“Internas y menores viven carencias”

A decir de Patricia Cerda, las condiciones en que viven las madres recluidas en las cárceles del país y sus vástagos, no son las óptimas para el desarrollo de los infantes.
La especialista reconoció que las prisiones no son un lugar apto para el desarrollo infantil.
La especialista reconoció que las prisiones no son un lugar apto para el desarrollo infantil. (Roberto Alanís)

Monterrey

Madres reclusas y sus hijos reflejan carencias al interior de los penales en el país, reveló Patricia Cerda Pérez, investigadora de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL).

La especialista, quien trabaja en un estudio sobre Los Derechos del Infante y las Estancias Penitenciarias, afirma que ante la falta de penales femeniles hay ausencia de políticas de género en los centros de reclusión.

Cerda Pérez mencionó que en todo el país se estima que hay 350 penales, de los cuales 15 son los únicos en donde hay mujeres, en su mayoría en edades reproductivas.

“Estas personas que tienen ahí a sus niños, viven carencias, les faltan artículos indispensables como medicinas, medicamentos, alimentos, espacios y entonces vemos la realidad brutal de que los niños que viven en las cárceles, prácticamente se pasan de 0 a 6 años, en algunos penales de México es hasta los 6 años, en un espacio de metro y medio con muchísimas carencias”, expuso.

Según lo referido por Cerda Pérez, para aplicar políticas públicas en base a los infantes, se tiene que hacer un conteo efectivo de los menores que entran y salen de las cárceles, así como cuántas madres y mujeres embarazadas se encuentran en los centros penitenciarios.

“Se trata de que el niño no esté solamente mudo, que haya una guardería, para que las madres puedan trabajar, porque el propósito es que la madre se reinserte socialmente y que entienda y reflexione los errores que haya cometido y que tenga un espacio para que sus niños conviva con otros niños, un espacio bonito y agradable”, mencionó.

Sin embargo, reconoce a su vez que los penales no son un sitio para que los menores de edad se desarrollen y se eduquen, debido a que los niños y niñas requieren áreas de juego, jardines y espacios familiares.

Para ello, menciona que hay figuras como la familia solidaria, en donde se permite al menor convivir con otras personas mientras su madre permanece en la cárcel, esto sin llegar a la adopción.

“Este es un proyecto muy bueno que se desprende de la ONU, los casos que nosotros tenemos documentados a través de un psicólogo, nos hablaban que eran siete u ocho casos hasta el año pasado (2015).

“Es algo que está poco explorado pero que puede ser una buena solución con todo lo que esto puede implicar, porque implica el uso de un equipo multidisciplinario o seguimientos específicos para el menor, en primer lugar, después para la familia solidaria y por su puesto para la madre, nunca se pierde el vínculo entre el hijo y la madre”, comentó.

Para que el menor pueda hacer la transición de despegarse de la madre, la investigadora indicó que hay métodos de acompañamiento con terapias para adecuarse a los procesos de separación.

Los resultados del estudio que actualmente aborda el tema de la infancia dentro de los penales del país están en proceso y se estiman que sean publicados en septiembre de 2016.

Expuso que la sociedad y la academia tienen en deber ético de apoyar y respaldar a los hijos de las reclusas.