“Édgar me motivó, hoy es un ángel”

Ileana de la Torre, es ejemplo de profesora que ha dedicado gran parte de su vida a la misión de enseñar en las aulas.
Ileana de la Torre, maestra de educación especial.
Ileana de la Torre, maestra de educación especial. (Yazmín Sánchez)

Tamaulipas

La historia de Sara Ileana de la Torre en el sistema de educación especial se remonta al año de 1987 en el ejido San Cristóbal de Pánuco, Veracruz, fue ahí donde conoció a Édgar un menor de preescolar con hidrocefalia que debía caminar seis kilómetros todos los días para asistir a clases porque no era aceptado en la escuela regular.

Era la primera experiencia de Sara frente a grupo y solicitó a su supervisora que le permitiera aceptar a Édgar en su escuela, así no tendría que caminar tanto, ella le respondió que no estaba obligada, pero lo que surgió en Sara al conocerlo ya no podía frenarse.

Sin estar capacitada para atender a un niño con capacidades especiales decidió hacerlo con todo su amor y empeño, pero se desesperaba por no contar con herramientas suficientes para responder a lo que Édgar necesitaba. 

Recuerda que casi a diario le hacía travesuras y ella se iba en bicicleta al único plantel de educación especial que había en el ejido a observar como atendían a los niños.

Se sentaba la orilla de una banqueta y preguntaba a las maestras qué podía hacer, cuál era el método más eficaz, invariablemente la respuesta era la misma: amor y actitud son básicos.

“Creo que Édgar me motivó, desafortunadamente falleció, pero  creo que es un ángel, me dejó mucho, ahora estoy preparada, cuando lo atendí no lo estaba pero tenía una buena actitud”, afirma.

La mirada se le cristaliza y aprieta los labios para contenerse.Debido al peso de su cabeza un día Édgar cayó en un baño de agua caliente y perdió la vida a sus cuatro años.

Después de la tragedia ocurrida en ese ejido de 130 habitantes, Sara decidió partir a Saltillo en donde cursó la carrera de audición en lenguaje, “quería poder dar a mis alumnos lo mejor, la vida me cambió”.

Con 26 años de servicio, Sara Ileana es secretaria general de la sección D1 330, directora de la zona 5 de la Unidad de Apoyo en Preescolar (UAP) que abarca Tampico, Madero, Altamira y Mante e integra a 600 alumnos.

También fundó la UAP en Altamira y por las tardes es maestra de apoyo en preescolar, “si me dicen regresa a un grupo, creo que no dejo esto por nada, aunque el reto es más grande, simplemente es donde me siento contenta”.

Las UAP trabajan en colaboración con las maestras de los jardines de niños inclusivos, “luchamos por el respeto de nuestros niños, que sean atendidos como ellos merecen.Realizamos adecuaciones curriculares a los materiales, a la programación, a fin de dar una respuesta”.

Sara no tiene hijos, prácticamente puso su vida al servicio de menores con problemas auditivos, de comunicación, Síndrome de Down, asperger, autismo, problemas de conducta y lenguaje.

“Mis padres entienden que es amor, les pido que no me comparen, porque cada quién da lo que quiere dar. No tengo hijos, pero todos mis alumnos son como si lo fueran”, afirma.Para ella el amor y la entrega deben ser por vocación.

Recuerda que los inicios de la UAP fueron duros porque les tocó empezar a difundir una cultura inclusiva entre la comunidad escolar, “cuando estuve el primer año encarga de la dirección fue muy triste porque rechazaban a los niños enfrente de los padres, si yo como maestra me sentía caer, imagina como se sentía ese padre”.