Equinoccio en el Xihuingo, en el lugar de la turquesa

Hasta 3 mil 800 personas acuden a la ceremonia de equinoccio cada año en este sitio, a sólo cuatro kilómetros de Tepeapulco.

Tepeapulco

Desde el cerro del Xihuingo se extiende hacia el sur el gran valle donde se asienta Tepeapulco. Ya desde que inicia la vereda uno siente pisar tierra sagrada. Aquí sigue siendo la casa de los antiguos, aunque ellos ya no están. La zona es milenaria, tiene al menos 2200 años que empezó a convertirse en territorio de teotihuacanos, toltecas, chichimecas y aztecas en diferentes etapas.

Ayer, día del equinoccio, la gente de la región se dio cita como ya es tradición desde hace 18 años, a “cargarse de energía” pero principalmente del orgullo de pertenencia, de saberse descendientes de los viejos astrónomos del Lugar de la Turquesa. Familias enteras, niños, jóvenes… todos entre el polvo con el plomo del sol en la frente, pero sonrientes.

El Profesor Miguel Ángel Monroy, cronista de Tepeapulco, posa orgulloso frente a la Pirámide del Tecolote, el vestigio más visible de aquellas glorias prehispánicas, y que “no es ni el 10 por ciento de lo que hay”, pues queda mucho por descubrir. Antes todo esto no era más que un montón de lomas, pero renació hace más de 50 años, cuando buscaban piedras como material de construcción para el asentamiento de las industrias en Ciudad Sahagún.

Reunirnos aquí es importante, forma parte de nuestra identidad cultural, sobre todo entre los niños de Tepeapulco, donde tenemos aproximadamente 52 mil habitantes. A los pequeños se les va transmitiendo de alguna forma, nuestras costumbres y tradiciones. Hoy ellos portan orgullosos sus atavíos prehispánicos para estar aquí en esta fecha.

Hasta 3 mil 800 personas acuden a la ceremonia de equinoccio cada año en este sitio, a sólo cuatro kilómetros de la cabecera municipal. Y en ello se ven beneficiados por la cercanía de Teotihuacán, que les “comparte” visitantes. Pero es que así fue ancestralmente, cuando esta región se vio beneficiada por su cercanía con el gran imperio, volviéndose un punto estratégico en la geopolítica prehispánica, con gran influencia regional.

Pero principalmente, para los teotihuacanos, Xihuingo fue un lugar de conocimiento, de ciencia y observación de los astros. Por eso existe este conjunto de pirámides, en la que la única que ha resurgido está compuesta por taludes y tableros que en su esplendor era un brillante punto rojo (por el estuco que la recubría) en la majestuosidad del valle.

El INAH se ha ocupado del lugar. Y el ayuntamiento ha procurado imbuir en la gente la cultura de respeto que conserva los vestigios históricos. Piedra sobre piedra, se nota la cercanía de los visitantes con su patrimonio cultural. Si bien hay venta de alimentos, bebidas y artesanías en estas fechas, no se aprecia el desorden caótico de otros sitios.

Ya llevamos varios años de hacer estos trabajos de conservación y mejoramiento. Como pudieron ver hay un empedrado en el acceso. La idea es concluirlo, sobre todo para beneficio de quienes nos visitan, pero es muy importante la preservación del lugar, señala el profesor Miguel Ángel Monroy, quien insiste que Tepeapulco es un lugar turístico, a pesar del estigma de ser industrial por el progreso de Ciudad Sahagún.

“Tenemos muchos monumentos históricos qué visitar, empezando por esta zona arqueológica, y además el Centro Histórico de Tepeapulco que contiene la casa de Hernán Cortés, una construcción de 1522 y el surtidor y caja de agua del acueducto, que es de 1541. Adicionalmente, en este municipio se asienta el convento más antiguo del estado de Hidalgo; como atractivo natural tenemos la Laguna de Tecocomulco, un lugar donde además del paisaje y paseos en lanchas, ofrece gastronomía prehispánica para los visitantes”, concluye.