Falso hondureño se pinta de negro y pide limosna

Usa un acento parecido al centroamericano y busca que los automovilistas le den dinero para comer; sus compañeros de crucero dicen que en realidad el hombre es de El Guaje.
El hombre lleva todo el tiempo la capucha de su sudadera para cubrirse las orejas.
El hombre lleva todo el tiempo la capucha de su sudadera para cubrirse las orejas. (Epecial)

León, GTO.

Un hombre se pinta la cara de negro para hacerse pasar por centroamericano y pedir limosna en el bulevar Las Torres.

“Una ayuda, señor, por favor”, dice el hombre, estirando la mano, con un acento extraño, parecido al de un centroamericano.

“Soy de San Pedro Sula, Honduras, y voy a Estado Unidos. No he comido nada, señor, por favor déme una ayuda para comer”.

Su rostro luce extraño.

Su cuello es más claro que la cara.

Está pintado de negro, es evidente. La pintura se le ve debajo en los ojos y junto a las orejas. Ni siquiera es una buena pintura. Se le corre, se le escurre con el calor.

El hombre usa una sudadera de color azul marino, con la capucha. A las 3:00 de la tarde, no se quita la capucha de la sudadera. Nunca se la quita para que no se le vean las orejas más claras.

“Ya lo conocemos. No es de Honduras, es de El Guaje”, platica el señor Nicolás Guerra, otro limosnero que está unas cuadras adelante.

“El otro día vino una patrulla y se lo llevó. Se pinta de negro”, explica Nicolás, cuyo atractivo en el crucero es su edad avanzada y sus barbas blancas como de Santa Claus.

Cada vez más centroamericanos pasan por la ciudad. En los últimos cuatros años, comenzaron a llegar los hondureños, guatemaltecos y salvadoreños por León. Antes no pasaban por aquí. El tren los llevaba por otra ruta, por allá por Celaya y Tamaulipas. Pero ahora es distinto.

Los centroamericanos llegan por León y se meten a la ciudad. Le han perdido el miedo a la ciudad y se han dado cuenta que los leoneses les dan dinero.

De tal forma que es frecuente verlos en las calles, pidiendo una moneda. Por eso algunos leoneses se pintan de negro. Para engañar a los automovilistas.

El hombre pintado de negro, por ejemplo, pasa varias horas en el crucero de Las Torres y López Mateos. Ahí está en la esquina, caminando entre los automóviles.

Su mensaje es muy parecido: “Ayúdeme, por favor. Salí de mi país y voy para Estado Unidos. No tengo dinero”, dice con un acento raro, más parecido a veracruzano que a centroamericano. Ni siquiera le sale el acento. Se oye falso.

Sus manos también están pintadas de negro. Cuando estira la mano para recoger una moneda, se le ven los dedos mal pintados.

La pintura se le chorrea ligeramente entre los dedos. Y sus facciones tampoco son de raza negra. Tiene apariencia de mexicano. Aún así, logra su objetivo.

Los automovilistas se conmueven ante el indocumentado negro en tránsito. Le dan más dinero. Le apoyan. Le dan aliento para su largo viaje.

Aunque en realidad, según sus compañeros de crucero, el hombre negro vive en El Guaje.