CRÓNICA | POR VÍCTOR DURÁN

Afición rejuvenece al Estadio Tamaulipas

Hace seis años el equipo de la Jaiba Brava logró estar en una final y hace 15 logró un ascenso.

Tampico

Era cuestión de ir a vivir, a sentir, a sudar, a oler, a dejarse llevar por esa emoción y pasión sui géneris que tanto platican compañeros de trabajo, amigos, familiares y todas las fotografías y videos que circulan en redes sociales.

La ocasión lo ameritaba por partida doble. La primera, el Tampico-Madero se juega el pase a una nueva final, en su lucha por otro título en su palmarés, y de nueva cuenta en la Segunda División, pero también se juntaba con el aniversario 50 de esa vieja pero siempre añorada y querida casa, el Estadio Tamaulipas.

No por algo en la semana hubo una lucha feroz por obtener un boleto, fueron 25 mil los privilegiados a la fiesta, la mayoría constantes seguidores que desde hace año y medio agotan el boletaje, si no es en su totalidad al menos en un 80 por ciento en cada juego. Esos que con argumentos refutan a sus detractores y su frase de "esto es solo una moda".

Son ellos quienes empiezan a poblar la grada 3 horas antes del juego. La llamada sección de Sombra queda sin lugares en media hora. Pero al ingresar a la fortaleza celeste uno puede detectar el por qué llegó a sus Bodas de Oro, a su mitad de siglo.

El desgaste es evidente, en paredes, escaleras, muros, accesos, baños, inclusive los palcos. Las taquillas están llenas de basura, en el olvido, y hay arena al cual las filas sacan vuelta para el ingreso. Y qué decir de las puertas. Pasillos llenos, sin salida para quien queda atrapado.

Pero esa incomodidad que tiene el Coloso de la Unidad Nacional se suple cuando la fanaticada hace su parte. Con porras, banderas, máscaras, rollos y papel picado, con aplausos, con cánticos y con saltos. Esa sensación de que el estadio late, cobra vida y respira es palpable, y es por los propios aficionados.

El recibimiento a la Jaiba Brava y al rival es digno de cualquier escenario sudamericano o europeo. Globos blancos y azules se agitan, aparece el humo blanco, los papelitos vuelan y enormes "telones" aparecen sobre las multitudes, sin olvidar la guerra de porras entre secciones. Nada que pedirle a Boca, a River, al Liverpool, al Barça, al Madrid, a la Juve, al Dortmund.

Y no solo es al principio. Guiados por "La Terrorizer" el estadio tiene una sola voz, un solo ritmo en los 90 minutos. Sabe cuándo alentar al de casa, cuándo apretar al rival, cuándo reprochar la decisión del árbitro. Así entendió el duelo con Pioneros de Cancún que no tuvo brillantez para ser de Liguilla. Fue intenso y tenso, con pocas las ocasiones de gol, pero sí con muchos cojones, sobre todo por los dirigidos por Mario García, entrenador jaibo.

El grito de gol se ahogó, pero la explosión vino con el silbatazo final. Un 0-0 que pone al Tampico-Madero en la antesala de un campeonato, a dos juegos de un trofeo y de ser rival de Potros UAEM por subir de categoría. El júbilo provoca invasión de cancha, inevitable, incontrolable. Así, 6 años después la Jaiba Brava está en una final. Hace 15 logró un ascenso.

Y si esta vez llega es por su leal, entrega y pujante afición, esa que en el aniversario 50, con todo y sus detalles, hace rejuvenecer al Tamaulipas.