“¿Qué debemos hacer? Invertir en la cultura”

Jorge Luis Cruz Pérez, titular del Centro de Investigación Pedagógica y Desarrollo Educativo tiene un doctorado en Filosofía y es orgullosamente Tének.
El Instituto de Investigaciones sobre la Universidad de la Educación de la UNAM ya posee su trabajo.
El Instituto de Investigaciones sobre la Universidad de la Educación de la UNAM ya posee su trabajo. (Eduardo Javier González)

Tampico

Jorge Luis Cruz Pérez es doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid; es director del Centro de Investigación Pedagógica y Desarrollo Educativo de la Escuela Normal Superior de Ciudad Madero… y es orgullosamente Tének, de Chontla, Veracruz. Acaba de editar el primer número de la Revista en Investigación Pedagógica y Desarrollo Educativo, donde habla sobre neuropsicoeducación, la filosofía de la educación, análisis de información en investigación educativa, y la dimensión antropológica de los egresados en Psicología y su vinculación con el mercado laboral.

De mil ejemplares editados, la Normal Superior maderense posee menos de 50, y varios de ellos han llegado a manos de los departamentos de investigación educativa, entre otros, de la Universidad Nacional Autónoma de México. El especialista está convencido en que el intelectual de hoy en día no puede ni debe trabajar solo, sino vinculado con universidades e institutos educativos; los pedagogos deben recibir una educación integral para que a su vez alienten el aprendizaje de la cultura, no solo en las aulas, sino a nivel profesional y personal.

¿Dónde estudió?

Estudié el bachillerato en Tuxpan, empecé en un instituto oficial y después fui a uno particular. Ahí aprendí Pedagogía, Filosofía, Humanidades y Administración. Conviví con grandes maestros y me dije “quiero ser como ellos”.Después me decidí por estudiar Filosofía, porque creía que el filósofo sabe de todo, tiene amplia cultura, y me decía “quiero aprender el pensamiento europeo, cómo pensaban griegos, franceses, alemanes”.

Cuando llego a estudiar la licenciatura, me encuentro a otros grandes maestros que me guiaron hasta donde llegué, como un José Benigno Zili, ya jubilado de la Universidad Veracruzana, sacerdote diocesano que estudió doctorado en Bonn, Alemania, gran escritor y maestro. “Quiero ser como él”.

Otro gran maestro que tuve en Veracruz fue Librado Basilio, quien estudió en Roma, hablaba dos idiomas, traductor de los clásicos. Las clases las continuaba en los pasillos, los buscaba mucho. Me enseñó griego, latín, literatura universal, hebrea, latina, entre otras cosas.Recuerdo que era un hombre equilibrado y nunca entendí por qué era así, hasta que leí la Ética, de Aristóteles, y entendí que llevaba a la práctica las enseñanzas de la virtud y mesura en todos sus ámbitos.

Yo tenía 22 años, él 70, así que lo veía como a mi abuelito o mi papá.De Xalapa salí a Guadalajara con la idea de estudiar una Maestría en Filosofía, y aunque digan que eso no sirve para nada, mis maestros y yo vivíamos de la filosofía. Quise entrar a la UDG pero no pude porque para 1989 no podíamos entrar alumnos de otros estados. Opté por integrarme a una universidad particular de corte religioso como es la Univa, al ITESO de Guadalajara que ahora tiene filial en el Instituto Cultural Tampico, con línea de jesuitas y diocesanos en el área de Filosofía y Psicología.

Encontré a los personajes Jorge Manzano Vargas, doctor en Filosofía por la Universidad Gregoriana, que murió en septiembre de 2013, quien me mostró a Kierkegaard en danés, Nietzsche, Emmanuel Kant, los Diálogos de Platón en griego, entre otras cosas.

Otro que encontré de los grandes de la filosofía en México fue Baltasar Castro Cossío, de San Luis Potosí pero desarrollando su vida académica en Guadalajara. Me di cuenta que cuanto más iba avanzando y más me alejaba de la cultura Tenek, más se acentuaba mi espíritu Tenek; recordé el texto de Octavio Paz, “El Laberinto de la Soledad”, cuando se va uno a otro país podrá ser alejamiento físico, pero hay una cercanía cultural, moral y de espíritu, porque mi sentido de pertenencia, de identidad, se arraigó más.

Primero decía “qué padre que me voy de la cultura Tének porque me limita”, y ahora siento que tener esa identidad me ha dado mayor fortaleza cultural, espiritual, intelectual, y cada vez los quiero más. 

Como que es un proceso natural de la vida, que uno primero quiere zafarse del origen, pero acaba regresando a él con más conocimiento…

En Europa me topé con Fernando Savater, Julián Marías, Pierre Bourdieu, de los que Jesús Martín Barbero llama “la industria cultural”, a Manuel Martín Serrano con la teoría de las mediaciones en la Universidad Complutense de Madrid, me adentré a las ciencias de la Comunicación, prensa comparada.

Eso lo fu adquiriendo con el afán de obtener un ingreso y poder sostener mi carrera, si bien estaba becado por el Gobierno Federal pero solo me daba para la colegiatura, pero para comer me tocaba a mí.Haber aprendido griego, latín y otros idiomas fortaleció la parte del Tenek, del náhuatl; había cosas que escuchaba en náhuatl que no entendía, y ahora sí. Cuando estuve en Europa no solo vi a los Tenek y a los Náhuatl, sino a todo mi país, a todos los mexicanos.

Me sentí representante de ellos, hice un buen papel. Hay un buen recuerdo que llegó alguien de Chontla a Francia y España, y comentó la filosofía Tének.

En la pasada Feria del Tamal en Madero di la conferencia “El tamal, alimento de los dioses” y hablé de la filosofía Tének; llegué a Montpellier a dar un curso de Filosofía Náhuatl como parte de los trabajos de investigación requeridos.Me dediqué a la escritura, tengo varias publicaciones, varios libros en el área de Filosofía, Sociología, Superación Personal; me apasionan la lectura y la escritura; ahora estoy revisando a Daniel Cassany y su libro “Afilar el Lapicero” para ir formando al escritor académico.

Y ahora viene con la Revista de Investigación para el Desarrollo Educativo…

Siempre he sido un apasionado de la educación, no la básica porque debo reconocer lo que digo a mis maestros: yo tenía una plaza federal para 1992 y no tardé ni dos horas en el aula, yo daba la clase de Español por mi perfil en la secundaria.

Terminó el receso y le dije a la directora: “Maestra, aquí está la lista, los libros, no sirvo para profesor de secundaria”; “pero maestro, es una plaza federal completa, te vas a jubilar”. “No me importa, no sirvo para maestro de secundaria”.Y me fui, pero sirvo para maestro de licenciatura, maestría y doctorado.

La docencia y la educación me lleva a esto. Con esta revista me ha gustado mucho la investigación en el área educativa; mi línea es en el área de Historia, Filosofía y Sociología, y Políticas Públicas en la Educación. 

De 1998 hasta 2002 llegué a ser coordinador de asesores de la Secretaría de Educación de Jalisco, y fui director de Educación Superior en dicho estado, donde veía asuntos de universidades e institutos tecnológicos.Me empapé de la política educativa y me ha apasionado esa parte.

Por lo que veo de su ejemplo, la cultura es rentable…

Uno vive de la provocación, como el periodista vive del periodismo.

A mis alumnos les digo que vivo de la filosofía, me encanta y vivo de lo que me gusta. Me gusta platicar con periodistas, políticos, empresarios, estudiantes, maestros, porque tenemos tema para todos. 

Pero para ello, ¿qué tenemos que hacer? Estar actualizándonos, estar invirtiendo en la cultura.

El intelectual ya no es individual, trabaja en grupo, se integra a las redes, debe estar a la vanguardia, hay que ir junto con la tecnología. Si no, quedamos obsoletos.