Incipiente resurrección en Barra de Navidad

Se prevé que en el último tercio del año termine la reconstrucción, pero faltarán las obras definitivas: remover la infraestructura que dañó la playa.

Barra de Navidad

Visión desde lo alto… del hotel Tropical: el sol reina sobre el mediodía de toda la bahía de Navidad, el océano descarga su energía en olas azules que estallan frescas frente a la playa de arenas parduzcas, el viento mece a los manglares y estremece las ramas espectrales de la selva seca.

Era Jueves Santo cuando un velero navegaba apacible hacia la laguna, escoltado por el cerro de San Francisco y por un tropel de gaviotas ávidas de botín; cientos de bañistas se sumían gozosos en el mar aturquezado, mientras un par de chicas se tomaban fotos,  recostadas lánguidas sobre el arenal; un buque con draga extraía azolve y agua desde el estero hacia la línea litoral, donde obreros sin asueto acomodaban piedras; Francisco Javier Sánchez, el Popeye, miraba melancólico. Apenas una jornada más de los 55 años de su vida sobre esta barra.

Cuántos soles que nacen detrás de las montañas y se ocultan en la línea infinita del mar han visto los ojos verdes de este michoacano septuagenario. Su restaurante se derrumbó desde Jova en 2011 y recibió el “tiro de gracia” con Manuel; esa tarde de septiembre de 2013 se rindió ante la evidencia de poderes ciegos e inconmensurables, y se fue a su casa resignado a ver la televisión.

“Me fueron a decir, Popeye, tu restaurante se derrumbó; yo ya sabía que iba a pasar porque vi unas horas antes que el agua pegaba en la cimentación; los escuché pero seguí viendo mi película, era una de Mario Almada”.  

Viejo pescador, conoce al dedillo los tesoros de la bahía y es testigo del modo en que los hombres los saquearon, poco a poco. Son historias de sobrepesca, de construcciones fuera de norma y de sentido común, de talas de manglar y de apertura de hoteles y marinas que modificaron el régimen hidrológico del mayor cuerpo salobre de la costa de Jalisco. Otras víctimas las cobró la naturaleza. A su llegada, en 1959, un gran huracán había devastado una enorme selva de palmeras que nunca regresaron; los últimos años, esas fuerzas impasibles han pasado factura, con un estero lleno de azolve y una playa borrada.

Por eso, Popeye no puede ser pesimista, aunque los del gobierno no le cumplieron la promesa de créditos para volver a levantar su negocio. La intervención con obras de reconstrucción en el litoral, tarde o temprano, va a hacer viables los hoteles y restaurantes que estaban abandonados. “Eso era lo más importante, una inversión que nadie de nosotros podía soportar se está dando por parte del gobierno del estado, y lo estamos viendo, porque esta semana ya vemos que los turistas regresan”, señala contento el restaurantero Jorge Morett García.

Las obras incluyeron inyectar polímeros en los cimientos de los edificios dañados; instalar “geotubos” —gigantescos costales de arena— en el mar, en tres frentes; levantar un muro de piedra en la playa y depositar arena desde el dragado del embalse contiguo. Es una gran inversión de 166 millones de pesos, y que necesitará de seis a nueve meses más para culminar. “Es un trabajo de reconstrucción que es provisional, en un plazo de cinco hasta 15 años si se da mantenimiento adecuado”, señala Jhovany Calderón Carrasco, arquitecto de la empresa contratista Urelift SA. Por su parte, el coordinador de las obras, Antonio Morán Orozco, señala que el comité científico, conformado por investigadores de la UdeG, la UNAM y el Instituto Politécnico Nacional, será el que defina si se remueven estructuras para hacer permanente la recuperación: habla del conchero ubicado al interior de la laguna, y sobre todo, del gran espigón  construido a fines de los años 80 para propiciar la marina de Isla de Navidad. Fue ese gran muro de piedra el que desvió la corriente que alimentaba la barra. La erosión marina hizo lo demás. Hoy el esfuerzo es resucitar a un muerto, “ai la llevan”, dice un comerciante que recorre la playa atiborrada.

Era Jueves Santo y en el tianguis del pueblo, un comerciante de discos pirata cambiaba música de Shakira y vendía discos no olvidados de un Julio Iglesias para muchos desconocido. Los bañistas compraban cerveza y botana en el Oxxo, los autos llenaban las calles, pero el caos era anulado por el triunfo supremo del ocio universal. Desde lo alto del hotel Tropical, unos pocos miraban al dios Sol y sus obras.

:CLAVES

EL REGRESO

Algunos miles de turistas han regresado, como lo hacían año con año, a la playa parcialmente reconstruida de Barra de Navidad. Los restaurantes y hoteles comienzan a operar de nuevo, pero el vecino asentamiento de Melaque se lleva la mayor parte de los visitantes

En la llamada “Costalegre” de Jalisco opera un grupo preventivo de diversas instituciones para atender las necesidades de los turistas. Hay cerca de 30 playas en los 315 km de litoral de Jalisco