Duelo patológico aumenta depresión y riesgo suicida

El dolor excesivo por la muerte de alguien amado es un desorden que requiere atención.
De acuerdo con la especialista, el proceso de duelo normal va de seis meses a un año
De acuerdo con la especialista, el proceso de duelo normal va de seis meses a un año

Detrás de la idea romántica de “sin ti no vale la pena vivir”, en la que muchas personas cobijan el enorme dolor que tiene la pérdida de un ser amado, puede existir un desorden de salud mental. Uno que agudiza el estado de depresión y aumenta el riesgo suicida: el duelo patológico.

Este trastorno es definido como una “respuesta extrema” en el proceso de luto, que supera la tristeza natural de cualquier individuo ante la muerte de un ser querido y puede tener graves repercusiones en su vida, señala Esther Rodríguez Durán, presidenta del Colegio de Profesionales de la Psicología del Estado de Jalisco.

“Incluso se llegan a presentar estados psicóticos, una respuesta histérica. Aún una persona con una salud mental adecuada, ante esta situación puede pasar a una salud mental pésima. El paso de un estado normal a uno anormal es un hilo muy delgado que se puede romper de manera drástica”, subraya.

La especialista refiere que quien sufre duelo patológico no puede reponerse de la muerte de la pareja, la madre o padre, un hijo, hermano o amigo “o hasta de una mascota”, para seguir adelante con su vida en un periodo aceptable de tiempo; de tal manera que se prolongan síntomas que, en los primeros días tras el deceso de ese ser querido, son considerados normales. Estos signos van desde la falta de apetito, pérdida de sueño, necesidad de medicación y negativa, dificultad o desinterés para realizar las actividades cotidianas, prevaleciendo la tristeza profunda y la incapacidad para disfrutar la vida. A la larga, esto puede llevar a un cuadro severo de depresión y en
casos extremos a la ideación suicida.

La psicóloga explica que hay otras conductas que puede ser síntoma de duelo patológico como el hecho de no querer desprenderse de ninguna pertenencia del ser fallecido. O bien, no permitir que nadie entre a su habitación y toque sus cosas. “Y pasan meses y meses y no accede”, ejemplifica.

Sin tener una estadística fiable, pues no hay registro de estos casos, Rodríguez Durán apunta que esta situación “es más común de lo que se cree, […] sobre todo en personas que no tienen una red de apoyo familiar o de amigos que la sostengan. Entonces la persona prefiere dejarse morir”, dice.

De acuerdo con Esther Rodríguez un proceso de duelo normal se puede tomar alrededor de seis meses y hasta un año. “O hasta dos años en situaciones donde es muy estrecha la relación con el ser querido que ha muerto, como sucede con las parejas que llevan muchos años de matrimonio; o con quienes acumulan varias pérdidas en corto tiempo, caso del adulto mayor que ve morir a la pareja, a los hermanos y amigos y hasta los vecinos de su edad y siente que se queda solo. Estos son factores que pueden prolongar un duelo”.

En todo caso, lo que debe llamar la atención es persistencia de los síntomas agudos, de que la persona afectada hable de la idea de morir. Entonces es recomendable acudir con profesional de la salud mental, comenta la entrevistada.

Con el apoyo de la terapia psicológica, y de preferencia con el acompañamiento de un especialista en tanatología, el proceso de duelo se puede sobrellevar más suavemente, y ayudar al desprendimiento. Se puede recurrir a fármacos si el médico lo recomienda y por supuesto el apoyo espiritual es muy importante para quienes son creyentes.

La clave es no desdeñar a la persona que está sufriendo, ni regañarla, sino darle herramientas para atender ese estado depresivo, y aún cuando sea natural extrañar a quien se ha perdido, pueda cerrar ciclos y concluir el duelo, con la aceptación de la muerte.

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Algunos síntomas

-Concentración extrema en la pérdida del ser querido

-No poder pensar en otras cosas

-Dolor intenso por la persona fallecida

-Problemas para aceptar la muerte del ser querido

-Insensibilidad o indiferencia por deberes cotidianos, incluso hacia otros miembros de la familia  

-Incapacidad de disfrutar la vida

-Tristeza profunda

-Falta de apetito

-Pérdida de sueño

-Necesidad de medicación para continuar la vida

-Irritabilidad