Nuevo Obispo de Gómez Palacio tomó posesión

Feligreses dieron la bienvenida a José Fortunato Álvarez, quien ocupará el espacio que dejó José Guadalupe Torres luego de que fuera removido para ocupar la diócesis de Ciudad Juárez, Chihuahua.

Gómez Palacio, Durango

En Gómez Palacio se dio la bienvenida al nuevo Obispo, José Fortunato Álvarez Valdez, quien ocupará el espacio que dejó José Guadalupe Torres Campos luego de que fuera removido para ocupar la diócesis de Ciudad Juárez, Chihuahua.

A lo largo del día el prelado fue presentado ante los medios de comunicación, además de que visitó diversas instancias altruistas y religiosas, durante la tarde se llevó a cabo la ordenación episcopal y la toma de posesión, esto en el Auditorio Centenario de Gómez Palacio.

El recibimiento fue cálido por parte de los feligreses, pues hubo sala llena y las cornisas del auditorio se forraron con lonas que demostraban un afecto adelantado.

José Fortunato Álvarez Valdez, tomó posesión y se sentó en la Cátedra, de esta forma quedó constituido como segundo Obispo de la Diócesis de Gómez Palacio.

En la misa estuvieron presentes los obispos de Chihuahua, Torreón, Durango, Ciudad Juárez, Tijuana, el arzobispo Enrique Sánchez de Tamaulipas y presidiendo la toma, el nuncio apostólico (el representante del Papa en México) Christophe Pierre.

La ceremonia comenzó con los ritos y cánticos convencionales, para luego dar paso al diácono que presentó al consejo de consultores las "Letras apostólicas", por las cuales el Papa Francisco nombró a José Fortunato como segundo Obispo del municipio.

Posteriormente se leyeron evangelios y se volvió a elevar la voz en canto, terminado esto el nuncio apostólico habló sobre las responsabilidades del Obispo como pastor de sus ovejas, pues "un Obispo debe ser un hombre al que le interesen los hombres y que se debe sentir tocado por las vicisitudes del hombre, con quien debe compartir todas las alegrías y esperanza, dolor y sufrimiento".

Esto dio pie a la "promesa del elegido" ante el ordenante principal (Christophe Pierre), quien hizo un interrogatorio sobre su fe y su futuro ministerio. Acto seguido el ordenante invitó a los fieles a orar por Fortunato que, tendido en el suelo, boca abajo, recibió las plegarias y se rindió ante su redentor.

Antes de finalizar llevaron a cabo "la imposición de las manos y plegaria de ordenación": todos los obispos presentes, antecedidos por el nuncio apostólico, colocaron sus manos sobre el elegido, en seguida se impuso el Libro de los Evangelios, abierto y sostenido por dos diáconos, sobre la cabeza del nuevo prelado mientras Piere pronunciaba para bendecir a Dios e invocar al Espíritu Santo.