidió abreviar.

El torero del momento es Joselito Adame y vino a ratificarlo a Guadalajara. Su primer toro llevó por nombre Reformador y terminaría por ser el mejor del encierro, o por decir que el tuerto en la tierra de los ciegos. Adame lució en las verónicas y pudo dar su versión de las chicuelinas. Ya con la muleta dio muestra de su poderío para no darle salida al toro, y por el contrario obligarlo a seguir su engaño. Destacaron los muletazos con la mano derecha. La cosecha fue de una oreja.

Pero no todo puede ser color de rosa, y Joselito se enfrentó en segundo término a un manso con peligro, el que para colmo le complicó el panorama a la hora de matar llegando a escuchar dos avisos.

Y si a alguien le quedaban dudas de los recursos de Joselito, quedaron disipadas con la lidia que le dio a su segundo, al que primero le realizó las espectaculares zapopinas con la capa. En el último tercio, José inventó una faena donde parecía no haber nada. Adame multiplicaba cada embestida del astado y les daba una dimensión que no parecían tener. Este chico debe ser buen administrador, ya que exprimió cada centímetro del viaje del toro. Una estocada recibiendo fue el broche ideal y el mejor pretexto para sacarlo a hombros.