Don Guadalupe, 30 años limpiando calzado en Gómez

A sus 45 años de edad asegura que es un buen oficio que le deja para comer y vivir, expuso que de ahí a sacado para darle carreras a sus dos hijas.
Guadalupe Mendoza, sentado frente a las sillas de sus clientes, en tanto enjabona unas botas asienta que el trabajo le ha permitido vivir y mantener a su familia con dignidad.
Guadalupe Mendoza, sentado frente a las sillas de sus clientes, en tanto enjabona unas botas asienta que el trabajo le ha permitido vivir y mantener a su familia con dignidad. (Lilia Ovalle )

Gómez Palacio, Durango

Guadalupe Mendoza Triana, tiene 45 años de edad y asegura que cuando menos lleva 35 años lustrando calzado en la plaza de armas en Gómez Palacio.

Sentado frente a las sillas de sus clientes, en tanto enjabona unas botas asienta que el trabajo le ha permitido vivir y mantener a su familia con dignidad.

“No había feria en la casa y había qué salir a buscarla. A mí me enseñó la necesidad. Éste es un buen oficio y deja para comer y vivir. De aquí me casé de blanco, les di quinceañeras a mis hijas, les di carreras. No hablamos de riquezas pero sí para vivir”.

Guadalupe es fiel a su oficio al igual que a su barrio porque dice, nació arriba de un cerro y aunque antes el vandalismo era de piedra, palo y patada, ya superó la alta ola de violencia.

Orgulloso, precisó que su hija de 23 años se acaba de graduar como puericultora en tanto que la de 17 está a un paso de concluir sus estudios preparatorios. Sólo tuvo dos hijas y no intentó buscar el varoncito porque consciente, sabía que al tener más familia las oportunidades se diluirían.

“Tuvimos nada más a las dos para darles un poco más, que a lo mejor no mucho pero sí más. Yo aquí boleo entre 15 y 20 pares de zapatos al día y cobro regularmente 15 pesos, sólo por limpiarlos, como llamamos, por la pura boleada, y me aviento de 10 a 12 horas diarias, o sea que está entre comillas pesado, porque hay que estar las doce horas”.

Con la seguridad de contar con clientes fieles y seguros, don Lupe, que igual sus amigos le llaman Gordo, platica que los días fuertes en su trabajo son los fines de semana, cuando las familias van a la iglesia y quieren lustrar sus zapatos o cuando las parejitas van los viernes o sábados a dar la vuelta a la plaza.

“Trabajo solo y luego me voy a mi casa que está por el Cerro de la Pila, por el fraccionamiento La Esperanza, de unos años para acá está repacífico y pues ahí tiene uno dónde vivir porque me tocó batallar con los locos, los soldados, los de la DEI, y ahí sigo, como quiera”.

Guadalupe es fiel a su oficio al igual que a su barrio porque dice, nació arriba de un cerro y aunque antes el vandalismo era de piedra, palo y patada, ya superó la alta ola de violencia donde los cuernos de chivo aparecieron escupiendo balas.