“Igual nos podríamos encontrar un náufrago”

Dos hora de recorrido sirven para proteger a la especie y daños ecológicos.
La basura que han dejado los frentes fríos sigue presente.
La basura que han dejado los frentes fríos sigue presente. (Jesús Jiménez)

Madero

Es domingo por la mañana, aproximadamente las 7.30.

El día es nublado y fresco, agradable. 

La ropa es tal como me dijeron, “pantalón de mezclilla, botas, suéter y un gorro para cubrirte de los rayos del sol”. 

Ulises, Rodrigo y Roberto ya están donde acordamos.

Desayunamos rápido unas “tortas chencho y un chesco” para acomodarnos en la ‘cuatri’. 

Antes de montarme en la cuatrimoto recibí algunas indicaciones de seguridad, por parte de Rodrigo, “sujétate con fuerza de la moto y libera la espalda de tensión”. 

En los primeros kilómetros la frase era “¿liberar mi espalda de la tensión?”; con una velocidad aproximada de 30 kilómetros por hora inició el camino hacia la zona norte; después de escasos diez minutos el terreno es inestable por las dunas, montañas de sargazo, basura, troncos y conchas de mar que aumentan el recorrido.

Un mal movimiento en falso podría traer consecuencias. 

Conforme avanza la ‘cuatri’ es como si fueras cabalgando un caballo. 

“Abarcaremos los 24 kilómetros que conforman playa Miramar, donde buscaremos rastros de alguna tortuga muerta, nidos depredados, y en algunos casos para reportar cualquier contingencia como manchas de petróleo, o animales de cualquier especie lastimados, igual nos podríamos encontrar algún náufrago”, me explica Roberto, coordinador del campamento CONANP y guía.

En un día normal, dos cubren el recorrido, el tercero se queda en el corral, “le da mantenimiento y está al pendiente de alguna inclemencia ambiental, por ejemplo reparar cuando la malla se zafe, o evitar que los cangrejos depreden los nidos”. Todavía no va ni la mitad del camino y empieza un dolor en la espalda.

“Libera tu tensión”- recordé; Luego el primer descanso.

Minutos después el camino hacia la zona sur y la tensión en la espalda. A unos kilómetros paramos. Se ve lo que parece una tortuga muerta y devorada por zopilotes, pero no, un delfín. 

Ha pasado una hora, regresamos al punto de inicio, lo que significa la mitad del trayecto, ”nos falta una hora más para terminar”, me dice Roberto. 

Ahora hacia la zona turística, donde sólo los tortugueros tienen el permiso de la Marina para poder transitar en la cuatrimoto. En esa zona Roberto disminuye la velocidad.

Aunque hay viento se siente calor, el sol calienta mi mejilla derecha. 

Terminan 48 kilómetros y dos horas de recorrido.

“Estoy cansado” le comento y él se ríe, “imagínate, se hacen recorridos 3 veces al día, una cantidad que puede variar según las condiciones climáticas, por ejemplo en tiempo de norte los arribos aumentan, a veces me ha tocado realizar la vigilancia los tres turnos”. 

“No pude liberar la tensión de mi espalda”.