Invaden “elefantes blancos” zona metropolitana

Falta de visión a largo plazo y nula coordinación administrativa las causas, señala especialista.
En avenida Mariano Otero y López Mateos, el predio donde se construía una torre luce desciudado
En avenida Mariano Otero y López Mateos, el predio donde se construía una torre luce desciudado (Carlos Zepeda)

Guadalajara

No se trata de una especie en peligro de extinción, tampoco de una exótica raza de paquidermos, se les llama elefantes blancos, construcciones que fueron creadas como promesa de atender la necesidad ciudadana pero que hoy se pueden ver como ornamenta urbana de esta ciudad, espacios físicos sin utilidad alguna.

Muchos de estos proyectos fueron anunciados con bombo y platillo en eventos protocolarios en los que los funcionarios públicos involucrados hablaron de la aportación que darían a la ciudadanía a través de la obra anunciada o recién inaugurada.

En algunos casos la población pudo hacer uso de estos lugares durante algún tiempo y fue la falta de mantenimiento, funcionalidad, éxito o seguimiento lo que los convirtió en proyectos fallidos, otros solamente abrieron sus puertas para la visita de los funcionarios durante la inauguración y nunca más.

La función, al menos para la cual fueron creados lo que ahora son **elefantes blancos, es tan diversa como los lugares en los que se encuentran, bien pueden ser unidades médicas, centros culturales, módulos de policías, incluso ambiciosos proyectos situados en municipios como Guadalajara, Zapopan o Tlajomulco.

Para el Dr. Alejandro Mendo, del Departamento de Hábitat y Desarrollo Urbano del Iteso (Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente), uno de los principales problemas y por lo cual estos proyectos han fracasado, es la “falta de visión a largo plazo de las administraciones públicas para concretar un proyecto de ciudad que se prolongue en el tiempo y le dé solidez a la zona metropolitana”.

Otra de las causas señaladas por el investigador urbanista es la impunidad en el sector público, pues aunque algunos de estos proyectos contaron con millonarias inversiones y se hundieron en el fracaso, jamás se fincó responsabilidad administrativa alguna.

“Se requieren reformas jurídicas en materia urbana, vemos casos como el proyecto impulsado por el Ayuntamiento de Guadalajara del teatro Variedades que hoy por hoy es un galerón vacio hasta butacas se compraron y ¿dónde quedaron?, hay uno que otro evento ahí pero no funciona como fue anunciado”.

Desde la plaza tapatía a las obras panamericanas

Inaugurada en febrero de 1982, durante el gobierno de Flavio Romero de Velasco, la Plaza Tapatía fue anunciada como la magna obra de la ciudad que significaría el cambio de la antigua, a la moderna Guadalajara, un área pública que conectara el Centro Histórico entre zonas habitacionales y comerciales.

Vecindades, edificios y comercios fueron demolidos con la promesa de que las nuevas edificaciones les darían a los jaliscienses un espacio público de magnitud comparada por sus impulsores con la Plaza Roja de Moscú.

Hoy la Plaza Tapatía es un corredor de ambulantaje que impide apreciar la arquitectura de la zona, así como negocios cuyo producto, como perfumes de imitación y tiendas de ropa, distan de representar el proyecto cultural que en ese entonces fue anunciado, muchas de las plantas de los edificios que rodean la plaza Tapatía se encuentran ocupadas por oficinas gubernamentales o en algunos casos sin espacios sin uso alguno.

En el mismo año de 1982, en el mes de diciembre, ubicado en Periférico Norte, abrió sus puertas el Centro de Ciencia y Tecnología Planetario Severo Díaz Galindo, miles de niños acudieron año tras año para aprender de manera lúdica ciencias como física y astronomía.

En su inicio fue administrado por el Ayuntamiento de Guadalajara, posteriormente, en 1998 se conformó para tal efecto un patronato, sin embargo las actividades y eventos que se realizaban en el inmueble no se actualizaron y dejaron de ser atractivas para las empresas que financiaban la operación del Planetario, por lo que en 2009, tras el cierre discrecional, personal del ayuntamiento comenzó a desmantelar las instalaciones.

En 2005, el gobierno del Estado promovió la construcción de la llamada “Torrena”, una edificación de casi 350 metros de alto situada en los cruces de Mariano Otero y López Mateos que albergaría un centro de telecomunicaciones, teatro, salas de audiovisuales, mirador, y diversas áreas de entretenimiento, sería la torre más grande de América Latina, dijeron.

Actualmente las obras lucen abandonadas y los 350 metros se reducen a un socavón de más de 500 metros cuadrados en el suelo y un conflicto vehicular que parece haber sido herencia de una planeación fallida a la que inversionistas nunca apostaron.

Pero si de proyectos fracasados se trata, uno de los que quizás mayor repercusión ha tenido en Jalisco debido a la millonaria inversión que requirió y la opacidad que envuelve el proyecto, fue el de las villas y estadios panamericanos.

Algunas de las construcciones que fueron sede de competiciones panamericanas son rentadas a clubes privados como intento fallido de financiar su mantenimiento, mientras que las Villas Panamericanas en las que cientos de deportistas descansaban antes de su participación en los juegos de 2011, se ven envueltas en temas de contaminación, fraude y no tienen un proyecto vigente de utilidad y sustentabilidad, por lo que su futuro de acuerdo a expertos en desarrollo urbano es “incierto”.

Centros de salud, centros culturales y algunas obras en diversos municipios siguieron el camino de los antes mencionados, en todas ellas en conjunto se invirtieron cantidades que incluso resulta complicado determinar con exactitud debido a que mucha de la información sobre estos proyectos es incierta.

Miles de millones de pesos flotan entre la falta de coordinación con dependencias estatales, la desatención de los propios funcionarios o el olvido de proyectos iniciados por administraciones opositoras, mientras las necesidades de la ciudadanía no solo se mantienen latentes, sino que crecen conforme la mancha urbana lo hace.

El investigador Alejandro Mendo señala que cada proyecto fracasado es un escalón que deja de subir la ciudad en cuanto a competitividad se refiere, obras magnas que hoy son un riesgo en seguridad pública y salud, obras menores que parecen ornatos dentro de conjuntos habitacionales, obras que hoy están reducidos a ladrillo y una millonaria idea  que parece haber sido olvidada.

CLAVES

Otros elefantes blancos

Casa de cultura tecolote en Tlajomulco

No opera desde noviembre 13 de 2013, día en que el alcalde acudió para la inauguración del inmueble

Puerta Guadalajara

Hoy conocido como Iconia, el fallido mega desarrollo ha sido criticado por urbanistas que auguran el mismo fracaso al nuevo proyecto debido a que aunque le cambiaron el nombre, no fueron subsanadas las fallas de origen en el proyecto

Módulos de policía

Abundantes en la Zona Metropolitana, decenas de módulos que permitirían un acercamiento por parte de los cuerpos de seguridad y la ciudadanía, han sido abandonados y algunos de ellos vandalizados.

Centro de salud Lomas de Tejeda, Tlajomulco

Inaugurado en 2010, el inmueble permanece sin abrir sus puertas a la población que reclama servicios de salud

Parque Mirador Dr. Atl

Administrado por la dirección de Parques y Jardines del municipio de Zapopan, el parque se encuentra en condiciones deplorables y las actividades realizadas en este lugar son cada vez menos por lo que actualmente apenas logra una afluencia de mil visitantes al mes 

Centro Supera

25 millones de pesos que fueron invertidos en la administración del ex gobernador panista Emilio González para la capacitación de trabajadores fueron tirados a la basura, o para ser más precisos, abandonados en un predio de la ribera de Cajititlán, donde hace un par de semanas personal del DIF Jalisco realizó la mudanza del mobiliario y posteriormente cerró sus puertas.