Alabanzas a Dios al ritmo de la cumbia

Un par de pequeños hermanos, viaja en los camiones desde Madero hasta Torreón, cantándole a su Dios y compartiendo su fe, con tal de poder conseguir algunas monedas que llevas a su hogar.
De manera regular Jaqueline y Martín toman el autobús de Chávez en plena carretera.
De manera regular Jaqueline y Martín toman el autobús de Chávez en plena carretera. (Lilia Ovalle)

Francisco I. Madero, Coahuila

De manera regular Jaqueline y Martín toman el autobús de Chávez en plena carretera.

Se trata de unidades antiguas donde diariamente se movilizan habitantes desde este municipio y de comunidades rurales de Matamoros, hacia la ciudad de Torreón.

Y cada vez que éstos niños se suben al colectivo sin compañía de un adulto, ella apenas de seis años y él menor de diez, al ritmo de cumbias dictadas por una pequeña tambora, en dueto comienzan a cantarle alabanzas a su Dios.

La recompensa después de cantar, será pasar con las manitas extendidas a cada asiento para que los usuarios les obsequien algunas monedas.

Soportando el zigzagueo de camión en movimiento, la chiquita comienza a cantar y contar historias gloriosas de Jesús de Nazaret, así como súplicas de perdón.

Jacqueline y Martín son hermanos educados en la fe cristiana. Dicen que viven en La Villa y luego de instalarse estratégicamente, él en la parte trasera del autobús y ella en la entrada casi junto al chofer, comienza la niña a cantar a todo pulmón mientras su hermano le dicta la pauta con el "beat" de su instrumento.

Jaqueline es una niña vivaz que de memoria grita a su Dios, en tanto que Martín refiere las hazañas religiosas donde el mal siempre pierde.

"Bajo la sombra de Pedro él sanaba a los enfermos... "Nazareno, oh, oh, oh, oh. Ven señor, te estamos esperando, no tardes por favor porque mi vida se está acabando", se escucha en la voz casi de ardillita de la niña.

Su hermano en el extremo opuesto del camión replica: "Dame fuerzas, dame oh Jesús. Mi corazón de tu amor se llenó por eso canto esta canción, porque eres tú la victoria".

Los usuarios comienzan a sonreír y de manera casi imperceptible, con facilidad son extorsionados emocionalmente al compartir la religiosidad.

Pero también son enternecidos por esta pareja de hermanos que desde su temprana edad deben correr diversos peligros y trabajar para poder conseguir unas monedas que llevarán a su domicilio.