“Instituciones no cumplen con su responsabilidad”

Tienen la obligación de hacer valer los derechos de las mujeres, pero lo primero que hacen es poner en tela de juicio a la víctima.
“No hay usos y costumbres que justifiquen la venta de mujeres”.
“No hay usos y costumbres que justifiquen la venta de mujeres”. (Juan José Estrada/Cuartoscuro)
Entrevista a Silvia Mendoza Mendoza. (Fannia Cadena)

Pachuca

En una condición de pobreza extrema donde obtener 500 pesos resuelve la comida de una semana, se da la compra-venta de mujeres; pero al gobierno le corresponde resolver esas situaciones para tener una sociedad menos desigual y no con ciudadanos de primera, segunda y tercera clase”, afirma  la investigadora del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSHu) de la UAEH, Silvia Mendoza Mendoza, para quien las instituciones no cumplen su responsabilidad con las víctimas.

“No hay usos y costumbres que justifiquen la venta de mujeres, sin embargo, este problema tiene que ver con el valor que la sociedad le da a las afectadas. Si la víctima fuera una importante figura pública,  inmediatamente las instituciones actúan, pero en el caso de una mujer indígena, ¿para quién son importantes? En ley, todo mundo somos igual, pero en derecho no”.

El problema no es la falta de leyes, sino la voluntad política para que se cumplan. La Ley General para una Vida Libre de Violencia contra las Mujeres surgió en 2007 y para este 2014 el Senado de la República aprobó una modificación al artículo 4º, que habla sobre su libertad.

La investigadora afirma que las instituciones responsables de hacer cumplir esa Ley no llevan a cabo protocolos de actuación y el personal no está sensibilizado.  Ellos tienen la obligación de hacer valer los derechos de las mujeres, pero lo primero que hacen es poner en tela de juicio a la víctima.

El primer principio del protocolo de actuación es creer en la víctima, “porque por la cultura mexicana conservadora, para que una mujer denuncie, tuvo que haber pasado por lo menos 10 veces la misma situación”.

Al relatar varias veces lo que les pasó y repetirlo, dijo, son víctimas de violencia institucional.