Indocumentados prefieren la zona norte para pedir

La zona de la vía del tren donde generalmente se acostumbra ver centroamericanos pidiendo dinero para comer, ya no resulta tan atractiva para ellos, ahora prefieren la zona norte.
Los centroamericanos bajan del tren para recorrer las calles de León y pedir que los apoyen con monedas.
Los centroamericanos bajan del tren para recorrer las calles de León y pedir que los apoyen con monedas. (Arturo Andrade)

León, GTO.

En la búsqueda del sueño americano, muchos indocumentados realizan una parada en León, donde la supervivencia los obliga cada día a  buscar  mejores posibilidades. 

Antes pedían dinero al lado de las vías del tren, ahora piden monedas en la zona norte de la ciudad.

“Dicen los compañeros que de este lado está mejor, que acá la gente da más dinero”,  cuenta un hondureño.

En el cruce de Adolfo López Mateos y Alonso de Torres, durante el rojo de un semáforo, él camina entre los autos, pidiendo una moneda. 

Nisiquiera necesita decir que es de Honduras; su piel negra y sus rastas en el cabello no se ven seguido en León.

Como él, otros seis hondureños piden monedas o alimentos a pocas cuadras de ahí, en otros cruces de bulevares, siempre cuidando la presencia de patrullas.

Vendedores locales de panes y flores aseguran que los indocumentados cuidan mucho los cruceros donde piden monedas, además de que corren a esconderse si ven patrullas de la policía.

“No, se recorren un poco,  no se ponen en el mero cruce, para que no los vean las patrullas”, cuenta Julio, un vendedor de pan que trabaja para un anexo de rehabilitación.

Aunque a la Policía Municipal le corresponde únicamente detener indocumentados en caso de que cometan alguna falta administrativa o algún delito, luego de lo cual, los detenidos son entregados al Instituto Nacional de Migración para ser deportados a su país.

En León nunca se ha realizado algún operativo para detener indocumentados en los cruces de bulevares, donde suelen pedir limosna.

El extranjero no dice su nombre, pero acepta platicar en el camellón, a la sombra de un árbol.  Tiene seis días en León y planea estar aquí unos dos días más, tres, a lo mucho, en lo que junta algo de dinero.

Ahí en el pasto del camellón, hay basura de la comida que ha ingerido. Son envolturas de papas y frituras, así como una botella de agua.

“Somos varios compañeros, entre los mismos que llegaron antes y los de hoy, nos han dicho cómo llegar acá en el transporte público”, cuenta el indocumentado.  ¿En la oruga, la verde?, se le pregunta.  “Sí, en la oruga”, responde y sonríe.

Su esposa venía con él. Hace tres meses que salieron de su país, sin embargo, el dolor de no ver a sus hijos y no saber nada de ellos durante estos meses, la hicieron claudicar. Se entregó a las autoridades para ser deportada a su país, cuenta su esposo.

El hondureño va a Estados Unidos.

Dice que no busca trabajo temporal en México porque en todos lados está igual la escasez de trabajo y lo que él busca son los dólares.

Hace casi tres años, él cruzó la frontera a Estados Unidos por el Río Bravo.

“Fue entre piedras y el río, por ahí pasé y tuve miedo de ahogarme, pero yo lo hice por mi familia”, cuenta.

Así, logró instalarse seis años en Nueva York, donde trabajó como músico y percusionista hasta que lo detuvieron por portar una licencia de manejo falsa.  Fue deportado  Honduras hace dos años.

A más tardar el próximo martes, el indocumentado de las rastas espera partir hacia Piedras Negras, Coahuila. Dice que nada más espera juntar un poco más de dinero, y que en esta zona lo logrará.

¿Qué vas a hacer para llegar a Piedras Negras?, se le pregunta.

“Me volveré a subir al tren”, responde.