El pasado del Pastor y el camino a la redención

Jorge Juárez tuvo una juventud complicada y hasta cierto punto ilegal. El alcohol, las mujeres y las drogas formaron parte de su vida, hasta que en el cuarto de un hotel, una misteriosa voz lo ayudó.
El pastor Jorge Juárez comparte su historia de conversión.
El pastor Jorge Juárez comparte su historia de conversión. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

Ya cuando vivía solo en el hotel López de la Alianza, tocó fondo. Se preguntaba que cómo era posible si tenía su casa y su familia él vivía solo. La mayoría de lo que ganó en esa vida, se le fue en drogas.

"Recuerdo una ocasión en la que fui a trabajar con "alguien", así le decíamos. Traía bastante dinero, una pistola, una pelotota de droga y dos six de cerveza. Subí al cuarto y escuché una voz que me decía: mátate, no sirves para nada, mátate", dijo.

Pensó que se estaba volviendo loco, pero la voz le siguió hablando. Le preguntó que dónde estaba su madre, su esposa, sus hijos, sus hermanos, y de nuevo le decía que se matara, porque había mucha gente a la que había dejado sufriendo.

"Traía bastante dinero, una pistola, una pelotota de droga y dos six de cerveza. Subí al cuarto y escuché una voz que me decía: mátate, no sirves para nada, mátate"

"Tomé la determinación y dije, sí es cierto. Tomé el arma, corté cartucho y me la metí a la boca. Iba a disparar y escuché otra voz hermosa, preciosa, creo que era Dios, y me dijo "no te mates, quiero tu vida, si no la quieres, entrégamela a mí", y le dije que si era Dios, que no era posible, porque Él no existía", expresó.

El pastor Juárez Rangel cree que los vecinos del cuarto de hotel han de haber pensado que estaba loco porque se peleó con Dios a gritos.

Le hizo reclamos, porque le permitió vivir sin su padre, sufrir la infancia en la orfandad, con sus zapatos y pantalones rotos, haberle dejado hacer brujerías, fornicar, andar de adúltero.

"Me dijo que sí existía y que me amaba. Hice unas rayotas de coca y le dije que Él no existía y que si era cierto, me impidiera drogarme, me metí una raya y luego la otra. Se me atoraron en la garganta y le di un trago a una cerveza para que bajara", sostuvo.

Dijo que a parte comenzó a vomitar. Volvió a hacer dos rayas y las tomó y de nueva cuenta, vomitó.

Con la cocaína no se puede dormir, y el afirma que se quedó dormido. Se despertó llorando. Ya tenía 35 años y volvió a escuchar la voz divina que le decía que Dios lo amaba.

Bajó de la habitación, tiró la droga, las cervezas, el dinero y la pistola. Reconoció que esa experiencia fue porque alguien estuvo orando por él, y que los cambios que Dios tiene para uno, son a la edad que sea, pues Él siempre está esperando a recibirnos con los brazos abiertos.

"Necesitamos mucho de Dios. Hay mucha gente que quiere salir pero no puede. El que anda drogándose el que anda ahí, es porque algo trae", aseguró.

Rememoró la entrada de Jesús en el Domingo de Ramos, en un burrito, y afirmó que le ha preguntado que por qué lo hizo de esta forma.

La respuesta: primero para que se cumpliera una profecía bíblica de Zacarías, que marca que el Mesías iba a entrar cabalgando.

Luego, la metáfora de que sí, somos burros, y nos quiere desatar para usar nuestras vidas. Las ataduras pueden ser en toda la amplia gama que permiten los siete pecados capitales. E incluso más triviales, pero nos impiden muchas cosas.

"Cuando entré por primera vez a una iglesia cristiana me daba vergüenza, de qué iban a pensar y empezaron a decir que ya era de los arrepentidos. Yo les decía que nomás estaba yendo", dijo.

Pero la mamá del pastor no lo quiso. "Hasta rechazado por mi madre".

Buscó a su ex esposa, a quien le hizo muchas maldades. Por ejemplo, le metió el carro adentro de la casa. "Dios me perdone, llegué a golpearla, la metí a una alcantarilla, la mandé desnuda y golpeada. Ella me tenía mucho miedo". Incluso -dijo- fue a dar a la cárcel por eso, pero más tardaba en entrar que en salir.

Y cómo no. La esposa incluso lo intentó regresar con su suegra, porque temía que se le muriera un día por sobredosis y la fueran a inculpar. Pero la mamá del pastor no lo quiso. "Hasta rechazado por mi madre".

Llegaba la noche y se enfrentaba a la realidad. Buscaba los bares y cantinas que se quedaban abiertos hasta tarde para poder hablar con alguien y tratar de seguir llenando ese vacío, hasta el episodio del Hotel López. De esos amigos, ya prácticamente todos murieron. Los que están vivos, están en el Cereso.