Encienden el Árbol de Navidad en Plaza Juárez

También se llevó a cabo el ya tradicional espectáculo Cuento de Navidad, con un buen número de artistas en escena y villancicos.

Pachuca

Luces parpadeando al ritmo serie navideña. Verde, amarillo y rojo intercalando aparición como ojos parpadeando, muestra de día de asueto de este aparato que jornada tras jornada ponen orden en la esquina de Guerrero y Salazar.

Se trata del semáforo que esta vez no sirve de mucho, pues desde la mañana los cortes a la circulación en el Centro Histórico desquician a la ciudad que de a poco vive la Navidad, no tanto por deseo propio, sino por la necedad del comercio de recortarnos un mes del año.

La Plaza Juárez desde hace algunos días tiene de invitado al Árbol de Navidad Monumental, tan alto que supera a Palacio de Gobierno y al asta bandera sin menor pudor, señal inequívoca que, aunque sea por decreto, las fiestas decembrinas ya están aquí.

Para completar la escenografía, gradas, pantallas gigantes, luces y bocinas llenan la plaza del pueblo, en espera de miles que en la noche de este lunes celebrarán que el 2013 ya es viejo, y que Santa pide a gritos salir del Polo Norte.

El cierre de vialidades no es gratuito, es necesario para instalar el operativo de seguridad. Policías estatales conectando el cableado de los arcos detectores de metal, esos aparatos que ya son imprescindibles en cada verbena popular desde hace un par de años.

El lado bueno de este despliegue policiaco, la calma de las calles aledañas al Juárez de cobre que vigila Cuarto Piso; lo malo, al menos para los comerciantes, la baja en posibles compradores una ironía si uno ve el lado del peatón, más cómodo con tantos metros a su alrededor, pero necios como somos parece que las calles así nos asustan.

Va cayendo la tarde, los arcos más que nunca parecen de adorno pues mientras que tintinean al paso de cualquiera, los policías ni les hacen caso, pero eso sí, exigen que todo el mundo pase por ellos. Entre los vendedores establecidos llega la resignación de un mal día de ventas, al tiempo que ambulantes agarran el mejor espacio.

Anafres, máquinas de palomitas y suvenires navideños se adueñan de territorio automovilístico, nada diferente a otras fechas salvo que esta vez no son héroes de la patria, sino un señor gordo vestido de rojo con sus duendes quienes se llevan la atención de los presentes.

Pasan de las seis de la tarde, el tránsito decrece de a poco, al parecer la voz ya se corrió y nadie en su sano juicio se acerca a la zona por voluntad propia en coche; salvo el transporte colectivo, nadie más atraviesa Guerrero o Salazar lo que hace prescindible al semáforo, al menor por el momento.

Ensayo general del encendido del árbol. Con la plaza llena, es difícil acercarse más allá de la zapatería de los arcos. Primera llamada y los organizadores reparten tubos de colores cuya leyenda del gobierno estatal brilla por el neón colocado en su interior.

El maestro de ceremonias llama a la segunda llamada: “Vamos a ensayar la cuenta regresiva” ordena la voz de un hombre que nadie ve, y pocos obedecen. “10, 9, 8…” y así sucesivamente hasta el cero, número equivalente a la atención que le presta el respetable, cuyo interés está en agarra el mejor lugar para ver el escenario o en su defecto las pantallas gigantes.

Como son niños los más emocionados, los papás tratan de subirlos a sus hombros, no todos pueden ya que la condición física los traiciona: “Estás muy pesado amor” dice una mujer, de unos 35 años, a su hija no mayor de cinco años. La madre hace mueca de dolor, la pequeña de tristeza pues su pequeña estatura le impide ver salvo el aparador de la zapatería.

Sin tiempo para más lamentaciones, llega el gobernador con su familia, señal para dar la tercera llamada. “Prohibido fumar y por favor no empuje”, son las últimas indicaciones de la voz de las bocinas, instrucciones medio ingenuas considerando tanta gente. Ahí, donde le tocó a uno, tiene que ver el comienzo del show.

¿Qué tendrá la Navidad que es más grande que cualquier cosa? Ni el saludo del gobernador pudo distraer a los pachuqueños reunidos alrededor del árbol, quienes ansiosos ven la mega estructura como hipnotizados, bueno, quienes alcanzan a verla pues hay tanta gente (más de 12 mil según estimaciones oficiales).

Tras terminar su discurso, el gobernador a la orden de la cuenta regresiva enciende la Navidad en Hidalgo. Luces de los colores del arcoíris, estruendo por la música de la fiesta que une a las familias señalan que sí, Santa Clos ya tiene a Pachuca en su ruta del próximo 24 de diciembre.

Pero algo pasa, la fiesta no termina de cuajar. La gente ve el cuento de Navidad y no encuentra alegría instantánea; algunos prefieren golpearse con las luces que les regaló el gobierno estatal, otros platicar de qué van a comer y el resto mirar por inercia el show.

Tal vez fuera por el frío que llegó con la noche, la llovizna que se siente o sepa Dios por qué, pero cientos de personas no aguantan estar hasta el final del espectáculo; buscan un carril para salir lo más pronto posible, generando un caos tremendo.

Empujones de jóvenes que se hacen los graciosos, papás protegiendo a sus hijos del embate de cientos de personas que quieren pasar a como dé lugar y un gente que quiere quedarse hasta el final de la obra vuelven la salida de Guerrero hacia la plaza un verdadero embudo.

“No empujen que hay niños”, grita desesperado un señor que lleva a su pequeño en los hombros. Nadie le hace caso, el hombre quiere quedarse a ver el show, pero la ola de desertores crece tanto que termina por desbordar a la mitad de quienes están en la salida de la plaza.

Tal vez el semáforo hubiera servido en ese momento, pero le dieron el día.