"El trabajar tanto me va a llevar... al hospital"

Con a penas 24 años, Valentina ya padeció dos conatos de infarto gracias al exceso de trabajo. Sucedió debido a que se saturaba de funciones y no delegaba responsabilidades.
"La verdad no es fácil, pero ahora sé que tengo que canalizar el estrés de alguna forma".
"La verdad no es fácil, pero ahora sé que tengo que canalizar el estrés de alguna forma". (Manuel Guadarrama)

Torreón, Coahuila

Con 24 años de edad Valentina padeció dos conatos de infarto, padece gastritis, colitis y migraña y algunas veces fue internada como consecuencia de una fatiga crónica derivada de jornadas extenuantes de trabajo. 

Llegó a laborar hasta 20 horas diarias, algunas noches no dormía bien no por que el insomnio le atacara sino por que se exigía a sí misma y prefería trabajar, quería controlarlo todo.

“Mi trabajo actual me exige mucho, pero en los anteriores la situación no era menos, sé ahora tras terapias a conciencia con un psicólogo y un psiquiatra, que me refugiaba en hacer las cosas bien para llenar huecos o vacíos en mi vida”. 

“Ahora ya lo tengo perfectamente consciente y sé que el trabajar tanto no me va a llevar a ningún lado, bueno sí, al hospital”, reflexionó.

"Viajaba constantemente, me comía mis días de descanso, trabajo y trabajo no había más para mí, era una exigencia que yo misma me ponía”. 

Recuerda que los conatos de infarto le dieron hace diez años entre los 22 y 24 años de edad, también tuvo cuadros de depresión que le debieron incapacitar por un mes, señalando que se sentía muy cansada.

“Yo me saturaba de funciones, no delegaba responsabilidades, todo lo quería hacer yo para que estuviera bien hecho. Eso, aunado a que mis jefes me exigían, pues todo desencadenó en serios problemas de salud”, señaló.

“Me diagnosticaron síndrome neurocardiogénico. El cardiólogo me advirtió que tenía que bajar mi nivel de estrés y mi ritmo de trabajo”. 

“Actualmente tengo dos hijos, trabajo, pareja y sí, la verdad es que no es fácil pero ahora sé que tengo que canalizar el estrés de alguna forma y la mía pues es platicando con las amigas”. 

“Aunque de pronto me entra un sentimiento de remordimiento de consciencia y no los quiero dejar, de por si me ausento varias horas de con ellos, así es que lo que hago es invitarlas a la casa”.

Se dice convencida de que las personas que laboran largas jornadas de trabajo de una manera que rayan en la obsesión, es porque tienen algún problema en la niñez. 

Lo dice por experiencia y es que su hermano siempre fue el de las buenas calificaciones, el de los comportamientos adecuados, el más simpático y sociable, ella era más retraída y no le gustaba abrirse a los demás.