Proponen reformas legales y presupuestos para salvar al jaguar

Expertos entregan peticiones a senadores. En las selvas de Jalisco y Nayarit, así como en el norte y el Sureste, las condiciones de vida para la fiera cada día son más complicadas

Guadalajara

El jaguar (Panthera onca), el mayor depredador de la América Tropical y especie con hondas raíces culturales en México, mantiene un estado crítico para sobrevivir en selvas y bosques del país, lo que es aún más complicado en el occidente mexicano, inmerso en una marea de colonización y creación de infraestructura que ponen en predicamento los sistemas ambientales de los que depende el mítico tecuani de los primeros pobladores de la región.

“Se están haciendo esfuerzos importantes para alinear esos procesos a las necesidades del jaguar, bajo la premisa de su importancia como superdepredador regional que permite el mantenimiento de la pirámide alimenticia, y en consecuencia, de la gran biodiversidad; por eso se ha trabajado en el impulso de las áreas naturales protegidas, del establecimiento y la aplicación del seguro ganadero –para pagar animales muertos por el felino y otras especies- y del ajuste de las obras de infraestructura para que se mantengan los corredores ecológicos que demanda el sostenimiento de estos animales”, apuntó Érik Saracho Aguilar, director de la Alianza Jaguar Nayarit.

No obstante, se trata de una lucha desigual frente a los enormes intereses económicos de los desarrollos turísticos y de los modelos agropecuarios vigentes. En eso coincide con los otros expertos sobre jaguar que hay en México, con quienes se reunió en el Senado de la república el pasado 12 de agosto a plantear alternativas para afrontar el reto de la especie. El pasado jueves 27 de agosto, entregaron a los legisladores un pliego con puntos esenciales que se deben abordar: justicia, presupuestos y presencia institucional, para que la preservación sea una realidad. 

En otras partes del país, como Sonora al Norte, Veracruz al este o la selva Maya al sureste, la única pantera americana padece desde la cacería directa, especialmente debido a ganaderos que le adjudican la muerte de bovinos, caprinos y porcinos, hasta la fragmentación de su hábitat.

“Se menciona más el asunto de carreteras, pero el problema es con toda la infraestructura, como lo es la de energía; hidráulica; minería y sobre todo los modelos de desarrollo del campo que merecen ser renovados”, señaló a MILENIO JALISCO Carlos Manterola, de Grupo Anima Efferus, que trabaja en la Selva Maya.

En su presentación ante los senadores, destacó que “el presupuesto del sector ambiental para la vida silvestre debe ser incrementado. En los territorios del jaguar, los programas de desarrollo del campo, y de infraestructura deben garantizar la conservación, la sustentabilidad y el beneficio social […] en los territorios del jaguar, hay obligación de aplicar mejores prácticas en todos los proyectos de infraestructura (carreteras, energía, minería, turismo) a través de algún instrumento legal –alguna norma oficial mexicana- cambio en la legislación, o en su reglamento”.

Se propone “dar mayor peso legal a la vigilancia y castigo por impactos secundarios y acumulativos de las diferentes obras de infraestructura y de las distintas actividades productivas, particularmente en hábitat de jaguar”, así como “dar un mayor reconocimiento legal y apoyo al concepto de hábitat crítico que ya está en la Ley General de Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, así como al concepto de corredores ecológicos que ya está en la ley”.

En resumen, esta semana los expertos han señalado otros puntos esenciales: fortalecer el sector Vida Silvestre con una comisión o subsecretaría encargada de estos temas; hacer eficiente la procuración de justicia para quienes maten jaguar; hacer valer la ley para conservar áreas naturales protegidas, corredores, hábitats críticos, ante las presiones económicas de actividades de hidrocarburos y minería (como ocurre actualmente en la Sierra de Manantlán); “se propone dar un mayor reconocimiento legal y apoyo económico al concepto de hábitat crítico; reforzar la legislación sobre corredores y apoyo a sus habitantes”, e incluir en los apoyos a las unidades de manejo ambiental y vida silvestre (Umas) que estén en corredores, sobre todo a las que se enfocan a proteger jaguar.

“Apoyo al programa de atención a ejemplares de felinos mayores que se tornen perjudiciales; a la investigación del jaguar, particularmente para aquellos estudios que busquen la conservación de la especie en vida libre”; pago de servicios ambientales a predios que garanticen la presencia y conservación del felino, apoyo al impulso de actividades de restauración del hábitat de jaguar y a actividades productivas afines a su conservación.

NUMERALIA

420 jaguares se estima que habitan en la costa occidental de México, que conforman Michoacán, Colima, Jalisco y Nayarit, pero su permanencia dependerá de que se reduzca el impacto de las comunidades humanas en contra de su hábitat y que cese la cacería ilegal del felino, según el censo de jaguar realizado en 2010

100 jaguares se estima que forman la población total de la costa de Jalisco, de acuerdo al mismo estudio, lo que significa una densidad de 2.6 a 5.5 jaguares por cada 100 kilómetros cuadrados y la disponibilidad de presas en grado “abundante”, predominando el venado cola blanca

4,103 ejemplares se estima en ese censo que existen en todo el país, de uno a ocho individuos por cada 100 kilómetros cuadrados, según la zona; 1,800 se localizan en la Península de Yucatán, 550 en el Pacífico norte (Sinaloa y Sonora), 420 en el Pacífico centro (Nayarit, Jalisco, Colima y Michoacán), 670 en el Pacífico sur (Guerrero, Oaxaca y Chiapas) y 620 en el noreste -centro del país (Nuevo León, Tamaulipas, San Luis Potosí, Querétaro e Hidalgo)

20 presas potenciales del felino fueron analizadas por el censo. "A partir de la información generada por los quince sitios, se registraron de quince a 20 presas potenciales, entre ellas coatíes, venados, pecaríes, tepezcuintles, seretes, hocofaisanes y pavos ocelados. Asimismo, las fotos registradas identificaron a cazadores, quienes ejercen una fuerte presión sobre las presas del jaguar. Se ha documentado en otros estudios que al reducir la abundancia de las presas de este felino, aumenta el potencial del conflicto humano-jaguar, el cual, junto con la cacería de ejemplares, constituye una de las principales amenazas para la conservación de la especie"

1987 es el año en que se protegió al jaguar oficialmente en México y desde entonces tiene estatus de "en peligro de extinción". La Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo ubica en la categoría de bajo riesgo, ya que existen poblaciones viables en países como Bolivia, Brasil y Perú. También se encuentra en el Apéndice I de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestres (CITES), y sólo está autorizada su comercialización bajo circunstancias excepcionales.