Emerge la nueva postal del área metropolitana

Al mismo tiempo que se desarrollaron importantes hechos socioculturales como la Segunda Guerra Mundial, el derrumbe de las Torres Gemelas o la ola de violencia en México, los Rayados forjaban su ...

Monterrey

En 1945, agonizaba la locura bélica en el mundo con la Segunda Guerra Mundial, y en el otro extremo invadía la época de oro del cine y la música; en México con Agustín Lara, y en Estados Unidos con Frank Sinatra…

Aquí, en ese momento, se encendía otra historia, una de amores perros, al nacer el equipo de futbol Monterrey, que hoy, 70 años después, se prolonga consumando un sueño más a los pies de su majestad, el Cerro de la Silla.

Hoy emerge este fastuoso museo futbolístico de última generación para tejer, trozo en trozo y patada tras patada, una peculiar e inconfundible fábula real que rodará de la mano y del corazón de los regiomontanos.

Parecía un espejismo que en los años 50 se atreviera alguien a siquiera planear la construcción de un Teleférico en el Cerro de la Silla. Pero ahí, a unos metros de lo que apenas efímeramente lo fue, brota ahora el señorial gigante de belleza arquitectónica.

En los años 60 se veía imponente el histórico Condominio Acero, que llegó para quedarse y contagiar muchos años después a este nuevo estadio, ahora edificado precisamente de un alud de toneladas de acero y una catarata de concreto.

En los 70, irrumpió el cubo de Rubik, un rompecabezas tridimensional que revoluciona al mundo, pero en un zoom geográfico por Nuevo León, en ese momento, los Rayados viven su época de oro de la mano del empresario Alberto Santos, cuya bonanza futbolística se prolonga tantos años después.

En los 80, mientras que la Macroplaza, una obra arquitectónica y urbanística de las más grandes del mundo, se cristaliza, los empresarios Jaime y Manuel Rivero Santos compran el club a la compañía Protexa y logran patrocinios de la Casa de Bolsa Ábaco, que implanta el Himno del Monterrey, el cual sigue vigente hasta hoy.

Pero también es la década donde Monterrey acaricia el primer campeonato con el Abuelo Cruz y Bahía, riqueza que experimenta el club de futbol ahora con altibajos en los últimos años, pese a sus figuras, y ahora transformándose en un gigantesco caparazón arquitectónico de primera, un nuevo estadio.

Mientras que en los 90, el poderío y la garganta desgarradora de Shakira y Nirvana pegan sin piedad en la radio de América Latina y el mundo, respectivamente, en la frecuencia modulada de Monterrey, en esos momentos, brota también otro ídolo de la patada con aroma a regio: El Cabrito Arellano. “¡Goooool del Cabrito, Cabrito!”

En la entrada del nuevo siglo, el terrorismo alcanza su punto más álgido, tan letal que puede derribar a dos gigantes gemelos, el World Trade Center de Nueva York; en La Sultana del Norte, se levanta otro gigante, Rayados, para obtener un segundo campeonato y merodear el sueño de otro estadio.

Alguien dice que este fastuoso estadio de futbol se asemejaría a otros emblemáticos como el Wembley y Arsenal, en Inglaterra, o el de los Yankees de Nueva York. No anatómicamente ni para el mismo deporte, quizás, sino porque se desprende de la mente y diseño del mismo exquisito despacho de arquitectos de fama mundial, Populous (antes HOK Sport Venue Event).

En 2010, el paso del huracán Alex, tres veces más potente que el Gilberto en los 80, descargó toda su furia sin piedad, destruyendo infraestructura de Nuevo León; el hecho no doblegó a los regios, y en lo futbolístico Rayados también descargó su propia “furia” y sacó la casta, y de pasada otros dos campeonatos: el Interliga y la Apertura 2010.

Las imágenes de una gigantesca humareda de un recinto de entretenimiento, el casino Royale, le dan la vuelta al mundo, como una prueba de los estragos del crimen organizado que experimenta Nuevo León en agosto de 2011.

Cuatro años después, las imágenes de este agosto en curso son muy diferentes y ahora le darán la vuelta al mundo para revelar la nueva cara de la moneda con otro distinguido recinto de entretenimiento encumbrado por FEMSA, dedicada a la comercialización de Coca-Cola y cerveza, y que desde 2000 administra el club, tras ser intervenido por la Secretaría de Hacienda.

Un perímetro donde el balón podrá hilar esa nueva otra parte de la historia regiomontana en el mismo lugar, donde antes nuestros padres nos llevaban al Autocinema La Pastora a ver películas sobre el capacete de los vehículos setenteros y ochenteros.

Es tan agraciado y bello el nuevo estadio, dicen los expertos, y tan fregón de fachada, que muy bien valdría la pena informarlo en varios idiomas: “Así luce el estadio rayado, listo para ser un ícono de Nuevo León y ser uno de los mejores y más hermosos del mundo”. O bien: “This is how the new Monterrey stadium looks, ready to be an icon of Nuevo Leon and to be one of the best and the most beautiful stadiums in the world”.

En castellano, inglés o cualquier otro idioma, este tour histórico de la ciudad abre sus puertas con otra nueva postal y símbolo: el Estadio de Futbol Monterrey, rebautizado con el nombre de un banco de capital español: BBVA Bancomer.