Erróneo cruzar a México con armas: soldado de EU

En entrevista exclusiva para Milenio BC, el veterano de guerra Andrew Tahmooressi narra que fue obligado a firmar unos documentos que finalmente lo llevarían a prisión en México

Tijuana

Andrew Tahmooressi, un veterano estadunidense que combatió dos veces en Afganistán, ha pasado casi un mes atado a una cama de una cárcel. Dice que es consecuencia de haber cruzado erróneamente a México con tres armas de fuego.

Vigilado por un custodio en un área de entrevistas de la Penitenciaría en Tijuana, relata que antes de pasar la frontera se percató de que se dirigía a México, pero ya no pudo detenerse ni regresar, así que apenas cruzó, declaró a la aduana mexicana lo que traía. 

“Ellos entendieron y se percataron de que era un error, pero luego más personas se involucraron, se hablaron por radio…llegaron militares y pasaron de decir ‘sí, vamos a regresarte a la frontera’ a ‘tienes que firmar estos papeles’ que yo no entendía, que una mujer me los tradujo diciendo que traía tres armas, que eran armas de contrabando, cuando yo no estaba tratando de traficarlas”, explica.

Dice que las circunstancias lo obligaron a firmar y aun así confía en que saldrá libre. Mientras, en Estados Unidos inició un movimiento de recaudación de firmas para pedir al gobierno de Barack Obama que interceda por su caso.

“Me sentí intimidado porque tengo problemas de estrés postraumático, estaba rodeado de policías y militares con rifles viéndome, y por supuesto que me sentí obligado a firmar.

No estoy diciendo que necesito un milagro porque no merecía estar aquí desde un principio, así que creo que se hará justicia", expone.

Es estrés es secuela de su participación en la guerra contra Afganistán. De Florida vino a San Diego, California, a recibir atención médica donde, dice, piensa permanecer cuando recupere la libertad.

Fue encarcelado el 1 de abril. Desde su llegada al penal Andrew mostró una actitud “rebelde”, por eso fue remitido a observación al área médica de donde intentó escaparse brincando cercos, incluso un techo de cinco metros de altura, afirma el subsecretario del Sistema Penitenciario, Héctor Grijalva Tapia.

El funcionario explica que no había pasado una semana en la cárcel cuando en el área de observación se cortó el cuello con un foco. A partir de entonces se le sometió a una “sujeción gentil” para evitar que se hiciera daño, pero el militar no lo ve así.

“Antes estuve esposado a una cama por tres semanas y media, de las cuatro extremidades; eso no fue muy agradable, pero entiendo porqué lo hicieron porque tenían miedo, pero yo no iba a causar ningún daño ni estaba amenazando a nadie; así que eso no fue muy justo, yo creo. Ahora se han relajado más y ahora estoy esposado de una pierna, estoy relajado, así que me tratan bien”, menciona.

Pese a su experiencia Tahmooressi dice que una vez libre piensa volver a México, y afirma que no tiene más mensaje a las autoridades mexicanas que pedirles que “sigan haciendo bien su trabajo”.

Aunque al principio creyó que la cárcel mexicana fue su peor experiencia, luego cambió de opinión.

“En un principio pensé que era más difícil para mí, cuando llegué aquí porque no tenía mucho apoyo. Estaba solo, así que fue difícil para mí estar por mi cuenta y que no me apoyaran. Realmente no lo puedes comparar, ambos fueron momentos difíciles”, reconoce.

Su madre, en Florida, ha dicho que el ex combatiente ha sido amenazado y está en riesgo de muerte, pero Grijalva Tapia interpreta esa reacción.

“Es la manifestación de una madre de un interno que está desesperada porque está recluido en un país que no es su país de origen, que está manifestando lo que ella considera que en su momento a lo mejor va a ayudarle a su hijo”, puntualiza.

El cónsul general de Estados Unidos en Tijuana, Andrew Erickson, se ha mantenido al tanto de la situación, incluso agradeció la atención que ha recibido su compatriota, afirma el jefe del Sistema Penitenciario.

Tahmooressi tiene 25 años y ya es un veterano de guerra que quiso ser piloto aviador. Planea estudiar arquitectura, y mientras pasa sus días en la cárcel leyendo, escuchando a un pastor religioso y comiendo.