Gritan ¡Gol! y ¡Salud! desde el Lontananza

Más de 30 ciudadanos, sin importar que fueran las 11 de la mañana, disfrutaban las cervezas y el partido de México contra Camerún, en el tradicional bar del centro de Monterrey.
El bar Lontananza tradicionalmente es beisbolero.
El bar Lontananza tradicionalmente es beisbolero. (Foto: Gustavo Mendoza Lemus)

Monterrey

A las 10:52 de la mañana más de 30 mexicanos ya entonaban el himno nacional frente al televisor. Y junto a ellos, las cervezas recién abiertas ya sudaban en la barra del bar Lontananza.

La cantina con más de 100 años de tradición en Monterrey, se convirtió en una tribuna más que apoyaba a la oncena nacional, que debutaba en la Copa del Mundo de Brasil 2014.

Ubicado en Aramberri casi esquina con Juárez, el Lontananza fue un buen refugio para los peatones que asaban con los 38 grados de temperatura. Eso sí, eran pocos los que caminaban por las calles y menos los autos que transitaban por el corazón de Monterrey.

Incluso en los puestos de comida en el Mercado Juárez eran pocos los que disfrutaban de un menudo, un asado de puerco o de carne asada.

"Es que la gente llega hasta la hora de la comida, mejor así porque vemos el juego", dijo el mesero de un local de comida regional.

El fútbol de México en la cancha de Brasil mareaba a la defensa de Camerún. Por más de 15 minutos los africanos no veían ni por dónde los rebasaba la bola.

Entre las mesas del Lontananza, Mari, la mesera que siempre está por las mañanas, driblaba las mesas con gran soltura, esquivaba los cariños que le ofrecían los consumidores como la mejor, y recorría velozmente la lateral para que la cerveza siempre llegara fría a la mesa.

Los dos goles anulados incorrectamente a Giovani dos Santos calaron hondamente en los clientes del Lontananza.

La madre del árbitro colombiano de la línea uno fue categóricamente recordada. Las 11 de la mañana no eran ningún freno para que las cervezas y los vampiritos siguieran rodando por los paladares sedientos que apoyaban a México.

Tras una hora de intentos, y con dos cantados inútilmente, el bar se llenó de gritos y aplausos cuando Oribe Peralta marcó el tanto del triunfo. El bar, tradicionalmente beisbolero, se convirtió en otra sede más que junto a todo el país celebraba el primer triunfo de México.

"Chingue su madre, ya no voy al jale", gritó uno de los pocos jóvenes que observaban el partido, pues la mayoría de la clientela conocía los mundiales de fútbol desde la década de los 60 del siglo pasado.

Al final, en el Lontananza, desde la radiola "Nueve días", interpretada por Poncho Villagómez, recordándole a los presentes que no hay porque enojarse si desde las 11 de la mañana se anda tomando copas, más si es por celebrar el primer triunfo de México en el Mundial.