[Historia] Los mineros muertos no siempre se van al cielo

Las ánimas siguen rondando los sitios donde se extrajeron tesoros.
Misterios en lo profundo.
Misterios en lo profundo. (Arturo González)

Pachuca

Lejos en el tiempo, arrumbados en o más profundo de la memoria del pueblo, están aquellas personas que murieron mientras trataban de extraer de las entrañas de la tierra la más preciosa plata. Real del Monte en el siglo XIX sirvió para que varios de estos hombres vinieran con la ambición de volverse rico.

A lo largo del siglo antepasado cientos de personas se alojaron en plena montaña, algunos con más suerte que otros para convertirse si no en millonarios, al menos para dejar la pobreza de sus descendientes; otros padecieron accidentes mortales, pero no por ello dejaron el lugar.

Cierta ocasión, hace ya un siglo, un grupo de mineros entraba en los tantos tiros que siguen existiendo al norte de Pachuca, pero en esa época todavía producían cantidades generosas de plata. Una vez que descendieron una docena de metros en la luz natural desapareció para dejar a las lámparas la guía por esos caminos tan complejos como peligrosos.

Cientos de horas en ese lugar con poca luz harían a los mineros verdaderos topos, capaces de distinguir cualquier cosa en ambiente tan hostil para la vista. Eso no impediría que de vez en cuando se llevaran un susto, por lo que una sombra a lo lejos más que llenarlos de miedo los hizo curiosear.

"¿Quién anda ahí?" preguntó uno de los trabajadores, el más joven de ellos, sin obtener más respuesta que el eco. Como no pasó nada sus compañeros lo instruyeron en estos casos: "No hagas caso a lo que tus ojos te muestran".

Par de minutos después, ya no se trataba de una sombra, sino de una ráfaga de viento, algo improbable debido al lugar donde se encontraban. Aunque nadie lo admitió, todos sintieron algo de nervios. La tensión creció al percibir que con el viento venían ligeros sollozos, gemidos y palabras inteligibles.

De nuevo nadie quiso prestar atención, hasta que las lámparas se apagaron de súbito y las voces se convirtieron en voces desesperadas. Sin nada de iluminación los mineros trataron de salir corriendo, estrellándose entre ellos o con objetos del túnel.

"Ayuda, ayuda, por favor, me muero" escuchaban los pobres mineros, quienes sin oportunidad de escapar alcanzaban a distinguir unas siluetas en medio de la oscuridad. Eran demasiadas para que se trataran de ellos, además de dar manotazos desesperados que incluso los golpearon.

Segundos, minutos u horas. Ellos no saben cuánto tiempo pasó exactamente pero fue eterno hasta que regresó la luz y las voces desaparecieron, lo cual les permitió huir. Al contar la historia pocos les creyeron, pero quienes sí aseguran que son los fantasmas de los mineros muertos.