“Está muy quemado, se está deteriorando”

Exclaman familiares de petroleros que sufrieron quemaduras tras el accidente de la planta coquizadora.
En las instalaciones del Hospital Regional se percibe un ambiente triste.
En las instalaciones del Hospital Regional se percibe un ambiente triste. (Víctor Santiago)

Madero

A dos días del accidente en la Refinería Francisco I. Madero, por explosión en la planta coquizadora; los familiares de los trabajadores petroleros lesionados, se encuentran desechos por la situación que atraviesan sus seres queridos.

En la sala de espera del Hospital Regional de Pemex, se percibe un ambiente triste y silencioso.

Todos velan por la pronta recuperación de quienes fueron alcanzados por la llamas en este lamentable hecho.Solamente se ven personas caminando de un lugar para otro.

Sin importar el hambre y la sed que ya se resiente, se niegan a despegarse un solo momento de la puerta para esperar el turno de ver a los pacientes.

Los periódicos que hablan sobre lo sucedido en ese trágico momento, es lo único que acompaña a las personas, que impacientes, desean poder conocer el estado de salud de sus familiares.

Entre las conversaciones que se escuchan en el lugar, un hombre con voz quebrantada comenta “está muy quemado, se está deteriorando”.

En este mismo instante sus acompañantes no  dudan ni un segundo para estrecharlo entre sus brazos.

Como signo de esperanza, juntos comienzan a orar por aquellos trabajadores que en busca de ganar los recursos pertinentes para sostener su hogar, resultaron ser víctimas de un trágico hecho.

La sala de espera del nosocomio, se ha convertido prácticamente en la casa de muchas personas de diferentes municipios, que han sido unidas por un acontecimiento en común.Han pasado más de 24 horas de la explosión que cambiaría sus vidas de forma permanente.

En este lugar comen, duermen y realizan sus principales necesidades. 

Algunos se encuentran en el piso, sentados en las bancas y otros prefieren permanecer de pie, ante la impotencia de no poder ayudar a quienes son padres, hijos, hermanos o hasta abuelos, que desafortunadamente se debaten entre la vida y la muerte.

Se abren las puertas que dirigen hacia las camillas de los internados. Sin pensarlo todos se mueven del lugar en el que están y corren hacia este acceso.

En cuestión de segundos, el pasillo se encuentra totalmente saturado por personas de todas las edades, cada uno de ellos exigen entrar o saber la evolución de los pacientes.

Acompañados de un médico, dos sujetos que portan uniforme de Petróleos Mexicanos, piden calma a los presentes, para evitar que las cosas se salgan de control.

Los gritos no dejan de escucharse, difícilmente las personas pueden permanecer tranquilas ante la obvia situación de desgracia por la que están pasando.

Uno de los uniformados menciona “tengan paciencia, van a pasar de uno en uno a ver a sus familiares; para cobrar las prestaciones que les corresponden por ley, nosotros les llamaremos”.

Luego de transcurrir algunos minutos, la encargada de Comunicación Social de la Refinería de Petróleos Mexicanos, arriba al nosocomio para dar parte a los medios de comunicación, sobre los procedimientos que se están llevando a cabo para salvar la vida de los trabajadores, comprometiéndose a informar de manera puntual los avances de esta situación.