Entre botas y huaraches, 25 años dando vida al calzado

Desde que era niño, José Carmen Raygozo entrenó con su padre el oficio de zapatero, para después independizarse y poner su propio negiocio en el mercado José Ramón Valdez de Gómez Palacio.

Gómez Palacio, Durango

José Carmen Raygozo aprendió desde joven el oficio de zapatero o reparador de calzado, con el cual pudo independizarse, formar una familia y mantener un negocio en el interior del mercado José Ramón Valdez.

"La verdad es un trabajo común, porque de cosas exóticas, el señor que me acaba de entregar botas nuevas a las que quiere cambiarle las suelas"

"Tengo 25 años reparando calzado y ahorita en tiempo de calor lo que más nos traen son las sandalias y huaraches. Las mujeres no quieren deshacerse de sus chanclas", refirió el hombre sentado frente a su Singer industrial que explica, se trata de una máquina de codo.

Con mandil de mezclilla salpicado de resistol, José Carmen no se desanima pues dice que a pesar de la introducción de zapatos chinos, que son fácilmente desechables y los vales de calzado que colocan algunas amas de casa entre sus conocidas, la reparación de zapatos y bolsas le permite darle una vida digna a su familia.

Por colocar tapas, el hombre cobra 50 pesos, en tanto que las tapillas en los tacones femeninos cuestan la mitad.

Pero su oficio no se limita a esos menesteres y en el taller mantiene como pendientes por entregar, bolsas, cinturones e incluso maletas de viaje o deportivas.

"Aquí podemos reparar entre 30 y 35 pares de zapatos por semana, casi siempre son las tapas pero otras reparaciones son las costurillas, tanto en zapatos como en bolsas. Tenemos cintos, bolsas y hasta maletas".

"Después de 25 años ya me hice de clientela porque aunque me formé con mi papá yo me independicé y este ha sido desde entonces mi negocio", dijo José Carmen.

Con tres hijos estudiando, este hombre debe aportar siempre un extra a su oficio, por ello repara hasta artesanías de talabartería.

Y aunque en su pared colocó un letrero advirtiendo que no se hace responsable de los trabajos rezagados por un mes, lo cierto es que sus clientes saben que pueden contar con su honradez.

"El letrero ahí está pero duran 3 ó 4 meses y sí se les entrega sin costo alguno. La verdad es que a mucha gente se le olvidan sus zapatos y ni modo de dejarlos descalzos", apuntó.

Con los huaraches en uso por la temporada, sonríe al explicar que las mujeres siempre se resisten a tirar sus chanclas.

"La verdad es un trabajo común, porque de cosas exóticas, el señor que me acaba de entregar botas nuevas a las que quiere cambiarle las suelas", apuntó don José Carmen.

"Aquí podemos reparar entre 30 y 35 pares de zapatos por semana, casi siempre son las tapas pero otras reparaciones son las costurillas".

De acuerdo a las necesidades de ese cliente, le fueron cobrados 320 pesos, dejando como anticipo 200 pesos debido a que se requerirá comprar materiales.

"En esas botas al menos me voy a llevar dos días completos porque hay que retirar la suela de hule para ponerle baqueta, tacón y suelas".

"A veces vienen a pedir este tipo de trabajo porque no les gusta la suela sintética o porque no saben pisarla", acotó el zapatero que durante 25 años ha remendado para darle nueva vida al calzado de los gomezpalatinos.