ENTREVISTA | POR MARCELA MORENO Y ÁNGEL CARRILLO

Jorge Melguizo Posada Ex secretario de Cultura de Medellín, Colombia

Dijo que el modelo aplicado en su ciudad para reducir la violencia, no puede tomarse como referente en la Comarca Lagunera, pero lo único que podría replicarse es convertir a esta región en un laboratorio social.

“Empresarios deberían ser la clave para reconstruir el tejido social”

Jorge Melguizo Posada, ex secretario de Cultura de Medellín, Colombia.
Jorge Melguizo Posada, ex secretario de Cultura de Medellín, Colombia. (Alejandro Alvarez)

Torreón, Coahuila

Jorge Melguizo Posada, ex secretario de Cultura de Medellín, Colombia, aseveró que el modelo aplicado en su ciudad para reducir los índices de violencia no puede tomarse como referente en la Comarca Lagunera u otra parte del mundo, porque las circunstancias son diferentes.

Señaló que lo único que podría replicarse es el concepto de convertir a esta región en un laboratorio social y analizar los elementos que propiciaron la delincuencia.

"Cualquier ciudad y región debería convertirse en un laboratorio a partir de sus propias particularidades, según el tipo de violencia que se vive y las posibilidades que tienen. Por ejemplo cuentan con muchas empresas privadas y son una ciudad industrial, eso debería ser la clave para la reconstrucción del tejido social", dijo.

Además, sostuvo que para poder sacar adelante a la ciudad, el Estado o la Nación, es necesaria una coordinación entre el sector privado, la ciudadanía y principalmente el gobierno.

También opinó que el tema de las autodefensas es como "criar cuervos que nos sacarán los ojos", debido a que pueden adquirir un poder que supere al del narcotráfico y el gobierno.

Respecto al papel de los medios, el también comunicador social consideró que deben informar la otra realidad de la población que hay y no solamente la violencia.

Concluyó que algo que puede reconocerse de esta ciudad, es que ha persistido a la violencia y preservado expresiones en los espacios públicos.

Durante siete u ocho años hemos vivido el flagelo de la violencia provocada por la disputa del territorio de los grupos criminales y la corrupción de las autoridades, ¿Puede haber una salida?

Creo que las hay.Nosotros mismos en Medellín somos como una referencia, aunque difícilmente es comparable en su peor época de violencia con cualquier otra ciudad, incluso las de mayor conflicto en el mundo actual como San Pedro Sula, Honduras, Ciudad Juárez, México y Caracas, Venezuela no se acercan al nivel de muerte violenta por homicidio que tuvimos.

Sin embargo, hemos logrado reducir 91 por ciento nuestros indicadores de muerte violenta por homicidio, es decir, ahora solo tenemos el nueve por ciento del número que teníamos hace 20 años.

Entonces, si en Medellín fue posible, en cualquier parte es posible, pues difícilmente cualquier otra ciudad ha sido tan golpeada por el narcotráfico, la guerrilla, el paramilitarismo o las autodefensas. Fuimos escenario de todas las guerras posibles.

Y hablamos de que en 1991, que fue uno de nuestros años más complicados, teníamos 20 muertos diarios en una ciudad con una población de dos millones de habitantes. En todo ese tiempo hubo 60 mil muertes violentas, la mayoría de jóvenes fallecidos por balas.

"Cualquier gobernante que no vea la cultura como clave para la transformación, está cometiendo una estupidez".

A pesar de eso no somos actualmente una isla encantada en medio de un país en conflicto, porque estamos en un país en conflicto, en guerra, paramilitarismo y unas autodefensas dolorosas y horrorosas.

Y aunque hay niveles de corrupción e inequidad, así como desplazados, vamos saliendo adelante como una ciudad laboratorio urbano, una ciudad laboratorio social y una ciudad laboratorio educativo y cultural.

¿Ese laboratorio puede funcionar en regiones como la Comarca Lagunera o Michoacán?

Creo que sí.El Pacto Interamericano para el Desarrollo informó en 2009 que Medellín es una ciudad modelo por lo que habíamos logrado.

Sin embargo, nosotros en la alcaldía no estuvimos de acuerdo porque un modelo debería de ser replicable a otro lugar y lo que hicimos en Medellín no se puede replicar en otras ciudades, les dijimos que nos trataran como un laboratorio en que se hacen experimentos diarios y algunos fracasan.

Y cualquier región, incluida La Laguna, se debería convertir en un laboratorio a partir de sus propias particularidades, según el tipo de violencia que se vive acá, así como las posibilidades que tienen.

Por ejemplo tienen muchas empresas privadas y son una ciudad industrial, eso debería ser la clave para la reconstrucción del tejido social.

Nosotros logramos que los empresarios privados se convirtieran en parte del reto colectivo de Medellín, que lo público fuera sinónimo de calidad, dignidad e inclusión, y lo vinculamos no solamente con donaciones sino con el proyecto educativo fundamentalmente.

En la mayoría de los colegios públicos de Medellín están los empresarios privados de primer o segundo nivel sentados en las juntas directivas.

También, casi todos nuestros eventos culturales han tenido apoyo del empresariado.

No puede haber empresas exitosas en sociedades fracasadas. Al empresariado no le conviene que a la ciudad donde está invirtiendo le vaya mal, entonces cuando comprendan que la mejor inversión que pueden hacer no es una empresa sino su ciudad, empezará la transformación.

Los mismos empresarios han sido víctimas de esta violencia, ¿Cómo hacer para que saquen la cabeza y sean los líderes?

Cuando a nosotros nos decían que éramos la ciudad o el país más violento del mundo les decíamos que somos violentados o víctimas. De otra forma, es como si le dijeran a una mujer violada que es violadora, esos 60 mil muertos son víctimas y los matamos en Medellín pero como sociedad.

Y los empresarios no solamente son víctimas, sino toda la ciudad.Si el empresario, las organizaciones sociales o las universidades, los gobiernos de diferente nivel no se unen en función de ese proyecto común de transformar su sociedad, seguiremos siendo víctimas.

Lo importante es que entendamos que empresarios y no empresarios, la tarea de transformación es de todos, no se le puede dejar a un presidente municipal, un Presidente Nacional y sobre todo no tomar las armas los ciudadanos para crear grupos de autodefensa.

En ese sentido, siendo de amplio criterio ético, puede llegar a entender el desespero ciudadano por la ausencia de Estado y la creación de grupos de autodefensa.

Puedo entenderlo pero no aceptarlo, yo no puedo aceptar que para defender una vida debo cobrar otra o que para defenderme de las armas tenga que armarme, creo que el monopolio de las armas tiene que estar en poder del Estado.

Y lo que hay que hacer como comunidad es fortalecer lo público exigiendo a lo público, fortaleciendo la democracia, luchando contra la corrupción eligiendo mejores gobernantes.

En Colombia vivimos ya eso y mucha gente confió en los autodefensas y los veían como salvadores, pero criamos cuervos y nos sacaron los ojos.

Comenzaron como grupos armados pagados por los más ricos y sabían dónde estaban, empezaron a secuestrarlos. El grupo de las autodefensas de Michoacán se formó para oponerse al narcotráfico.

¿Cómo superaron a esos grupos sociales?

No lo hemos terminado de superar. Somos un país con un proceso de reconstrucción muy difícil y después de 60 años de guerra parece y tenemos la esperanza de que el proceso de paz vaya dar resultado.

Con los paramilitares y autodefensas, que incluso llegaron a estar legalizadas como cooperativas de vigilancia, se terminó con una negociación político - judicial que estableció Álvaro Uribe.

También lo enfrentamos quitándole la base que son los jóvenes, quienes sino encuentran una oportunidad en lo legal la van buscar en lo ilegal.

En Colombia fue muy fuerte la vinculación entre el narcotráfico y el gobierno...lo sigue siendo, lograron tener la tercera parte del Congreso y financiar una campaña presidencial.

Ha penetrado fuerte las estructuras, necesita esos lazos para fortalecer su poder.

Y en el caso de los políticos, puede ser por coaptación, amedrentamiento y amenaza. Difícilmente en Latinoamérica alguien ha amenazado tanto la democracia como el narcotráfico.

Pero hay que decir que existen tres grandes negocios detrás de la venta de drogas que son la fabricación de armas, precursores químicos y el dinero de la banca mundial. Todos que casualmente benefician a los países en desarrollo y nosotros tenemos que cargar sus muertos.

¿Qué poder puede oponer la ciudad ante eso?

Empezamos a ver lo que podría llamarse luz al final del túnel. Hace 20 años cuando decidimos colectivamente empresarios, universidades públicas y privadas, iglesias de diferente índole, organizaciones comunitarias y sector público unirnos en mesas de trabajo para empezar a hablar de eso sin tapujos, buscar soluciones y la capacidad instalada ciudad.

La delincuencia encuentra menos terreno en abonado, en sociedades más fortalecidas en que hay mayor compromiso del empresariado con la sociedad, ya que donde el empresariado se hace pendejo o donde la comunidad se hace la tonta el narcotráfico se beneficia mejor.

"Tienen muchas empresas y son una ciudad industrial, eso debería ser la clave para la reconstrucción del tejido social".

¿La cultura es la panacea?

Nosotros centramos toda la transformación de Medellín en cuatro elementos: una política pública de transparencia, un combate a la corrupción en todos los niveles, un énfasis en la educación pública y un énfasis en la cultura.

En ese sentido, la cultura no como ornamento o espectáculo, sino como factor de reconocimiento de nuestra memoria, construcción de valores, transformación e identidad.

En Medellín nos ha servido mucho saber lo que hay en nuestros barrios, esos proyectos culturales de raperos, grafiteros, teatro comunitario y gente que hace gestión cultural con o sin el Estado.

Algo que pasó cuando llegue a la ciudad fue que me tocó ver el baile de los viejos en la Plaza de Armas y quedé maravillado, eso debería anunciarse en el aeropuerto de la ciudad porque es un gran patrimonio cultural.

¿Qué pasa cuando los políticos no ven la cultura como debe ser tomada en cuenta?

Casi ningún político o gobernante ha sido capaz de ver la importancia de la cultura para la transformación de sus sociedades.

Primero hay que mostrarles y eso ha sido un error de quienes trabajamos en la cultura, nos quedamos solamente en la cultura culta.

Hay mucha soberbia en la clase política, hay miedo de los organismos ciudadanos, tienen muchas cosas que decir y los alcaldes tienen mucho que escuchar, ¿Qué hacer con eso?

Lo único que se puede hacer es construir espacios de relación directa.

A medida de que el gobierno escuche más a su ciudadanía, reconozca procesos sociales y culturales y  logre sumarlos tendremos mejores resultados todos. La sostenibilidad depende de la apropiación de la gente.

Y cualquier gobernante que no vea la cultura como clave en la transformación está cometiendo una estupidez, pues desaprovecha un espacio de relación con su sociedad.

¿Nos estaremos haciendo pendejos?

Creo que en nuestras sociedades nos hemos hecho los pendejos durante mucho tiempo. Nos hemos demorado mucho para buscar soluciones y la experiencia de Medellín, nos dice que solamente cuando llegamos muy abajo en nuestros indicadores vitales empezamos a buscar salidas.

Lo contrario a la inseguridad no es la seguridad sino la convivencia que se construye con proyectos educativos, culturales y sociales. Durante 20 años de guerra el gobierno de Colombia invirtió  lo que en dos mil 100 años le corresponde a la cultura.

¿Qué impresión te da esta ciudad?

De Coahuila y Torreón solamente conocía dos cosas: uno las noticias que nos llegan por la violencia y últimamente información de la Dirección de Cultura Municipal.

Pero si en una ciudad tiene esto, el baile de los ancianos en la plaza principal y ha logado preservar y resistirse en el espacio público en las peores épocas, merecen nuestro reconocimiento, valoración y potenciación.