REPORTAJE | POR BRENDA ALCALÁ MEJÍA

Las grandes mujeres de Petronilas

Trabajan en el campo y atienden a su familia.

Además administran sus parcelas y hablan más rudo para no sentirse intimidadas desde que preparan la tierra hasta que venden su producto. Antes eran vistas como 'cosa rara' en esta localidad de Matamoros.

Matamoros, Coahuila

En el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, existe la otra figura femenina que se encuentra empoderada, que trabaja en el campo, que administra las ganancias de sus parcelas.

Que tiene, incluso, que hablar más rudo para no sentirse intimidada cuando participa en todo el proceso del campo, que va desde la preparación de la tierra hasta la venta de su producto.

Algunas de las mujeres que residen en el ejido Petronilas, municipio de Matamoros, trabajan sus propias tierras, pero además en la casa, atienden a su familia y se sienten orgullosas de su tenacidad.

A pesar de que los fenómenos naturales no han ayudado en la prosperidad de su actividad, no desisten y no se retiran de seguir trabajando la tierra, su herencia y su forma de vida.

No pueden dejar sus tierras

San Juana Montoya Vélez tiene apenas 37 años y ya es abuela, asegura entre risas que a ella, es su marido quien le ayuda a trabajar las tierras. Sus padres son residentes de esta localidad y ella nació también aquí, donde conoció a su pareja.

Cuenta que hace 20 años, su padre le dio un pedazo de tierra y, desde entonces, ella la trabaja. Señala que algunos años son buenos, otros no tanto.

Recuerda que le fue bien tres años seguidos, por ello decidieron seguir con la actividad, y fue en el 2009 cuando llegó una inundación severa que terminó con toda su siembra.

"Sembramos ya sea melón, sandía o ambas, se nos inundó todo, era demasiada agua que terminó por destruir lo que teníamos ya sembrado. Sí te duele como no, la primera de este tipo de desgracias económicas, es la que más duele. De ella tratamos de recuperarnos, pero no sacamos ni para pagar lo que debíamos. En algunas ocasiones hemos hablado de no seguir trabajando la tierra, sin embargo, ya no me hallo si no trabajo", recuerda.

Además, señala que su esposo se iba a trabajar mientras ella iba al campo, tiene tres hijas y se las llevaba en la camioneta, la mayor de ellas cuidaba a las menores, incluso mientras manejaba, le daba de comer a la recién nacida, las colocaba en una tina grande para que estuvieran junto a ella y no descuidarlas.

"Uno se las tiene que arreglar como sea para atender todo. Mis hijas siempre me acompañaron, mi marido me apoya en todo. Antes sí nos veían a las mujeres en el campo como 'cosa rara', en ocasiones solo iba yo y pues ya que fueron agregándose más mujeres, pues me dio gusto", dice alegremente.

Resalta que nunca le han faltado al respeto. "es que de tanto que anda uno aquí ya nos conocemos casi todos, lo que sí es que estando uno en el campo, tiene que cambiar de tono de voz, hablar más rudo, igual que los hombres para que no nos vean de menos", cuenta mientras carga a su pequeña nieta y atiende la tienda que hace dos semanas abrieron".

Nunca evacuaron

Ella asegura que el trabajo del campo es muy pesado, y prefiere que sus hijos no se dediquen a ello, y por eso junto a su marido, hacen el esfuerzo de darles estudios.

"Unos años son buenos, otros no tanto", dice una mujer de Petronilas.

El pasado mes de septiembre, comunidades como Petronilas, El Sacrificio, El Fresno y El Dólar, ubicadas en Matamoros y otras más de Viesca, fueron evacuadas ante el riesgo de inundación, no todos accedieron al traslado, únicamente mujeres, niños y adultos mayores, pues los hombres se quedaron en sus viviendas para cuidar sus pertenencias o para realizar labores de reforzamiento de los bordos de contención.

"No es cierto eso que dijeron que todas las mujeres nos fuimos. Aquí nos quedamos siete, que no estuvimos dispuestas a dejar nuestras pertenencias, nos dedicamos al igual que los hombres a llenar costales de arena para que no llegara el agua a tumbarnos nuestras viviendas, algunas en nuestros descansos hacíamos ollas completas de café negro, para mantenernos alertas. Otras hacían la comida. Y el caudal del agua no brincó, gracias a Dios", expone San Juana Barco Lazarín.

Ella es otra de las mujeres que se dedican a trabajar en el campo, y asevera: "soy mamá de la labor", así me dicen mis hijos. Ella dice que al casarse decidió ayudarle a su esposo quien se dedicaba a esta actividad. Él al principio manejaba las finanzas, pero dice que llegó un momento en el que le entregó ese trabajo a ella, al ver que era mejor y rendía más cuando lo hacía.

Desde entonces ella sabe perfectamente lo que se gasta, lo que ingresa y lo que se debe.

Manejan desde carromatos hasta camionetas

Destaca que su marido le dice: "nomás me quedo con este dinerito para una o dos cervezas y tú administra lo demás y paga lo que se tiene que pagar". Cuenta que al principio ella y sus tres hijos, además de su marido, se trasladaban en un carromato, después pudieron comprar una camioneta y ella la maneja, pero no solo eso sino también el remolque donde trasladan a la yegua.

"Me quedo con este dinerito para una o dos cervezas. Tú administra lo demás", dice el marido de San Juana Barco.

"Uno se tiene que adaptar, cuando hay gasolina nos vamos en la camioneta, cuando no, caminando, hacemos como 40 minutos. La situación ahora es complicada, esperemos que las autoridades promuevan jornales que no empaten los tiempos en los que vamos a sembrar, pues en ocasiones no podemos trabajarlos porque estamos preparando la tierra".

"Maquiladoras ya no quieren mujeres mayores de 40"

Por su parte, Emma Camacho tiene 47 años y es juez de la localidad de Petronilas, ella también hace labor en el campo, su hijo mayor tiene 25 años, y asegura que poco tiempo después de casarse, despidieron a su marido y con lo que le dieron de liquidación, comenzaron a rentar una parcela, pero ante la imposibilidad de pagarle a alguien, ella tuvo "que entrarle al quite". 

"Cuando tenemos que regar lo hacemos a las cuatro de la mañana, llueva, haga frío, calor, en cualquier circunstancia. Es la única fuente de ingresos que tenemos pues en las empresas maquiladoras ya no quieren a las mujeres mayores de 40. Pero nosotros en el campo no tenemos esa restricción, estamos trabajando como cualquier hombre", declara.

También, resalta que ahí no les faltan al respeto, al contrario, como saben que tienen conocimiento del negocio, las respetan.

Aunque ahora, las cosas están difíciles, pues con el agua se perdió todo, por lo que esperan al siguiente año, para volver a preparar la tierra e iniciar con la siembra. "Dios quiera y haya mejor tiempo", concluye.