Farmacias-consultorios hacen 'su agosto' con medicamentos controlados

Ante la facilidad con la que los médicos de este tipo de establecimientos expiden recetas a cualquiera, las autoridades tienen las "manos atadas" porque sin denuncia no pueden hacer nada
Medicamentos controlados
(Gabriela Martínez)

Tijuana

Bastan 0.5 miligramos de rivotril o diazepam y un bote de cerveza, para que Julio, un camillero del turno matutino del Seguro Social, se pierda en los acordes de Jimmy Page o la "música del diablo", como dice él, con la voz distorsionada de Ozzy Osbourne.

Ambos medicamentos son utilizados como sedantes, pero combinados con alcohol u otras drogas, se transforman en un cóctel de desinhibiciones.

"Es como una sensación así de relajación, confianza, todo te vale... todo se me quita, nada me duele... lo malo es que quiero seguir consumiendo más, quiero otra y otra y otra... no, no, bueno, a mí el medicamento sí me gusta mucho. Las pastillas me ponen muy bien", expresó.

De cuando tenía 16 o 17 años recuerda sus horas sentado en el suelo de un cuarto descuidado y decenas de botes con cerveza y botellas de licor. De fondo escuchaba voces desgarradas de los 80 y guitarras feroces. En sus manos también había "cristal", mariguana y rivotril, su droga favorita.

"Con dinero consigues todo. Yo las consigo o busco la manera de conseguirlas más baratas. Tengo unos amigos que son guardias de seguridad que no sé cómo las consigan. Antes era más barato; es como una cadenita: tú no puedes ir a una farmacia porque no te lo van a vender, tienes que tener una 'conecta', alguien conocido", explicó.

Tiene 42 años y lleva casi media vida consumiendo, pero cuenta que en su adolescencia era más fácil comprar medicamentos; hasta 2008, cuando autoridades descubrieron que las farmacias vendían la materia prima al crimen organizado para cocinar drogas sintéticas.

Aunque en ese entonces se prohibió la venta de medicamentos controlados sin receta, las empresas encontraron cómo hacer negocio. Doctores dispuestos a venderse por unos 40 dólares, sin hacer preguntas y ninguna revisión de por medio.

El doctor Ismael Ávila, miembro del Colegio de Médicos, advierte que las autoridades tienen las "manos atadas" porque, sin denuncia, no pueden hacer nada.

"Una de las situaciones que tenemos es precisamente la falta de ética en muchas áreas... se están revisando pero llegan y revisan libros. Si yo soy el dueño de una farmacia o soy médico y lo único que tengo que hacer es extender la receta y lo que me importa es vender, pues puedo facilitar un mercado negro que no debería darse y que técnicamente hablando es ilegal", comentó.

En Baja California, mil 148 farmacias tienen permiso de vender medicamentos controlados; más de la mitad está en Tijuana y la mayoría opera en el centro de la ciudad.

El director de Protección de Riesgos Sanitarios en el estado, Leopoldo Jiménez Sánchez, asegura que son zonas estratégicas para la visita no sólo de clientes locales, sino también de extranjeros.

Advierte que la industria farmacéutica y los médicos hacen negocio entre ellos y aunque se consideran prácticas antiéticas, operan como farmacias-consultorios.

"Ese tipo de irregularidades, si no tenemos esa denuncia, es difícil que nos demos cuenta. Cuando nosotros vamos a una farmacia revisamos los libros de la farmacia, las recetas de los médicos, vemos el control de los libros", explicó.

Según cifras de la Secretaría de Salud estatal, en la entidad funcionan 348 establecimientos de este tipo, de los cuales 233 están en Tijuana.

El 6 de enero pasado, la Secretaría de Seguridad Pública del estado informó sobre la detención de un hombre que había confesado dedicarse a la venta de narcóticos a través de una farmacia ubicada en la Zona Norte de Tijuana.

El titular de la dependencia, Daniel de la Rosa Anaya, señala que algunos grupos ha optado por la venta de droga sintética en vez de la mariguana.

"Sobre todo la facilidad es porque manejan ese tipo de medicamento controlados. Hay una facilidad de estar comercializando este tipo de sustancias, entonces sería más fácil que con otras drogas como la mariguana o algunas otras, por eso se enfocan más (grupos criminales) en ese tipo de medicamentos o droga... hay unas investigaciones que se están realizando, particularmente en Tijuana, que es donde hemos encontrado más ese tipo de acciones", dijo.

Julio se ha internado seis veces en diferentes centros de rehabilitación y también ha sido encarcelado. En esa ocasión, unas pastillas sueltas en la bolsa del pantalón lo delataron durante un retén de la policía.

Con un divorcio y tres hijos en su vida, busca reconstruirse, pero para él, dejar las drogas ha sido una lucha constante, más porque asegura que las tiene a su alcance y en cualquier parte, ya que ni las normas ni la vigilancia han podido frenar este mercado.

"No pienso las cosas o se me hace muy fácil o me siento bien, no pienso las cosas, yo creo... es muy fácil drogarte. Fácil, fácil... diario, diario me ofrecen y me invitan y yo ando ahí con ellos y si no quiero no, y no quiero... y es cuando no quiero y ya... luego quiero", finalizó.