Viviendo de nogales y recuerdos

"Me llamo Fidencio Huerta García, tengo un promedio de 78 años, yo me dedico a trabajar esta parte de nogalitos, pues ya a la edad que tengo ni modo de irme a trabajar por ahí".
Fidencio Huerta García, quien radica en el ejido Santa Ana, se dedica a cuidar nogales para vivir, pues su edad no le permite hacer otro trabajo.
Fidencio Huerta García, quien radica en el ejido Santa Ana, se dedica a cuidar nogales para vivir, pues su edad no le permite hacer otro trabajo. (Lilia Ovalle)

Matamoros, Coahuila

Don Fidencio Huerta García, aprieta los labios para decir en vez de rojo, colorado. Suelta la carcajada y pregunta si se verá bonito en la foto, con los labios chiquitos.

En el ejido Santa Ana tiene regadas unas tierras donde cada año cultiva nueces y recuerdos.

Aproximadamente a 40 kilómetros de la cabecera municipal, a don Fidencio, la ciudad de Matamoros le queda tan lejos que asegura realizar sus compras en el centro de Francisco I. Madero.

"Primeramente yo me llamo Fidencio Huerta García, tengo un promedio de 78 años, los cumplí el 16 de noviembre del año pasado y mire, yo me dedico a trabajar esta parte de nogalitos porque allá (señala a su derecha) tengo otra parte y allá (a la izquierda) tengo otra y pues ya a la edad que tengo ni modo de irme a trabajar por ahí, porque ni de velador me van a ocupar".

De semblante alegre y risueño don Fidencio comparte que cinco años atrás falleció su esposa debido a complicaciones, luego de padecer cáncer de mama. Desde entonces trabaja sus tierras y vive en cercanía de sus hijos, nietos y nueras.

"Para ella fue muy dolorosa y usted sabe que esas enfermedades son muy duras para el que está lidiando a la persona, entonces eso fue lo que pasó".

Detalla la forma de producción. En pocos días llegará el agua proveniente del río Nazas, desde las presas Lázaro Cárdenas y Francisco Zarco.

"Nosotros los nogales los regamos con pura agua del río, precisamente andamos arreglando la tierra para que venga el agua y empezar a humedecer la tierra".

"En marzo que empieza la primavera, empiezan a retoñar los nogales y se llevan siete meses para que esté cargadito el árbol".

Enseguida don Fidencio contrata peones para que suban a los nogales y con un varejón de bambú tumben el fruto, porque dice, no tiene máquina cimbradora.

"Por jornal aquí se pagan cien pesos ó 120 y a los que andan arriba se les paga 150 pesos".

"Aquí trabajamos y cuando viene el fruto pues lo recogemos, no somos pobres pero con lo que producen las plantas no se mantiene uno en todo el año".

"Aquí cuando ya está en su apogeo se contrata un promedio de 12 personas por mes. Para comercializarla hay veces que nos toca suerte, que vienen por decir los coyotes, cae la nuez y ellos se la llevan, fresca".

Por un costo de 30 ó 40 pesos el kilo los coyotes peinan los 50 nogales de don Fidencio que pueden producir sobre una base de una hectárea aproximadamente 2 toneladas.

"Eso menos 25 mil lanas que se van en el mes en que se recoge la nuez porque hay que pagarle a la gente y a diario ¿me entiende?", concluye don Fidencio quien acota, hay muchos que le quieren comprar la tierra pero él no la quiere vender.