“No podía quedarme con los brazos cruzados”

Manuela Herrera, a sus 66 años de edad, no descansará hasta saber que fue de su hijo Juan José, es por esto que ha acudido a los 13 operativos de búsqueda de desaparecidos de Grupo Vida.
"No he faltado ningún sábado, pero es difícil porque tenemos que protegernos de alguna forma por el calor y los zapatos se nos espinan"
"No he faltado ningún sábado, pero es difícil porque tenemos que protegernos de alguna forma por el calor y los zapatos se nos espinan" (Manuel Guadarrama)

Gómez Palacio, Durango

Cuando le dijeron que las búsquedas de desaparecidos serían de manera personalizada por el Grupo Vida (Víctimas por sus Derechos en Acción) aceptó inmediatamente, pues durante tres años las autoridades no dieron resultados sobre el paradero de su hijo y los seres queridos de sus demás compañeros.

Manuela Herrera Caballero ha acudido a los 13 operativos especiales que desde inicios de año emprendieron y aunque el esfuerzo físico representa una dificultad por su edad (66 años) afirma que no descansará hasta saber que fue de su hijo.

"No he faltado ningún sábado, pero es difícil porque tenemos que protegernos de alguna forma por el calor y los zapatos se nos espinan. Pero no voy a descansar hasta encontrar a mi hijo, no puede ser que no esté en ninguna parte", asevera.

La esperanza de encontrarlo no cambia y tampoco la exigencia hacia las autoridades.

La última vez que supo de Juan José (quien entonces tenía 27 años) fue el 21 de enero del 2012, cuando él y su novia (Tania Sánchez, de 22 años) acompañaban a unos amigos hacia San Pedro, Coahuila. Su automóvil se ponchó en las calles de Francisco I. Madero, el joven solicitó auxilio a sus amigos vía celular y cuando éstos le regresaron la llamada para saber lo que necesitaba nunca respondió.

Durante el primer año siguió el procedimiento de rutina: presentar la denuncia, preguntar entre los conocidos de su hijo y esperar una respuesta de la autoridad. No tuvo ninguna respuesta, decidió buscar una organización que le ayudara más, pues comprendió que "no podía quedarme con los brazos cruzados".

Le hablaron del Grupo VIDA y en vísperas de un 10 de mayo hace dos años los contactó. Y desde que ingresó afirma que no ha estado sola y ha tenido la oportunidad de convivir con gente que pasa por su situación.

"Los primeros días yo pedía por mi hijo y su novia, ahora pido a Dios por todos (los que buscan en el grupo). Tenemos diferentes situaciones, pero es el mismo dolor que estamos compartiendo de alguna forma", comparte.

Manuela Herrera entiende en parte que el grueso de la sociedad no preste atención al problema que la aqueja a ella y sus compañeros, sin embargo no deja de pedir apoyo para que la auxilien a encontrar a su familiar.

"Se entiende porque no han pasado por esta situación y esperemos que nadie más lo haga, sin embargo quisiéramos que todos nos apoyaran de alguna forma en buscarlos y nosotros no vamos a parar", expresa.

En vísperas del Día de la Madre, Manuela seguirá en búsqueda de su hijo desaparecido y en esta ocasión (a diferencia de los últimos tres años) lo hará en un operativo especial con sus compañeros. La esperanza de encontrarlo no cambia y tampoco la exigencia hacia las autoridades.