Flamacordis, el templo que ya predijo la inundación de Acasico

En las paredes de la capilla se observa el destino próximo de este pueblo de Los Altos de Jalisco, que quedará bajo el agua de El Zapotillo.

Yahualica

Para el templo del Niño de Flamacordis, ubicado en la parte baja del poblado de Acasico, en Los Altos de Jalisco, la inundación que provocará la presa El Zapotillo en esta comunidad, así como Palmarejo y Temacapulín, era algo visto desde hace muchos años, pues en sus paredes se describe cómo el pueblo es sumergido bajo una abundante agua azul. Los lugareños ignoran quién hizo estas pinturas, limitándose a repetir que éstas tienen al menos un siglo de existencia.

Acasico pertenece en su mayor parte a Mexticacán, aunque la capilla en cuestión, ubicada cuesta abajo de la comunidad, en un terreno accidentado, se encuentra ya en terrenos de Yahualica y son las autoridades de este municipio las que se encargarán de reubicar los objetos de valor histórico que aún se encuentran en el templo, como los restos del padre León Torres, quien en 1903 terminó de construir el lugar y siete años más tarde falleció y sus cuerpo fue depositado en el mismo sitio religioso.

A diferencia de Temacapulín, en Acasico no hay ningún letrero de protesta en contra de la presa y solamente al llegar al templo hay una pequeña pared blanca con un mensaje de reproche por el embalse que inundará esta zona de Los Altos.

El Niño de Flamacordis hace referencia a Jesús cuando era un adolescente y solamente en Acasico y la cabecera municipal de Yahualica se venera a esta figura religiosa.

Las paredes del templo están decoradas en su totalidad con imágenes de lo que parece ser el pueblo de Acasico y la capilla en cuestión, sucumbiendo bajo una abundante agua azul, salvándose solamente las altas montañas que rodean al caserío. En las mismas imágenes, una cruz desde el cielo que se ilumina, se compadece de sus habitantes y un mensaje escrito les asegura la gloria eterna por haber padecido la inundación de sus tierras.

El origen de estos muros decorados nadie lo conoce y si bien la leyenda más aceptada por los lugareños es que hace más de un siglo un indígena fue el autor de la obra en agradecimiento a los sacerdotes que lo dejaron dormir una noche ahí, Rafael Gómez no descarta que se trate de una historia apócrifa. La técnica del pintado y las tipografías empleadas hacen dudar que lleven ahí más de cien años, aunque el deterioro denota, sí, varios años o décadas ya.

Con los pocos habitantes que quedan, en el templo se celebra misa solamente el primer jueves de cada mes y se hace una fiesta patronal al principio de cada Cuaresma.

Dentro del pueblo hay otro templo, con una cruz de concreto hecha por los franciscanos hace tres siglos, como dice una placa informativa colocada por el ayuntamiento. El símbolo se encuentra apuntalado por varillas de hierro debido a su deterioro.

Dejando Acasico y aproximándose de nuevo a la carretera Yahualica-Mexticacán, Rafael nos pide que volteemos hacia atrás y contemplamos el paisaje de montañas y árboles y perdido entre ellos el pueblito. “Hasta acá va a llegar el agua de la presa (señalando un límite imaginario con la mano), para que se den una idea de toda el agua que va a haber”, remata el funcionario.