Un ‘Jesucristo’ que ayuda a drogadictos y juega futbol

Ray es parte de una familia tradicional del Barrio de San Miguel, trabaja en el calzado, juega futbol y personifica a Jesús

León, Gto

Jesucristo se apellida Villegas Terrones y el viernes lo crucificarán... por octava vez.

Ray Israel no es actor de oficio, trabaja como diseñador y supervisor de calidad en la empresa familiar de calzado. Hacen zapatos a la medida y al gusto del cliente con un método artesanal.

Los Villegas son una de las familias más arraigadas en el barrio de San Miguel, donde se hace la representación de las tres caídas desde hace más de un siglo. Si uno pregunta en el Mercado Principal de la colonia, pronto alguien dará señas para localizarlos. Son doce hermanos y dos de ellos han sido Jesucristo en el vía crucis.

Ray Israel Villegas Terrones regularmente se afeita y usa una coleta de caballo. A finales de año deja crecer su cabello ondulado y unas semanas antes de los días santos, la barba le ha cerrado. La imagen se acerca ya a la que tenemos de Jesús en la tierra.

Solo verlo, uno distingue que está frente al protagonista de la puesta teatral callejera más importante del rumbo. El barrio de San Miguel presume tener el vía crucis más longevo de la ciudad. Este año será la ocasión 111 que lo representen y la octava que repite protagonista.

Israel ha estado ensayando desde principios de enero. La tradición es una iniciativa ciudadana. La Parroquia de San Miguel no aparece como organizadora, ni se trata de un grupo cultural como tal. Son simplemente decenas de entusiastas preservando la conmemoración. Dos veces por semana acude a un local de la calle Centenario y bulevar Torres Landa. Ahí repasan los diálogos, las posturas, el trazo y hasta las caídas. El objetivo es darle el mayor realismo posible. Y lo logra, en los videos que registraron la más reciente representación se ven personas gritando y llorando cuando los actores que interpretan a los soldados lo azotan con látigos de carnaza. Ya hace unos días probó su resistencia y su espalda ya acusa algunas marcas. Nada en comparación a las que le quedarán el viernes santo.

La preparación tiene la parte física y mental. Para lo primero entrena en el gimnasio comunitario. La cruz pesa 95 kilos y debe cargarla por sí solo durante el camino de esta. "Lo mental es lo que más cansa. Las encomiendas que la gente nos hace son más pesadas. La parte espiritual es la más importante", confiesa. Sus vecinos se lo toman tan en serio que le hacen peticiones. Los enfermos le piden que rece por ellos. Le tienen fe. Es muy respetado en la comunidad.

Alterna su trabajo, la familia y los ensayos con pláticas para ayudar a jóvenes con problemas de drogadicción. Guía retiros y los aconseja.
Para hacer este papel también se debe tener solvencia moral.

"Es un testimonio de vida. A lo mejor la gente te ve el día de las tres caídas, pero siempre se queda con esa imagen. Por eso uno debe tener ese testimonio, personifiques o no a nuestro señor", revela.

Coincide su hermano Martín, quien hizo el papel durante 15 años antes que él. "Tienes que adaptarte a un patrón de vida mesurado, tranquilo y sobre todo buscar lo que él pregonaba que es una vida de amor", platica. "Hay que prepararse espiritualmente. No puedes hacer un papel de esa magnitud si no estás viviendo acorde a ese personaje", agrega. Martín también trabaja en "El Changarro", el negocio de calzado artesanal donde producen sobre pedido desde botas para elementos del Estado Mayor Presidencial hasta las botas tribaleras o calzado para diabéticos.

Ray considera que este rol le ayuda en su labor social de todo el año. "Afortunadamente, aparte de mi personificación de nuestro Señor, todo el año mi trabajo es en retiros para jóvenes drogadictos. Interpretar al nazareno es un escaloncito más para poderme acercar a ellos", confiesa. El barrio de San Miguel es uno de los que tiene más pandillas y problemas de inseguridad de la ciudad. Es un sitio bravo, pero de gente buena y trabajadora.

Los niños son parte del montaje. Si no fuera porque hay un interés del público infantil, la tradición ya se habría extinguido. Gibrán, sobrino de Ray, que tiene 10 años de edad, ya ha sido judío en representaciones pasadas.

Ray cuenta que solo al verlo los bebés le estiran las manos y él se conmueve. "Yo me la creo y me emociono porque si uno pensara como los niños, este mundo sería más bueno... sin maldad".

El Jesucristo de San Miguel ya tiene su atuendo para la personificación. Una túnica de manta, unas sandalias que él mismo hizo, un sandal y una corona con espinas de mezquite que se le encajan durante la procesión. En la frente se le notan pequeñas marcas. La manta tiene manchas de sangre que no se borraron desde el año pasado y que no ha tenido tiempo de limpiar, pues apenas le devolvieron el vestuario. Sus vecinos se lo piden durante todo el año como una reliquia a la que le dan valor.

Cada quien confecciona su vestimenta con sus propios recursos. También eso se ha perfeccionado con el tiempo. Por ejemplo, los soldados centuriones ya portan escudos de latón y cuero.

Ray Israel sabe que el Viernes Santo terminará exhausto y lastimado por los azotes que le darán en la cara, espalda y pies. Es un vía crucis con altas dosis de realidad. Los más de tres mil asistentes se conmoverán, algunos llorarán y no faltará como cada año aquel que rete a golpes a los soldados romanos que maltratan a Jesucristo. Entonces Israel sabrá que habrá valido la pena.