ENTREVISTA | POR LILIA OVALLE

Héctor Faya Abogado

Abogado como su padre, parece brillar con una luz especial cuando le recuerda. Fue un hombre respetado, pero también muy querido, pues se enfocó en defender siempre a su municipio, Torreón.

Jacinto Faya desde la mirada de su hijo, Héctor

Héctor Faya, abogado, hijo de Jacinto Faya Viesca.
Héctor Faya, abogado, hijo de Jacinto Faya Viesca. (Manuel Guadarrama)

Torreón, Coahuila

Alegre, sonriente, educado. Quienes le conocieron recuerdan así al jurista coahuilense Jacinto Faya Viesca.

Pero estos adjetivos pueden aplicarse al tercero de sus hijos, Héctor, igualmente abogado y también intenso y emocional, tanto, que al recordar a su padre parece resplandecer con una luz parecida.

Con su voz suave y con brillo en sus ojos, Héctor dice que su padre le entraba a todo con una sencillez profunda.

Así como se maravillaba al ver una pieza clásica en un museo importante de Europa, era capaz de maravillarse ante la simple contemplación de un árbol en un paisaje urbano.

"Sabía impresionarse por cosas sencillas de la vida, que fue lo que, creo, le permitió tener una existencia armoniosa".

-¿Cómo ha sido para usted la experiencia de estar presente en la primera entrega del premio al mérito jurídico que lleva el nombre de su padre?

"Para mí es muy gratificante que se recuerde la figura de mi padre, porque él dedicó muchos años al servicio público y a la academia".

"Lo hizo desde Torreón, que es una singularidad porque la gran parte del conocimiento jurídico que se ha producido, se ha logrado en instituciones de educación superior del centro de la República como la UNAM, como el INAP, etcétera".

"Pero los libros de mi papá los escribió en Torreón, muchos de ellos en su casa, en su escritorio y eso la verdad sí es un orgullo para un abogado de provincia, que se atrevió a proponer cambios que se aplicaron para el país".

-En este reconocimiento, ¿qué recuerdos le vienen a la mente? Jacinto Faya es una figura admirada y respetada como abogado pero también fue un hombre muy querido.

"Yo recuerdo de él muchas conferencias que fueron dictadas en diferentes partes de la república, en donde las grandes teorías jurídicas que se estaban manejando para hacer cierta tal o cual reforma él las dominaba muy bien".

"Entonces, me tocó acompañarlo en el Senado, a diversas instituciones públicas, en el teatro de la República, de Querétaro, donde se creó la Constitución de 1917, dando cátedras muy importantes sobre los sistemas jurídicos contemporáneos y los cambios que podían hacerse en México.

"Recuerdo que uno de los cambios que siempre promovió –y estamos en un municipio donde siempre vivió–, fue la defensa del municipio".

"Él impulsó la reforma al artículo 115 Constitucional que promovió y elevó al municipio como un orden de gobierno".

"A partir de esa reforma fueron la Federación, los estados, el Distrito Federal y los municipios. Eso a las ciudades les dio muchas mayores competencias para poder gobernar, y cambió la vida de muchos habitantes de México".

"Eso lo hizo mi papá estudiando y es para mí una verdadera honra ver que una vez que él ya no está, su memoria siga pero para que las ideas de otros continúen dando frutos".

-¿Algo que pudiera compartir de su aprendizaje personal, como su hijo?

"Hay aprendizajes desde el punto de vista humano. Siempre nos enseñó a actuar con una profunda honestidad, con convicción por nuestros ideales, con una convicción por la búsqueda de la justicia y en lo profesional también, siempre nos infundió el gusto por el estudio".

"Él tenía una biblioteca muy grande en la casa y siempre nos metía ahí a estudiar con él, junto con sus libros, y la verdad tengo muchos recuerdos y lecturas que compartí con él, que a la larga formó mi propia vocación profesional".

"A mí en verdad me gusta el Derecho y me gustó desde muy chico, pero no es casualidad porque mi papá siendo abogado, me infundió el gusto desde muy niño".

-¿Cómo dividió el tiempo para estar en casa con su familia y darle cauce a su vocación de abogado y escritor?

"Bueno, pues él logró tener un equilibrio de vida. Muchas veces el trabajo te está comiendo y más bien él adecuó el trabajo al objetivo de su existencia, que fue tener una vida familiar plena y una vida personal importante".

"Te hablo de la vida familiar porque él tenía suficiente tiempo para estar con nosotros, prácticamente todos los días cuando éramos muy chicos, y personal, porque tenía tiempo para pensar, para escribir, para reflexionar y también tiempo profesional, porque dedicó una buena parte a ejercer una labor como servidor público en el Estado, para dictar conferencias en el país y ser notario público".

"Creo que al final a mí me dejó una buena lección sobre el equilibrio de la vida en general por cómo repartió sus tiempos precisamente".

-¿Era un padre de mucha disciplina o era muy relajado?

"Bueno, depende de los temas, en algunos sí era muy férreo y él tomaba las decisiones sobre las reglas que teníamos qué seguir, pero en general era muy relajado".

Héctor Faya Rodríguez concluyó que su padre, Jacinto Faya Viesca, fue un hombre que amó intensamente. Desde el disfrute de las artes, en particular de la literatura y la música –que compartía a la menor provocación como referencia o en una conversación–, pero también la comida, placer que pudo disfrutar en mesas de todo el mundo, desde restaurantes gourmets hasta fondas, en otro país o incluso parado en plena calle.