Proyectos de agua, un historial de abusos en Jalisco

Se presentó ayer el libro Yo vi a mi pueblo llorar, que narra la destrucción de una comunidad  por un megaproyecto frustrado.
Guadalupe Lara Lara presentó su libro Yo vi a mi pueblo llorar
Guadalupe Lara Lara presentó su libro Yo vi a mi pueblo llorar (Agustín del Castillo)

Guadalajara

La gestión de la escasez del agua en el área metropolitana de Guadalajara ha sido errónea, incompleta y abusiva en las últimas tres décadas, sostiene la investigadora Cindy McCulligh.

Coautora del libro Yo vi a mi pueblo llorar; historias de la lucha contra la presa de Arcediano, la experta en temas de agua y resistencia social a su privatización y deterioro, destaca en uno de los capítulos del libro: “la zona metropolitana de Guadalajara es un excelente ejemplo del resultado del mal manejo de las cuencas, con Chapala atravesando crisis por las presiones de uso, principalmente agrícolas, en la cuenca del río Lerma, su fuente alimentadora primordial, y todas las aguas superficiales con algún grado de contaminación, en varios casos ya a niveles muy graves” (capítulo “La gestación de un fracaso”).

Sin embargo, “no se buscó un abordaje integral a la  gestión del agua para Guadalajara. Esto podría haber incluido una evaluación de las necesidades reales del agua, junto con mejoras al sistema actual; la captación y aprovechamiento de aguas de lluvia –el tratamiento y reuso de las aguas residuales, la implementación de esquemas de cobro que desincentivan el desperdicio del agua al tiempo que garantizan el acceso al agua a la población más vulnerable, así como un abanico de estrategias relacionadas para fomentar el ahorro, prevenir la contaminación e impulsar la participación ciudadana-. En cambio, el asunto se redujo a una sola pregunta: ¿dónde construir una presa?”.

De este modo, “la distancia de la ciudad, la geología del sitio, caudales aprovechables y demás elementos del análisis técnico y económico, concebidos de forma estrecha, eran las únicas variables a considerar. En el caso de Arcediano, sin embargo, lo risible del asunto es que aún sin tomar en cuenta los impactos sociales y ambientales, dejando de lado por el momento hasta la calidad del agua […] no cumplió ni con los criterios restringidos aplicados”.

Esto no es nuevo ni privativo de Guadalajara. “La incesante negligencia de las prácticas adecuadas de gestión de las aguas residuales es una clave que llevará al encarecimiento del suministro de agua potable limpia, así como se volverá crecientemente compleja y difícil su gestión”. Sanear no fue prioritario, al grado que se pasó de seis plantas de tratamiento que hacían posible reutilizarla, a sólo dos megaplantas.

“Relevando las causas sociales y políticas de la escasez, la ambientalista de la India, Vandana Shiva, sustenta que ‘la historia de la escasez del agua ha sido una historia de avaricia, de tecnologías negligentes y de tomar más de lo que la naturaleza puede reponer y limpiar’ (2003). En un sentido similar, el español Pedro Arrojo, impulsor de la llamada Nueva Cultura del Agua, habla de una ‘crisis de insostenibilidad de los ecosistemas acuáticos continentales de aguas dulces’, y afirma que el problema global de falta de acceso al agua potable, ‘no procede de problemas propiamente de escasez cuantitativa de aguas, sino de problemas de contaminación de las aguas disponibles […] se ha vuelto cada vez más aparente que estas proyecciones tradicionales por lo general son equivocadas—frecuentemente inmensamente equivocadas.”

Así, en lugar de implementar estrategias de gestión de la demanda, para aumentar eficiencias, conservar y reusar el agua, educar a la población para crear una cultura de conservación e incentivar, por ejemplo, el uso de dispositivos ahorradores en casas y negocios, “la opción es una sola: más agua”. La historia de Arcediano, con el análisis de la académica y la voz de la ex moradora de Puente de Arcediano, Guadalupe Lara Lara, se presentó ayer por la noche en el ex convento del Carmen de esta ciudad. El libro ha sido ya puesto a la venta.